Globitos antisistema

“¿Estás enredado en una disputa cartográfica? ¿No estás de acuerdo con la versión oficial de tu geografía? ¡Contacta con nosotros hoy mismo!”. No es un anuncio de un despacho de abogados engominados. Más bien todo lo contrario: así arranca el site de Grassrootsmapping, una comunidad abierta que ayuda a la gente a mapear áreas concretas de la tierra, patios particulares con conflictos concretos. Sus armas podrían ser el arsenal de un circo: globos de colores, hilos de cometa, una camarita portátil que envía imágenes cada pocos segundos… Y poco más (ver el detalle de la fotografía). La carambola antisistema de Grassrootsmapping es, simplemente, espectacular: la construcción de mapas desde el aire que contradicen siempre una versión oficial. Mapas que aterrizan en Internet. Mapas que se comparten. Mapas 2.0 que multiplican su significado. Mapas, vaya, que tocan las narices a los de siempre.

Para los escépticos, daré algunos ejemplos recientes de esta Tropa que Empuña Globos y No Pistolas. Los estudiantes chilenos, hartos de que sus protestas fuesen ignoradas por los grandes medios, construyeron mapas aéreos de las masivas manifestaciones contra la privatización de la educación. En Israel, el kit de Grassroots mapping fue usado para mapear una manifestación propalestina ninguneada por la sociedad. En la costa de Luisiana, estos globitos coloridos están construyendo una cartografía crítica sobre los daños ambientales del litoral (este vídeo es fantástico). El etc, de Occuppy Wall Street a los ecologistas checos, sería larguísimo.

Lanza un globito, pásalo. Construye mapas reales desde otras perspectivas. Pégale un coscorrón al GPS del tío Sam, que según me contaba recientemente un taxista de Nueva York, “siempre le enviaba a túneles y calles de pago”. Apúntate al globomapeo. Ríete de Google Earth, que por razones misteriosas oculta pedacitos de la Tierra. Tiro de memoria reciente para rematar esta globoprosa de vocación ácida: habría estado genial un mapeo aéreo de la manifestación del pasado 150 en Madrid, una manifestación de flujos, intensa, gigante. Ninguna fuente oficial se atrevió a dar una cifra de participantes. La tecnología de Lynce – empresa que cuenta los manifestantes desde el aire, en una época en la que la gente sale a la calle y cambia el rumbo leyendo un hashtag de Twitter, se ha quedado coja. ¿Alguien se atreve a inaugurar en España la globocracia?

Anuncios

Planeta Corta Pega

 

No es plagio. Es escritura no-creativa. No es pirateo. Es inspiración. No es copy paste a palo seco. Es recreación. Reciclaje creativo. Colaje social. Quién no esté de acuerdo con ninguna de estas frases debería comprar con urgencia en Amazon el libro  Uncreative writting, del provocador Kennet Goldmist.

Este no-escritor estadounidense, que da clases de escritura no-creativa en la Universidad de Pensilvania, es el responsable del site Ubuweb, que posiblemente pasará a la historia como el templo donde se cuajó la cultura del remix del siglo XXI. Kennet, que trabajó como publicitario durante muchos años, entiende la copia como una intensa sesión de un DJ de libros que despedaza y remezcla creaciones ya existentes. La verborrea de Kennet está compuesta de auténticas frases-dinamita: “La escritura del futuro tendrá más que ver con cambiar cosas de sitio que con crear mudar nuevos contenidos”, “si no puedo descargarme un contenido, para mí no existe”.

Pero lo más interesante  de este gurú del copy paste es que no habla demasiado del futuro. Su argumento se basa en el pasado de la humanidad. Los readymades de Marcel Duchamp cuestionaban la idea de autoría. El aclamado pop de Andy Warhol no era más que un refrito (colorido) de objetos-lugares comunes.  Led Zeppelin tomó prestada cierta cadencia sonora del mítico bluesero Howlin´Wolf (Lemon song). La película Star Wars es  un descarado corta-pega de las series de Flash Gordon y las películas de Akiro Kurosawa.  Incluso Walt Disney, papá del Ratón Coñazo, fusiló directamente las obras de los hermanos Grimm.

La inspiración-recreación son tan antiguas como la humanidad. La Odisea de Homero, la epopeya del Ramayana o la mismísima Blancanieves de Disney no existirían aplicando el copy right tal como lo entiende el mercado. Bienvenidos al planeta remezcla (recomendable el documental de Kirby Ferguson). ¿Alguien se extraña todavía de la apología del copy paste de Kennet Goldsmith? En 1969, el artista conceptual Douglas Huebler escribió que “el mundo está lleno de objetos más o menos y yo no quiero añadir más”. Quizá le llegó el momento a la literatura. Por eso Kennet está escribiendo Capital, una versión de un libro clásico de Walter Benjamin, pero recreada en Nueva York y no en París.

