El Menéame de la política

 

Hay vida mas allá de la democracia representativa unidireccional. Hay vida al margen de los Parlamentos Estáticos Que Bostezan Cada Cuatro Años. Y existe ya un prototipo tecnopolítico que sería el sueño de movimientos como el 15M español. Se llama Gabinete Digital. Es el corazón político de Rio Grande do Sul, un importante Estado de Brasil. Y como no podía ser de otra forma ha surgido en Porto Alegre, la ciudad que vio nacer el presupuesto participativo y el Foro Social Mundial.

El Gobernador Tarso Genro – que fue ministro de Educación, Relaciones Institucionales y Justicia en la era Lula – lanzó  en mayo de 2011 este proyecto de participación ciudadana. El Gabinete Digital, que lleva el apellido de “Democracia en red”, no es otra cosa que una vuelta de tuerca tecnológica a la idea de presupuesto participativo. Los ciudadanos del Estado de Rio Grande do Sul encuentran en el Gabinete todo tipo de herramientas para dialogar con su Gobierno. Interesante: el Gabinete parece haber entendido que abrir perfiles en redes sociales no es sinónimo de diálogo. La política 2.0 está construída más con voluntades que con tecnología. Y por eso en el sitio del Gabinete Digital el ciudadano se encuentra con algunas secciones que dejarían boquiabiertos a la mayoría de políticos de ese neolítico español llamado 2012. Un breve repaso:

El Gobernador responde. Cualquier ciudadano puede lanzar una pregunta al Gobernador. Las preguntas entran en una especie de agregador donde los internautas votan las más interesantes. Un Meneame de la política, vaya, que funciona en todas las secciones del portal. Tarso Genro responde personalmente la pregunta más votada del mes vía You Tube.

El Gobernador pregunta. Tarso lanzó durante 2011 preguntas al aire, dudas de gestión, para escuchar las respuestas de los ciudadanos. La primera, sobre salud pública, recibió más de 1,3 millones de propuestas y 120.000 votos. Co-creación política en estado puro.

Agenda colaborativa. El Gobierno desplaza su sede hacia ciudades del interior una vez al mes, para conocer problemáticas y escuchar propuestas. Señores de la carrera de San Jerónimo, Teruel existe.

Datos abiertos. El Gobierno de Tarso es la referencia brasileña en transparencia y datos abiertos.

Por si fuera poco, el portal utiliza software libre  y el tipo de licencia Creative Commons más abierto. Seguro que el Gabinete tiene algunas ineficacias o detalles mejorables. Pero es un salto cuántico de la democracia representiva a la democracia participativa. Un detalle: Tarso Genro estuvo en la Acampada Sol, durante las primeras semanas del 15M, para estudiar  las enseñanzas de aquella wikiciudad efímera. Nadie sospechaba entonces que el espíritu del 15M  iba a poner su granito de arena a un prototipo tecnopolítico como el Gabinete Digital. Ahora sólo falta que alguien envíe esta noticia a Meneame y que Tarso Genro se presente a las elecciones de la Comunidad de Madrid, Catalunya o Asturias (recientemente anticipadas). Queremos un pasaporte español para Tarso ya. Queremos un Menéame Político Ya.

 

 

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#P2Polis para una cultura de código abierto

 

 

Desde el 26 de enero al 1 de febrero, un grupo de 12 personas están reunidas en algún rincón de España, escribiendo de manera colectiva un manual titulado Decálogo de prácticas culturales de código abierto. Utilizan la herramienta Booki.cc, que posibilita la escritura compartida. Y pretenden hacer un inventario colectivo de conceptos que hayan transformado o lo estén haciendo la cultura. Los conceptos recibidos están en proceso de co-escritura. Puedes verlos en el hashtag de Twitter #10penkult. Y en un fantástico sprint conceptual que he transformado en imagen. A mí me pidieron alguna idea. Aunque con retraso, suelto un concepto que creo que da mucho juego #P2Polis, que no es más que un remix de la palabra griega romanizada “polis” (ciudad) y del acrónimo P2P (peer-to-peer, una red de ordenadores descentralizada que facilita el intercambio de archivos entre los diferentes nodos).

#P2Polis. Una P2Polis es una urbe donde cada ciudadano vuelve a ser ese “animal político” descrito por Aristóteles. Ciudadanos que practican en el espacio público compartido (ágoras, plazas) la política, “esa actividad humana que tiene como objetivo dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad”. Eso sí: en las asambleas de las P2Polis las decisiones son tomadas por el demos (pueblo), que en las polis griegas estaba sometidos por la aristocracia. Además de horizontales, las ágoras de las P2Polis se caracterizan por el intercambio de información entre ciudadanos y por la producción cultural colectiva sin intermediarios. Las P2Polis, gracias a su reflejo en sus ágoras digitales, componen un parlamento analógico-virtual en constante transformación. Gracias a la tecnología P2P, al streaming y a las redes sociales, cada plaza cumple el papel biológico de las neuronas espejo. Plazas-neuronas que reflejan el comportamiento de otras plazas, que lo imitan, generando empatía y solidaridad planetaria. Plazas-neuronas espejo que pasan a ser parte de un cuerpo planetario mayor de ciudades en red. Las P2Polis corrigen así las disfuncionalidades de las polis griegas. Al mismo tiempo, matizan el futuro soñado por Isaac Asimov en Bóvedas de Acero, de ciudades autónomas, eficientes, fóbicas y aisladas del mundo externo. #P2Polis=mitificados pasados mejorados+intuidos futuros corregidos.

Arranca el Conexões Globais de Porto Alegre

¿Qué pasaría si se mezclasen la historia reivindicativa del Foro Social Mundial, el pensamiento digital de la cultura libre y el legado de las revoluciones 2.0 de los últimos tiempos? El invento híbrido sería muy parecido al Conexões Globais 2.0, Festival Internacional de Cultura Libre que arranca hoy (25 de enero) en la ciudad brasileña de Porto Alegre. #conexoesglobais (recomiendo estar pendiente de etiqueta de Twitter hasta el próximo sábado 28) pretende ser una incubadora de ideas para la sociedad en red. Y un punto de encuentro entre gobiernos y sociedad. No es casualidad que haya sido Porto Alegre, donde nació el presupuesto participativo, la ciudad matriz del evento. Conexões Globais tiene lugar paralelamente al Foro Social Temático. Su agenda, que combina vídeo conferencias en streaming con presenciales, es de lo más sugerente.