En la música, los Dj´s mash up – que cortan y copian pedacitos de canciones diferentes – entraron hace años en la cultura de la remezcla. Por eso necesitamos Dj´s de libros. Basta de obras nuevas. No me interesa un carajo el último libro-arqueología de  Fernando Sánchez Dragó.  ¡Copiad  Malditos! , que es gratis.  Ser un remezclador es más cool que ser un poeta maldito.

La imagen de la entrada es la obra L.H.O.O.Q (1919), de Marcel Duchamp.

Trueque en la nube

Escanea con tu teléfono móvil un objeto que ya no te gusta o que no necesitas. Súbetelo a la nube. Colócalo en tu mercadillo virtual. Echa un vistazo a lo que tus vecinos tienen en oferta. Revende, recompra. O simplemente dale al cibertrueque.  Por si no has entendido nada, échale un ojo al vídeo de instrucciones de Stuff cloud, un proyecto del colectivo canadienses Arch (i) nteractive.

El stuff cloud – la nube de las cosas, más o menos –  es el corazón y columna vertebral de Waste2no un proyecto basado en tecnología RFID (identificación por radiofrecuencia) que facilita el escaneo de objetos y su traslado al mundo virtual. Lo más sexy del Waste2no es que su objetivo no es el mercado. No está al servicio de las marcas ni de centros comerciales. Stuff cloud incentiva las reventas. O directamente el trueque. Además, los objetos están geolocalizados, para facilitar la interacción humana de personas desconocidas.

El colectivo Arch (i) nteractive  está pensando mucho más que en una nubecita divertida. Está soñando con un espacio urbano como un lugar de interacción. Con una urbe moldeada por una madeja de identidades, de personas que construyen ciudad relacionándose al margen de marcas e instituciones. Y están poniendo todo el fuego de la nueva sociedad híbrida (internet+asfalto) en el asador. La sentient identity (personalidad digital) que preconiza el urbanistra Doménico di Siena  es mucho más que una personalidad virtual. Es un conjunto de valores que moldean nuestra privacidad, nuestros  patrones de interactividad, de intercambio,  la sociabilidad que estamos dispuestos a ejercer en el espacio público y/o privado. Esta sentient ID de tus colegas en la nube abre la puerta a otro tipo de consumo, de sostenibilidad, de sociedad. La sociedad P2P (peer-to-peer) – ese mundo horizontal, rizomático, wikimolón, sin intermediarios innecesarios-  puede empezar truequeando en la nube, por ejemplo, una corbata aburrida por un  cubata de párrafos de Wu Ming llamado Las historias como hachas de guerra.

He creado un hashtag para discutir alrededor del blog:  #códigoabiertoblog

Un autobús lleno de hackers

¿Qué pasaría si a un autobús destartalado se le añaden webcams, conexión 3G y GPS?  ¿Cómo se llamaría la película si el autobús se remezcla en un garaje, se pinta de graffitis y se llena de códigos QR de realidad aumentada para ser leídos con teléfonos móviles ? ¿Y si llenamos el mixbus de hackers que pretenden incentivar la transparencia política, la participación ciudadana y expandir señal abierta de internet por las carreteras? La película se llama Ônibus hacker (autobús hacker), tiene versión original en portugués y acaba de hacer su primer viaje, desde São Paulo a Río de Janeiro. Carretera, wifi y manta.

La historia comenzó con una pregunta inocente: ¿y sí compramos un autobús? El colectivo de activistas Transparencia Hacker  colgó el proyecto en la plataforma Catarse de crowd funding (financiación colectiva). Y recaudaron a toda velocidad 58.593 reales (24.393 euros),  un 50% más de lo necesario). Quizá sea porque Transparencia Hacker tiene un nombre respetado forjado a golpe de gamberradas, proyectos serios y acciones ácidas. Ellos clonaron el aburridote sitio del Gobierno brasileño (que no permitía comentarios) en un blog espejo con comentarios. Aquello del 2.0, vaya, que algunos no han entendido todavía.