Participan algunos nombres relevantes del 15M español, como Javier de la Cueva, Stephan Grueso (director de Copiad malditos), Javier Toret (Democracia Real Ya), Domenico di Siena (@procomún) o Pablo de Soto (Hackitectura). También expertos en la Primavera Árabe, participantes en Occupy Wall Street o  referencias en el open data (como Tony Bowden de Mysociety.org) Por mi parte, yo participo en una mesa redonda y dirijo un taller sobre herramientas digitales que colgaré en la red estos días. Lo más interesante es que en Conexões Globais se enredan destacados miembros de la cultura (Gilberto Gil), software (Campus Party Brasil), música (colectivo Fora do Eixo) o educación libre (Universidad Nómada). Además, el próximo viernes tiene lugar el Fórum de Mídias Livres (medios libres).

Seguiré informando en este blog y en la etiqueta de twitter #conexoesglobais

 

 

“Los hackers son los científicos de la nueva Ilustración”

 

 

Antonio Lafuente (@alafuente) es investigador del Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CSIC). Ha estudiado  la relación de la ciencia con sus públicos y el conocimiento profano. Investiga la relación entre tecnología y sociedad. Es uno de los grandes defensores del término “procomún“. Participa activamente en los Labotatorios del Procomún de Medialab Prado de Madrid. Antonio ha respondido por correo electrónico a un largo cuestionario enviado por Código Abierto.  Sus respuestas son clarividentes, agudas, reflexivas, ácidas. Y muy críticas con el sistema:  “El gobierno debería respetar mejor las cuestiones de etiqueta. Tener mejores modales. Dar ejemplo con las formas”, “los blogueross y hackers son los nuevos científicos o filósofos de la Segunda Ilustración”, “el Estado-Nación es torpe, burocrático y homogenizador” “el asalto a las oficinas de Megaupload me recuerda a otras actuaciones que también exigieron pisotear derechos civiles y tratados internacionales, como sucedió en la invasión de Irak o en los campos de concentración de Guantánamo”, “habrá que vigilar a los grandes monopolios en internet”. Lee la entrevista completa. Y recuerda que 20 Minutos tiene licencia Creative Commons y puedes copiar y distribuir la obra, citando la fuente.

Llevas muchos años hablando del “procomún”. Mucha gente piensa que es la traducción o adaptación del “commons” de la cultura hacker anglosajona. Sin embargo, ya estaba en el diccionario de Antonio Nebrija (1492). ¿Cómo explicarías el concepto de procomún?

Lo que es de todos y de nadie al mismo tiempo. En el castellano antiguo más que describir una cosa, da cuenta de una actividad que se hace en provecho de todos. El procomún, los commons, en todo caso, no es definible, porque evoca la existencia de bienes muy heterogéneos que van desde los viejos pastos comunales a los nuevos mundos de la biodiversidad, el folclore o la gastronomía. ¿Cómo es posible que alguien esté reclamando que el ángulo de giro del eje de la Tierra es un procomún? ¿De dónde viene la necesidad de pensar la luz del Sol, la palabra de Dios o la lactancia materna como bienes comunes? ¿Por qué tanto ronroneo sobre la cultura popular, la privacidad o la seguridad? La respuesta es simple: disponemos de tecnologías que permiten convertir estos saberes en recursos y, a continuación, mercadear con ellos. A veces, sin embargo, no es la privatización la peor amenaza, sino la degradación del bien, y por eso hablamos tanto de CO2, asma, clima, polución y electrosmog. Cada día hablaremos más del aire como un bien común. El aire es un magnífico ejemplo de lo que nos pasa: nadie es tan poderoso que pueda prohibir la respiración, pero en cambio sí puede echar allí su basura como si se tratara de su basurero particular. En fin, el procomún, más que un concepto o un agregado de cosas, es un campo de experimentación en donde estamos contrastando las distintas formas de hacer política, las diferentes maneras de gestionar el espacio público y las nuevas formas de movilizar el conocimiento.

 

Por qué se fueron perdiendo espacios procomún de convivencia (espacio público), conocimiento (industria cultural) o ciencia (injerencia laboratorios o gobiernos en Europa y el mundo)?

Varios procesos han venido convergiendo. Lo comunal fue asimilado a lo obsoleto, lo marginal, lo simple o lo paleto. Fue tratado como si fuera residuo de un mundo pretérito y premoderno. Así, a nadie extrañará que fuera declarado una especie de terra nullius, un espacio por descubrir, ocupar y patrimonializar en provecho propio. Todo lo que no fuera atravesado por los imaginarios de la propiedad era ineficiente y hasta peligroso, un reducto de resistencia que doblegar. A nadie se le escapará que con tales discursos hubo grandes beneficiarios y gigantescos procesos de expropiación. A veces sorprende los simples que son las ideas con las que se hacen los grandes patrimonios públicos y privados. Y que me disculpen los bienpensantes, pues tendrán que admitir que todo lo que una vez fue apartado del mercado y convertido en bien público, puede más o memos tarde ser privatizado y, con frecuencia, mediante argumentos tan simples (que no simplificados) como los aquí descritos.

Si miramos a la historia de la ciencia, y en concreto al siglo XVIII y la Ilustración, vemos que muchos de los descubrimientos llegaron de auténticos “amaterus”, no de científicos formados en Universidades. Sin embargo, en nuestros días se intenta desprestigiar a la Wikipedia y a todo lo que venga desde abajo. ¿Por qué?

En efecto, cada vez contamos con más estudios que sostienen el origen mundano de la ciencia moderna. Hay investigaciones que son incontestables, como las que argumentan que en el siglo XVIII fueron poquísimos los científicos que vivieron de su investigación. La ciencia era más un hobby que una profesión. De hecho la palabra científico, como sustantivo, no surge hasta el siglo XIX. Los historiadores se han empeñado en escribir un relato demasiado logocéntrico, literario y cortesano: un relato que hoy es calificado de machista, elitista y eurocéntrico. El conocimiento, sin embargo, siempre tuvo mucho que ver con las manos, las emociones y el cuidado. El conocimiento siempre fue de quien lo necesitaba y, desde luego, al preguntarnos por sus detentadores encontraremos los imperios, pero también hay que abrir un espacio para los campesinos, los navegantes y los mineros. Que en los relatos no aparezcan las mujeres o los trabajadores es culpa de los historiadores y su miopía. Y es que además de fuertes vínculos entre conocimiento y necesidad, también los hubo y los hay entre saber y poder. No me extenderé un minuto en explicar las obviedades que han permitido a los expertos convertir sus habilidades intelectuales en nuevos espacios de autoridad. Para ellos, admitir que la cultura de pago puede ser tan buena como la cultura de la contribución es inimaginable. Y, aunque llevan varios años buscando dónde puede estar la trampa sin encontrarla, siguen insistiendo en que es imposible que exista algo que tienen delante de sus ojos y que se ha convertido ya en la enciclopedia familiar de referencia. Wikipedia es un milagro pero, aún así, sólo es el lugar por donde iniciar la aventura del conocimiento. Como punto de partida es insuperable.

 ¿En qué se parece el proceso de la Ilustración con el movimiento de la open innovation, open education y web 2.0 en general? ¿La Ilustración podría renombrarse en el siglo XXI como una “open science revolution? ¿Las revolución 2.0 es una nueva Ilustración, más participativa y rizomática?

Esta pregunta me gusta mucho. La Segunda Ilustración, la que apenas ahora se está desplegando, tiene que ver, como la que sucedió en el siglo XVIII, con la emergencia de nuevos actores, nuevas tecnologías y nuevos media. La función que entonces desempeñaron los viajeros, los filósofos experimentales y los botánicos, como también los coffeshop, los salones, los periódicos, los microscopios, las tablas clasificatorias y las balanzas de pagos, es comparable a la que hoy estaría pasando con los blogueros, los hackers o los activistas medioambientales, apoyándose en las tecnologías de la web 2.0, las nuevas batallas por la pluralidad ontológica, la propiedad intelectual y los nuevos derechos civiles. Si hace trescientos años hubo que emanciparse de la cultura aristocrática y eclesial, hoy la Segunda Ilustración tiene que plantarle cara a las grandes corporaciones y al estado-nación.

¿Hasta qué punto los grandes lobbies ecónomicos (farmecéuticos, industria cultural..) está entorpeciendo la circulación de ideas, investigación?

Debo comenzar diciendo que en términos históricos es incuestionable la contribución del capital y la iniciativa privada al conocimiento. Pero igual de taxativa es mi convicción de que muchas empresas, entre las que están algunas de las más importantes del planeta, están estorbando la circulación de ideas. Su capacidad para estorbar es doble. La primera es más estructural y tiene que ver con la forma en la que se utiliza la propiedad intelectual. Por un lado han fragmentado tanto el conocimiento mediante la expansión abusiva de los derechos de propiedad intelectual que los expertos en innovación están muy preocupados por el efecto anticommons. Un efecto que se explica fácil mediante un ejemplo paradigmático: el impuesto que cobraban las distintas ciudades ribereñas del Danubio a los buques comerciales que transitaban por “sus aguas”. Las ciudades convirtieron el rio en una especie de mare nostrum y de alguna manera los fragmentaron y después privatizaron. Los comerciantes entonces tuvieron que plantearse si valía la pena seguir llevando sus mercancías aguas abajo, pues los impuestos estaban ahogando los beneficios potenciales. Eso pasa todos los días cono el conocimiento (una especie de Danubio cognitivo) necesario para producir chips electrónicos o fármacos, pues cada nuevo producto en el mercado tiene que localizar a los muchos propietarios de los conocimientos (patentes) que empaqueta cada mercancía. No es extraño entonces que los dilemas de la propiedad hayan convertido el conocimiento en un laberinto por el que sólo saben transitar los picapleitos, los publicitarios, los inversores y los burócratas. Dan ganas de decir que a este paso los científicos son los únicos que sobran en la empresa del conocimiento. Lo mismo que ocurre, por cierto, con los artistas en las empresas culturales. La otra manera de entorpecer la circulación de ideas es conocida en la literatura sobre estos asuntos como producción de incertidumbre. Siempre que una nueva tecnología o mercancía es introducida en el mercado sin la debida evaluación de sus potenciales daños, puede ocurrir que produzca daños inesperados al entorno o en algún sector minoritario de la población. Lo lógico sería que los gobiernos actuaran para proteger a la ciudadanía. Pero, normalmente, tienen muchas dificultades para intervenir. Esta situación es hasta cierto punto comprensible. Antes de hacer nada quieren más datos y solicitan mejor información. Las compañías, como lo prueban numerosos estudios, se dedican entonces a producir falsas evidencias o, más recientemente, a sostener que no debemos precipitarnos hasta tener datos concluyentes. A veces, lo habitual es que hagan ambas cosas. Es paradójico que su conducta se parezca tanto a la que se reprocha a los constructivistas radicales.

Hablemos de espacio público. En los últimos años, los Ayuntamientos y gestores públicos han prohibido prácticamente cualquier evento espontáneo en las calles. Apenas controlándolos los permiten. O privatizándolos. ¿No significa eso ir en contra de los pilares de Occidente, de las ágoras, foros o burgos medievales?

El espacio público hay que defenderlo todos los días. Decir que es de todos, implica que nadie se lo puede apropiar en exclusiva. Tampoco, a mi juicio, son sus  dueños los legítimos representantes de poder. Si abusan de estas prerrogativas que nuestras constituciones les otorgan, pueden hacer odiosa la idea misma de política. La democracia por la que tanto hemos luchado puede acabar siendo un bien odioso. Hay que pensar sobre estas cosas. Si el espacio público sigue esta deriva imparable que nos convierte a todos en simples votantes, consumidores y espectadores, entonces habrá que reinventar la noción de espacio común. Si en lo publico no cabe el disenso, crecerá el número de excluidos, es decir de gentes con muy escaso y deficiente acceso a las infraestructuras (educativas, sanitarias, de movilidad,…). En fin, habrá que inventar el espacio común como derecho a infraestructuras.

En otros ámbitos, ¿cómo se ha desarrollado la privatización del procomún, del conocimiento?

Hasta hace poco no sabíamos, quizá ni lo necesitábamos, distinguir entre público y procomún. El desmantelamiento de lo público ha seguido un patrón que no cambió mucho de unos ámbitos a otros. Primero se tolera la degradación del espacio público (se permite el absentismo, el despilfarro, la corrupción, el amiguismo). Segundo se introduce la necesidad de externalizar servicios y, subliminalmente, se invita a la gente busque mejores opciones en lo privado. Y, por fin, se venden los recursos que funcionan y el resto se diseñan ya como ámbitos de beneficencia. Hoy, sin embargo, además de defender lo publico, tenemos que pensar en el procomún. No sólo porque muchos bienes comunes desbordan los límites del estado-nación, como por ejemplo el clima o internet, sino también porque el estado-nación se ha demostrado un instrumento demasiado torpe, burocrático y homogeneizador. Las luchas de los enfermos del SIDA, los debates sobre el derecho a ciudad o las movilizaciones de las víctimas del crédito hipotecario están revelando la existencia de nuevos ámbitos de lo político de las que el estado se ausenta. La precariedad del trabajo, especialmente de las llamadas clases creativas (artistas, programadores, amateur), y las nuevas formas de apropiación del trabajo afectivo, activista e informal están permitiendo la conversión masiva del conocimiento ambiente y del saber profano en un recurso mercantilizable. Los mundos del folclore, la gastronomía y las manualidades están siendo privatizados, por la misma lógica que el patrimonio, la privacidad y nuestros mismos parques han sido puestos al servicio de las industrias culturales y del ocio. Respirar sigue siendo gratis, pero respirar bien exige abandonar la ciudad. Ya estamos pagando indirectamente por el aire, y pronto tendremos que pagar por el paisaje, la memoria y la palabra. Esto no puede ser. En algún momento tendremos que parar la máquina de devorar procomún. Sin un procomún robusto y bien gestionado no habrá ni público ni privado. El procomún no es una invención de cuatro perroflautas, sino una urgencia colectiva.