Imagínate por un minuto este autobús rumbo al Festival de Cultura Digital  de  Río de Janeiro. Su parte trasera: guitarras, cerveza, Ipads, routers, cables sueltos, ordenadores... Pedro Markum, uno de sus ideólogos, medita entre sonrisas:  “Es un proceso colaborativo. Queremos incentivar debates, propuestas. Recibir ideas. Será multidireccional”.  Pedro Belasco, otro de los impulsores  de la iniciativa define al autobús como un laboratorio social: “Es un experimento sobre un bien sin propiedad privada gestionado colectivamente. Un ejemplo para la sociedad“.

El autobús recorrerá Brasil a lo largo de 2012 expandiendo su buenrollismo de wifi, talleres y laboratorios hackers. Allá por donde pase, el bus laboratorio se convertirá en todo un paréntesis analógico-digital. En una verdadera Zona Autónoma Temporal como las que soñó el ciberpensador Hakim Bey: una zona temporal, instantánea, provisional, regida por otras reglas, por otras jerarquías que tal vez sirvan para una nueva sociedad.  

A estas alturas del campeonato, creo que no hace falta explicar la diferencia de hacker y cracker, aquello del hacker malo, hacker bueno.  ¿Para cuándo un autobús hacker que recorra España, el único país de Europa sin una ley de transparencia? ¿Lo debatimos en el hashtag #códigoabiertoblog?

 

Foto: Gilberto Gil, músico y ex ministro de cultura de Brasil, visitando el ônibus Hacker el pasado fin de semana, en Río de Janeiro. 

Código abierto para una nueva era

Napoleón se hundió en Austerlitz por un despiste de sus soldados: colgaron fotos geolocalizadas con su posición en Picassa y Flickr. Rusos y austriacos reaccionaron y machacaron al enemigo.

La plataforma de ciberactivismo Actuable salvó al aragonés Miguel Servet de la hoguera en 1553 al conseguir un millón de firmas de apoyo: el descubridor de la circulación pulmonar no sólo sobrevivió sino que consiguió que la Iglesia reconociese su teoría panteísta.

Los griegos del siglo V a. C, conocedores del campo electrostático, descubrieron la electricidad gracias a un sistema Polis2P de intercambio de conocimiento con tecnología peer-to-peer. La revolución industrial cambiaría el mundo en el siglo IV a.C.

¿Especulaciones majaderas? ¿Desvaríos tecnologetas de un ciberadicto? Para nada. Son un ejercicio lúdico-festivo para meditar sobre cómo podría haber sido el mundo con la tecnología actual. Sobre cómo puede cambiar en los próximos años.Pretendo llegar una frase polémica: la edad contemporánea es un fósil. Una era pretérita que los historiadores de pasado mañana colocarán antes de la ‘edad digital’. ¿Patinaje lisérgico sobre neuronas? Frío frío.

Marchando una de argumentos. Yochai Benkler, en su ya mítico La riqueza de las redes, (descarga gratuita), afirma que entre la introducción de una novedad tecnológica y el inicio de una nueva era pasan 25 años.

La imprenta de Gutenberg tardó 25 años en arrebatar el poder del conocimiento a la Iglesia. El modelo de los mass media demoró 25 años tras el descubrimiento de la radio. Si tomamos 1990 como Año Novedad, cuando Tim Berners-Lee creó el lenguaje HTML e Internet se abrió a la sociedad, nos tocaría cambiar de piel en 2015.

Aunque la velocidad del planeta bit es tan vertiginosa que tal vez el año D fuese 1998 (cuando nació Napster y la tecnología P2P), 2001 (nacimiento de Wikipedia) o 2005, (cuando los usuarios enviaron las primeras imágenes vía teléfonos móviles tras los atentados de Londres).

Pero creo que nuestros nietos estudiaran en los ‘tablets de texto’ que 2011 fue el primer año de la edad digital. Que arrancó con el primer tweet de la revolución de Túnez, con un blog de la plaza Tahrir de El Cairo, con la revolución híbrida del 15M , con los chats de los BlackBerry de los disturbios de Londres o con la explosión de OccupyWallStreet.

Por todo ello, en Código Abierto hablaré de la mayor revolución de la historia de la humanidad: la digital. Escribiré sobre tecnología y sociedad, cultura libre, redes, ciberactivismo, filosofía wiki, tecnopolítica, innovación, movimiento open source, transparencia, participación digital, activismo, urbanismo P2P, mapas colectivos…

Y de software libre, creative commons o domino público, alternativas al talibán copy right que aplicado a rajatabla consideraría al mismísimo Walt Disney un auténtico pirata.

Tranquilos: no me bebido cuatro cubatas cósmico-eléctricos. Sé de lo que hablo. Te lo contaré en Código Abierto. Jaque al intermediario. Power to the people. Bienvenidos a la edad digital.