¿Hasta qué punto el copyright radical entorpece la circulación de ideas y el bien común?

Hay una tendencia a exagerar los derechos del autor frente a los demás derechos imaginables en nuestra sociedad. Los abusos del copyright tan frecuentes, sangrantes e irracionales que ningún ciudadano razonable puede aplaudir el actual estado de cosas. Es una desgracia que el mundo esté en manos de fundamentalistas y beatos de la propiedad privada. Las cosas se pueden organizar mejor y sobran estudios que están evaluando los derechos que se ignoran y los daños que se están produciendo. El caso reciente de Megaupload es un buen ejemplo de cómo la defensa de un bien, la propiedad de algunos, no puede protegerse decretando el estado de excepción global y vulnerando los derechos constitucionales de millones de ciudadanos. Creo que es muy inquietante el espectáculo militarista del asalto a las oficinas de Megaupload y me recuerda otras actuaciones que también exigieron pisotear derechos civiles y tratados internacionales, como sucedió en la invasión de Irak o en los campos de concentración de Guantánamo. Espero que los artistas y representantes políticos defensores de la propiedad intelectual no miren para otro lado y se involucren activamente contra estas suspensiones de derechos constitucionales. Hay muchas amenazas para los bienes comunes y, entre ellas, es difícil exagerar la responsabilidad atribuible a la noción de propiedad. Nunca la propiedad fue absoluta, pero sí lo fueron sus imaginarios. Y cada día mas. En la práctica, más acá de los radicalismos paletos y neoliberales, la propiedad es relacional, fragmentaria, incompleta, contestada e imaginaria. Tanto, que las cosas importantes nunca tienen, ni tuvieron, un dueño claro. Más aún, la propiedad, dominio, control o derechos sobre las cosas, tanto sobre su uso y abuso, como sobre su adquisición y transferencia, siempre es más procesual que factual, y, desde luego, más relativa que absoluta. Comprender la propiedad y sus laberintos es condición necesaria para entender el mundo que vivimos. La traza del procomún siempre acaba enredada en las trama de lo propietario. Donde acaba lo patrimonial, público o privado, empieza lo procomunal. Pero sería un error imaginar un mapa con esas tres provincias bien delimitadas. Al lado o sumergido, entrelazado, transterrado o invisible, está el mundo ese mundo de lo común: la riqueza oculta de las naciones.

Me llama la atención que La rebelión de las masas de Gasset tiene ya licencia dominio público en Argentina, pero en España no. ¿Es legítimo que una industria o un gobierno legislen para retrasar el acceso público a una obra filosófica de uno de los grandes pensadores de un país?

Es absurdo. Como también es inexplicable que no pasen al dominio público las llamadas obras huérfanas, libros cuyos derechos nadie reclama y que tampoco aportan ningún beneficio nadie. ¿No es grotesco que el 98 % las obras permanezcan secuestradas por leyes tan inútiles como contrarias al bien común? Con las tonterías, banalidades, injusticias, desprecios y ninguneos que las entidades de gestión de derechos de propiedad intelectual han perpetrado contra el bien común se podrían hacer enciclopedias. En fin, este es un debate que se ha cerrado con improvisación y sectarismo y que tarde o temprano habrá que abrir para que todas las posturas e intereses sean escuchados y contrastados.

 ¿Qué piensas de licencias como Creative Commons o copyleft?

Me parecen una innovación jurídica de primera magnitud. Descomponer la propiedad en un haz de derechos independientes y otorgar a los autores la capacidad de administrarlos según sus prioridades, me parece una gran aportación técnica, cultural y política. Hay lagunas que atender, como por ejemplo los problemas que plantea el conocimiento indígena, pero no hay más remedio que admitir que se trata de una aportación en la dirección correcta.

¿El Gobierno español -el socialista de Zapatero y ahora del PP- ha entendido algo del nuevo si sistema de creación y circulación de cultura?

Bueno todo indica que han llegado a la convicción de que la única manera de defender la cultura es insertarla en las lógicas de la propiedad. Esta deriva es discutible, salvo que hagamos de la cultura un nuevo sector industrial donde los autores sólo son comparsas, trabajadores precarizados al servicio de las entidades de gestión. Esto pasa por poner al lobo a cuidar del rebaño, porque ya no cuidan ni las apariencias y ponen a los jefes del lobby cultural a gestionar la cultura, algo que también ocurre en ciencia, defensa, economía,… El gobierno debería respetar mejor las cuestiones de etiqueta. Tener mejores modales. Dar ejemplo con las formas. Y no sólo en los ámbitos de la cultura y el conocimiento, porque su conducta en Italia o Grecia con los cambios de gobierno han sembrado de dudas nuestras convicciones democráticas.

 

Hablando de la Ley Sinde. El otro día leí un tweet brutal (@adelgado): “Verás tú cuando la industria de las obsoletas chaquetas con hombreras le pide al gobierno una ley contra las chaquetas sin hombreras…?”

La red, es decir nuestras calles, está llena de gente que no está contenta con lo que está pasando y que siente que no es escuchada. Hay un reproche generalizado de arrogancia hacia el gobierno y sus asesores. Los mensajes que salían de la SGAE y otros cómplices de la política gubernamental eran insultantes, descalificatorios, ofensivos y, desde luego, interesados. Para defender sus intereses trataban a los discrepantes como antagonistas ignorantes. Algunos intelectuales de mucho postín y con una obra admirable han olvidado los modales y tratado de idiotas a quienes no le daban la razón. Y para ello usaban los púlpitos que les prestaban interesadamente los grandes empresarios de la cultura, sus dueños invisibles. No sé, creo que todos deberíamos reflexionar sobre las cuestión de los modales, de la civilidad, de la urbanidad. A la propiedad intelectual debemos el mejor y más profundo debate sobre lo que entendemos por cultura y espacio público, y me parece que el debate debe continuar. Todos deberíamos llegar a “la cena” sin la solución ya pactada.

 

¿Qué ha significado el 15M en el proceso de generación de procomún, tanto en el espacio público como en cultura o política?

Mucha gente dice que la teoría que subyace en el 15m es la que se vertebra alrededor de la noción de procomún. Y seguramente es muy cierto. El problema entonces es que estamos lejos aún de saber lo que entendemos por procomún. Primero por su enorme heterogeneidad y, segundo, porque nadie quiere reproducir las lógicas de la representación partidaria. Entre los participantes en el 15M gusta el lema que los convierte en gentes que viajaban lentos porque iban lejos, evocando quizás los imaginaros de una slow revolution.

¿Por qué se intenta deslegitimar tanto al 15M desde algunos sectores?

Todo lo que no se entiende corre el peligro de ser infravolarado e incluso denigrado. Esto es normal. El asunto es si se hace por desconocimiento o por otros motivos menos nobles. Siempre hay, siempre hubo, quien rechaza todo lo nuevo o lo distinto. Hay mucha gente que siente fobia hacia la diferencia y eso no hay más remedio que considerarlo como parte del fracaso del sistema educativo. Uno de los lemas de más éxito de estos movimientos que genéricamente llamamos 15M es ese que recuerda que somos el 99% de la población quienes nos sentimos agredidos por la conducta de los gobiernos y los banqueros. ¿Dónde estaban los líderes ante el espectáculo denigrante y bochornoso de Berlusconi? No se. El 15M no es una cosa es un movimiento que hoy continua en esta entrevista y mañana ya veremos. Tengo la sospecha de que actualmente se habla más del 15M en las salas de redacción, en los clubs financieros y en los seminarios académicos que en la calle misma. Pero quien ignore el 15m porque no encuentra cómo definirlo es que no han entendido nada.

 Si el procomún podría ser algo así como lo público no estatal, ¿qué trozo de la política debería ser procomún sin la necesaria implicación de políticos en medio?

La fórmula público no estatal es demasiado dependiente de lo conocido (los público) y poco abierta a lo posible. Pero no la combato. Lo público, lo privado y los procomún no son mundos independientes ni antagónicos. Tienen que aprender a convivir, muchas veces en tensión y otras colaborando. En la gobernanza de los bienes comunes globales parece obvio que debería haber una mayor presencia de lo ciudadano. El aire, el clima, la biodiversidad, el agua dulce, la estabilidad financiera, internet,… los nuevos patrimonios comunes, en definitiva, sólo son sostenibles implicando a la ciudadanía. En la lógica de lo que digo está implícito que tenemos que implementar las formas de gobernanza. Los bienes comunes, sin embargo, tal como explico Elinor Ostrom son una forma de gestión. No hay una sóla manera de hacerlo correctamente, sino que cada comunidad debe experimentar y encontrar la mejor manera de sostener el bien. El procomún no es otra estrategia para ordenar el mundo, jerarquizarlo y estandarizarlo. Eso es lo que hace el sector público: hacernos a todos una camisa prêt-a-porter. El procomún apuesta por la diferencia y la excepcionalidad. Todo lo que el estado ve monstruoso, deforme y amenazante encaja en los imaginarios del procomún. El sector público ciertamente no entiende nada, a diferencia de algunas empresas del sector privado que han fabricado para lo abierto, lo distinto y lo minoritario las economías de la larga cola y las industrias de la producción deseante. Los gestores de la cultura deberían trabajan con mayor ahínco en su adaptación en vez de pedir tantas cláusulas de excepcionalidad.

 

¿Cómo se va a adaptar la sociedad, una Europa en crisis, a un nuevo modelo de mundo descentralizado de personas conectadas interelacionándose entre sí, donde el intermediario será cada ve más irrelevante?

Nadie lo sabe. Pero no son pocos los que ya hablan de ciudadanía global, el rostro amable y urgente de la globalización. Habrá que vigilar a los grandes monopolios en internet y evitar que en la ciudad digital se formen “barrios de ricos” con mejores servicios y, por ejemplo, mayor ancho de banda. Nada nos obliga a que el entorno digital reproduzca los mismas estructuras políticas que inventamos para el entorno de la vida en las urbes modernas. A mi me parece que junto a las batallas contra los abusos de la propiedad intelectual y los nuevos movimientos en pos de la justicia alimentaria y universal, hay que dar prioridad a las luchas en favor de la neutralidad e interoperatividad de la red.

GarrafOn, inteligencia colectiva contra cubatas adulterados

 

Inteligencia colectiva contra los bares que adulteran bebidas destiladas. Tecnología compartida contra el impopular “garrafón”. Diego Lafuente acaba de lanzar GarrafON, una aplicación para teléfonos móviles que funcionan con sistema operativo Android. La aplicación permite que los usuarios compartan información, los bares más honestos (la ginebra es ginebra, el ron es ron) y denuncien los garrafOn places  más sonados.

¿Y cómo funciona? Un sistema de votación vinculado a la base de datos de Google Places, ofrece a los usuarios  información sobre qué bares sirven garrafón. Diego Lafuente  usó herramientas de código abierto, como un servidor basado en Linux (Debian) y  MOngoDB, y una base de datos NoSQL.

Código Abierto ha enviado un cuestionario a Diego Lafuente. Dado el interés y agudeza del entrevistado, lo reproduzco casi íntegro.

Código Abierto. ¿Como surgió la idea de CarrafON?

Diego Lafuente. Creo que todos hemos tenido la experiencia de ir a un bar, pedir una bebida de una marca que conocemos y que hemos bebido antes, y llevarnos la sorpresa de que nuestro paladar no la reconoce. De eso trata GarrafON. La idea en el fondo no es nueva, aunque el ámbito de aplicación sí que lo es. Ya existían herramientas para calificar la limpieza de un hotel o el sabor de una hamburguesa. Ahora también puedes opinar sobre las bebidas que te sirven. Y ayudar a otros con tu opinión. Creo que es importante que la aplicación sea móvil para que puedas votar en el momento que pides la copa. También puedes hacerlo con la resaca del día siguiente, pero hay que recordar que la causa de las resacas es el alcohol, no el alcohol adulterado (aunque éste último potencie el efecto). Prefiero que la gente vote cuando prueba la copa que al día siguiente. El voto es más fiable. Aunque los bares y las marcas niegan que adulteren o compren bebida adulterada, lo cierto es que muchas veces, la misma marca de bebida sabe distinto en distintos sitios. ¿Son las marcas? ¿es el distribuidor? ¿son los propios bares? ¿es el hielo industrial? Ni lo sabemos ni nos importa. Nos importa el consumidor, y queremos ayudarle a elegir basándonos en las opiniones de los demás.

 

Código Abierto. ¿Cuál es el objetivo final?

Diego Lafuente. El objetivo de GarrafON es ése: construir un mapa de esas diferencias de sabor de la misma marca de bebida en distintos sitios. Recogemos la opinión de la gente, y se la ofrecemos a otros usuarios por si les es de utilidad. Y cada uno lo usa (o no) libremente. SEsto ya se hace en muchos otros ámbitos (restaurantes, actividades turísticas, películas), y no se hacía en este sector en particular. Es utilizar la inteligencia colectiva para tener más criterio de elección. Algo nuevo en este sector, pero utilizado ya en muchos otros. Muy importante: nosotros distinguimos tipos de bebida y marcas, porque en algunos sitios el beffeater está bueno, y el Ballantines sabe a Cristasol. Además del mapa del garrafón, queremos construir también el mapa de los precios de las copas en España. Así el consumidor tendrá una evaluación de la calidad/precio de una bebida antes de entrar al bar. Podrá buscar de manera instantánea bares a su alrededor basándose en el precio, en la calidad de lo que él bebe (de nuevo la importancia de distinguir por tipo de bebida y marca), o en una combinación de ambos.

Código Abierto. ¿Es una iniciativa que pretende sacar rentabilidad o simplemente prestar un servicio público?

Diego Lafuente. Un servicio público. Y el primer beneficiado soy yo. Me gusta salir de copas y conocer sitios nuevos, y soy el primero en consultar GarrafON antes de entrar en un bar. La app la hemos hecho entre mi primo Juan Lafuente y yo. Ambos tenemos otro trabajo que nos ocupa la mayor parte del tiempo. Éste es nuestro “proyecto del 20%”, que hemos hecho por las noches y durante los fines de semana. La app es gratis y siempre lo será. La de iPhone, que saldrá en breve, también será gratis. Hemos utilizado SW libre para la parte servidor (Debian Linux y MongoDB), y el único gasto que tenemos (el tiempo que hemos echado en hacerla no es un gasto, es una inversión;-)) es el de alquiler del servidor, pero estamos felices de asumirlo. No nos importa invertir en que esto funcione. Quizá en un futuro pensaremos en la forma de cubrir los gastos de servidor con alguna fuente de ingresos. Por ahora estamos concentrados en mejorar la app.

Código Abierto. En una era de personas interconectadas con smart phones. ¿Los ciudadanos se pueden convertir en las famosas multitudes inteligentes de Howard Rheingold, en un lobby de presión?

Diego Lafuente. Definitivamente. Y el mejor ejemplo de que esto es así son iniciativas como Actuable.es o Change.org que permite a cualquiera crear un lobby de presión para cambiar las cosas. O si no que se lo pregunten a Mubarak.

Código Abierto. ¿La horizontalidad acabará con, por ejemplo, los críticos de bares y restaurantes?

Diego Lafuente. Yo creo que no. La horizontalidad suma, no sustituye. Antiguamente la autoridad sobre un tema residía en las manos de unos pocos. Los críticos de cine tenían la autoridad en exclusiva para opinar sobre las películas, y el resto los leíamos y les hacíamos caso, o no. No es que el resto no pudiese opinar sobre cine, pero era muy difícil hacer llegar tu opinión a los demás. La horizontalidad introduce una nueva autoridad, que es la comunidad de usuarios, que compite con la autoridad antigua, pero no la sustiuye necesariamente. Otro ejemplo: Lonely Planet es una autoridad en el mundo de los viajes y mucha gente se fía a ciegas de lo que pone en sus guías. Esta reputación se la han ganado a base de hacer un excelente trabajo, claro está. TripAdvisor es el concepto contrario: la autoridad es el viajero, y construye sus guías a traves de las opiniones de la gente. A día de hoy, ambas iniciativas conviven, y a las dos les va muy bien. Hay otro ejemplo en el que la horizontalidad ha sido tan fuerte que ha sustituido a la autoridad tradicional. Es Wikipedia vs Espasa-Calpe. Sinceramente no sé cómo está el mercado de enciclopedias tradicionales ahora mismo, pero en casa de los amigos de nuestros padres siempre hay una y en las de nuestros amigos nunca.

Código Abierto. Creo que Pierre Levy, uno de los papás del concepto de inteligencia colectiva, estará feliz con GarrafON. ¿Dónde le invitarías a un cubata?

Diego Lafuente. En la terraza del Hotel ADA, al principio de la Gran Vía. Ponen muy buenos gintonics y tienen la mejor vista de Madrid.


Consumo selectivo, boicot selectivo

Esta entrada tiene un objetivo: intentar que la sociedad en red comience a consumir selectivamente, a boicotear productos de marcas ética o moralmente inaceptables. Como todas aquellas marcas que apoyan el cierre de Megaupload o leyes como SOPA o Ley Sinde Wert. Pero antes daremos un necesario rodeo. Para llegar al boicot es necesario hablar del culture jamming.

En medio de la Acampada Sol, el día 19 de mayo, un grupo de personas “tuneó” un anuncio gigante de L’Oreal que ocupaba una fachada entera de la Puerta del Sol de Madrid. Durante una hora, una lona transformó el anuncio en Democracia Real. El primer gran gesto de guerrilla anti consumista del 15M pasó al olvido. El remix de logos, el culture jamming – termino que incentivó la revista Adbusters  que propició el movimiento Occupy Wall Street – apenas apareció en todo el 15M, con algunas excepciones (algunos carteles de Voces con futura). Cuando alguien subvertía el sistema de marcas doblando un anuncio de Bankia, por ejemplo, había una agencia de (contra) publicidad detrás, Implícate. El 15M se apropió de pocos símbolos. Fagocitó pocos eslogan. Subvertió (publicitariamente) poco.

El movimiento Occupy Wall Street lo tuvo más claro. Desde el inicio lanzaron un diario llamado The Occupied Wall Strett Journal. Remezclaron, manipularon, despedazaron logos con agilidad. De Verizon a Verigreedy (muy avaricioso). Y así con un puñado de símbolos del enemigo.  Tiene su lógica: las guerrillas contrapublicitarias tiene una ácida tradición en Norte América. El cubano-ameriano  Jorge Rodríguez de Gerada se especializó en descuartizar anuncios en las calles. Cuando la comunidad afro presionó a las multinacionales del tabaco para que incluyesen a negros en los anuncios, Rodríguez transformó a los hombres-publicidad en seres demacrados. Y substituyó el “las autoridades advierten que…” por un “Las autoridades sublevadas advierten que los negros y los latinos son las principales cabezas de turco del negocio de las drogas ilegales”. El día de los inocentes de 1997 el canadiense Jubal Brown sembró las verjas de publicidad de Toronto de cadáveres: se limitó a pintar de negro los ojos de las modelos de las vallas y a coserles la boca con una cremallera. Más casos: el colectivo Negativiland  robó todos los jingles oficiales de Pepsi Cola, los modificó. Y los lanzaron en el álbum Dispepsi:“Mi patrón me despidió. Pepsi / Yo clavé a Cristo en la cruz. Pepsi / (…) El asqueroso olor de las fábricas de pijos. Pepsi”. Lo mejor de todo es que Pepsi no tuvo narices denunciarles para no lanzar el carrerón de los chavales

El sistema es débil. Frágil. Intenta imponer sus iconos. Barbies descafeinadas, banderas homogéneas, logos redondos. Pero los ciudadanos reinterpretan el mensaje, lo transforman. Los logo-imágenes renacen en una espiral imparable de mutaciones. Democracia L’OReal. Verygreedy. El activista Salul Alinsky hablaba ya en The Rules for Radicals, escritas en 1971, de esta estrategia: “El jiu jitsu político de masas es el empleo del poder de un sector de la estructura del poder contra otro: la fuerza superior de los detentadores se convierte en su propia derrota”. Traduzco al siglo XXI: una operadora como Orange – denunciada por no respetar la neutralidad de la red – se apropia del buenrollismo de la Primavera Árabe; lanza un anuncio titulado Podéis cambiar (podéis cambiar un político etc).  Pero el Partido Pirata se aprovecha de la creatividad-morro de Orange y manipula el anuncio: Puedes votar Pirata. Jiu jitsu de masas. Culture Jamming. Bofetón contra el sistema.

Realmente, nunca ha sido tan fácil subvertir o golpear a las marcas y/o Gobiernos. Los internautas, rediseñando la manzana podrida de la contaminante Apple bajo la campaña Green my apple, obligaron al exageradamente idolatrado Steve Jobs a dar un giro ecológico a la multinacional.El póster de Hope de Obama de Shepard Fairey fue un éxito, cierto. Pero más aún lo fueron los miles de réplicas y contra mensajes, como el Yes, we leak con Julian Assange. Sin embargo, el sistema también ha aprendido a fagocitar / triturar a la Tropa Jiu jitsu. El macarrísima artista Tom Sack, tras muchos años descojonándose de las marcas, de convertirlas en guillotinas o pistolas aceptó exponer en la fundación Prada. Convirtió la marca Prada en un retrete. Pero la marca consiguió convertir la cagada en algo cool.

Nos acercamos a la tesis que defiendo. Creo que 15M,  Occupy Wall Street o, mejor dicho, la sociedad en red deberían dar un paso al frente. El jiu jitsu completo pasa por el no consumo. El abogado Javier de la Cueva, en una interesante entrevista para 15M.cc, hablaba de “prescipción de marcas”, de consumo selectivo. Si el sistema ha impuesto “el consumo, luego existo”, la sociedad debería remezclarlo en  “consumo selectivamente, luego asusto”. Consumo inteligente frente a la consumocracia. Lobby anti consumo frente los lobbies del mercado. ¿Sería tan complicado crear una base de datos negra de marcas a vetar? ¿Crear un documento sobre marcas no éticas o poco sostenibles? ¿Remixamos los informes de Amnistía Internacional, Global Witness, GreenPeace, el libro No Logo de Naomi Klein, El libro negro de las marcas de Klaus Werner y la lista de marcas que incentivan las leyes anti piratería SOPA / Sinde? Las marcas / sistema se llevarían un susto al ver al planeta en red boicoteando sus productos. Las marcas éticas / morales ganarían. De momento, los programadores, esa nueva élite mundial, han dado un paso adelante. El colectivo español Hacktivistas está promoviendo un boicot a la FNAC por incentivar las leyes más retrógradas de derechos de autor. Dos chavales crearon un aplicativo llamado boycott SOPA para leer códigos QR de productos. Cualquier persona puede escanear un producto y saber sí esa marca apoya la polémica ley SOPA de censura de Internet del Gobierno americano. El día que el 15M – y el 70% de los españoles que lo apoyan – tenga un Código QR para un consumo selectivo las cosas puede que cambien. El mercado tal vez comience a tratar al perroflauta-rana antisistema como un príncipe encantado . 

*La imagen es la obra de Tom Sachs, Dardboard, thermal adhesive, de 1997

Cómo matar al intermediario


Sé que el vídeo es largo: 18 minutos y 18 segundos. Pero puede cambiar tu vida. El discurso que el escritor-agitador argentino Hernán Casciari dio en Tedx Talks Río de la Plata  es simplemente sobrecogedor. ¿Cómo matar al intermediario? Sigue leyendo. Hernán cuenta cómo llegó al interior de Catalunya. Cómo empezó a escribir cuentecitos en su blog Orsai para “no sentirse solo”. Como se equivocó y empezó a trabajar para la industria, para los intermediarios. Cómo empezó a sentir que las editoriales “le robaban a mano armada”. “Cómo en 1400 palabras libres, en el blog”, mandó a cagar” a importantes editoriales y periódicos. Cómo decidió montárselo sin intermediarios. Tenía un objetivo secreto: “demostrar que la famosa crisis de la industria no es económica, es moral, codiciosa”. La idea era hacer una revista imposible Orsai, autofinanciada, sin publicidad. Hernán cuenta la imprevisible fiebre de Orsai. Cómo los propios lectores compraron en masa la revista de papel, a pesar de que está disponible en PDF gratis un mes después. Cuenta cómo la comunidad de Orsai se encargó de distribuirla por el mundo, sin comisiones. Y Hernán explica cómo Orsai dejó de ser un blog, una revista, una editorial. Pasó a ser un proyecto de los lectores. El último sueño-delirio conseguido: abrir un bar en Buenos Aires, un “lugar de encuentro de los lectores”, financiado más o menos con dinero de los lectores (crowd funding). Orsai no vende celulosa o cerveza. Vende contenidos, sueños compartidos, espacios de diálogo.

Si Julio Cortázar estuviera vivo no habría escrito Instrucciones para llorar. Habría llorado de alegría subiendo este vídeo a You Tube. Le habría puesto un título, Cómo matar al intermediario. Lo habría compartido en redes. Cortázar se habría emocionado con las frases de Hernán: “Las decisiones culturales empiezan a estar en nuestras manos”, “la industria de la lectura somos los lectores y los autores, y nadie más”, “la otra industria, la que le teme a los cambios, la que pretende hacer creer que internet es un lastre, se está muriendo, y la vamos a ver morir”, “la cultura tiene que ser libre y tiene que ser gratuita”. El intermediario sobra.

Hace un tiempo publiqué un reportaje titulado Mp3 contra el imperio del plástico. El texto más copiado-pirateado de mi carrera. Hablaba de una discográfica (la brasileña Trama) que incentivaba las descargas gratuitas de MP3. Una discográfica que y comerciaba con música. Una empresa que luchaba contra toda una industria especializada en vender plástico. O celulosa (editoriales). ¿Cómo la vieja industria intenta imponer leyes como la SOPA o la Ley Sinde Wert sin entender que el modelo de producción / distribución cultural ha cambiado? ¿Pero no ven que o se reciclan o están de más en este mundo?  Porque no hacen falta discográficas si los músicos distribuyen y comparten su música gracias a Soundcloud. Sobran los planificadores urbanos si la sociedad en red utiliza los espacios vacíos y los transforma en plazas participativas de código abierto, como el Campo de la Cebada de Madrid. Sobran los intermediarios políticos si el pueblo en red escribe una nueva constitución, como está haciendo el 15M. Sobran las recetas tecnológicas verticales si un campesino de Estados Unidos construye un tractor low cost con ayuda de los internautas y cuelga los planos en Internet con licencia abierta en Open Source Ecology blog.

El coro reaccionario que llama “perroflautas” a los participantes de los movimientos 15M o Occupy Wall Street no ha entendido nada. No comprendió que las Revoluciones 2.0 del siglo XXI tienen una reivindicación clara: eliminar el intermediario. Acabar con el intermediario cultural, político, mediático y productivo.

 

 

 

 

Un remix de Quino para explicar la campaña #stopsopa

 

Código Abierto quiere poner su granito de arena en la campaña mundial contra la Stop Online Piracy Act (SOPA) que prepara el Gobierno estadounidense, una censura encubierta a los contenidos y actual funcionamiento de Internet que apenas protege los intereses del obsoleto lobby del entretenimiento. Marcas tan relevantes como Wikipedia, Reddit, Mozilla, WordPress o Google están incentivando el apagón contra la SOPA, un ley-ataque contra los derechos civiles. En España, esa provincia de la Casa Blanca, la campaña ha cogido aire ante la reciente aprobación de la absurda Ley Sinde Wert.

No conseguiría dar mejores instrucciones que el blog Mangas Verdes para que apagues tu web mañana en apoyo a la campaña. Tampoco conseguiría explicarlo mejor que este Remix de Quino de Derecho a Leer  publicado con licencia Creative Commons, visto en Jaque Perpetuo.  #stopsopa #stopsindewert

 

 

 

 

 

Una web para controlar las pellas de los diputados

Se acabó el chollo del Diputado Escaqueo (dícese de aquel representante político que hace “pellas” reincidentemente sin justificación creíble). Aunque debería ser una información pública, las ausencias de los diputados en horario laboral siguen siendo un misterio.  Los ciudadanos de Italia ya controlan la actividad de sus diputados gracias a la herramienta Open Parlamento. Y ahora llegó el turno de los españoles. La web Open Data Congreso  quiere “informar de las ausencias y presencias de los diputados en el Congreso”.  La justificación de sus creadores está llena de sorna/ironía: “La información (ausencia) es pública pero a quien la intente localizar le será más fácil hallar la Atlántida o la partida de nacimiento de Son Gokuh”. Los diputados pelleros lo tendrán, a partir de ahora, más complicado. Recibirán mails de amonestación de los ciudadanos, entre otras medidas de presión. El proyecto resume en tres puntos clave. Corto y pego de la web del proyecto:

1. Ser diputado no es solo ir a plenos: Correcto. Por eso tendremos en cuenta a qué comisiones asisten. También se les enviará un mail cada vez que falten al Congreso para darles la oportunidad de que justifiquen la ausencia. Y que cada cual juzgue lo que crea conveniente.

2. ¿Es un proyecto político? Sin duda, pero apartidario. Los datos que expondremos serán objetivos y prácticamente estadísticos: sí, no, y porcentajes.

3. ¿Se valorarán otras cosas además de las ausencias? No es lo mismo ir siempre a calentar la silla que ir menos pero proponer leyes nuevas: Se tendrá en cuenta qué propone cada diputado, y qué leyes ha votado. No nos interesa el sentido de su voto o los argumentos de sus discursos: queremos mostrar qué leyes tienen cuántos votos. Qué nivel de legitimidad hay tras cada iniciativa del Congreso.

 

vía Doménico di Siena (@urbanohumano)

Tres casos de wikifútbol

¿Te imaginas que los hinchas del Real Madrid pudieran elegir la alineación de cada partido y hasta qué jugador cambiar en el transcurso de cada partido? ¿Y qué pasaría si los culés decieran jubilar al presidente del Barça Sandro Rossel y pasasen a administrar las finanzas del club? El crowd sourcing –  algo así como “tercerización masiva” o “subcontratación voluntaria”- llega al fútbol. O sea: participación, horizontalidad, inteligencia colectiva. Os presento tres casos de democracia participativa en el fútbol. ¿Wikifútbol al poder?

Ebbsfleet, Inglaterra. Si el équipo inglés Ebbsfleet United fuera un país sería el más democrático de Europa. Sus seguidores participan en todas las decisiones del club. Escogen, gracias a Internet y a la plataforma My football club creada para la ocasión, a los jugadores que salen al campo en cada juego. Cada hincha de este equipo de la liga Blue Square Bet South es entrenador, gestor, inversor y junta electoral al mismo tiempo. La democracia digital del Ebbsfleet United no sólo salvó la bancarrota del club si no que propició una victoria histórica en el estadio de Wembley, en mayo de 2008, frente al Torquay United. Cierto que el espejismo se desvaneció en parte y ahora el club intenta encontrar fórmulas para una mayor implicación de los hinchas.

Muerciélagos FC, México. El equipo de Sinaloa Murciélagos FC, que juega en la segunda división mexicana, es la última sensación del wikifútbol (un buen reportaje). Su proyecto DT (director técnico) Digital permite que los seguidores, sobre todo vía SMS, elijan la alineación y hasta los jugadores que son cambiados a lo largo de cada partido.

Sport Club Corinthians, Brasil. El popular equipo Corinthians – el favorita del ex presidente Lula – lanzó a finales del año pasado lanzó el vídeo juego República Popular do Corinthians (RPC) (ver vídeo que abre la entrada) en el que cualquier hincha podía ser candidato a presidir el club o a ser congresista. “Va en serio. “No somos un Farmville!”, se podía leer en su web. El mandato del nuevo presidente será de cuatro meses. A parte del nuevo presidente fueron elegidos los “mosqueteros” (administradores del site) y los “gobernadores” (blogueros y tuiteros relevantes). La idea es un feliz encuentro de patrocinadores, hinchas, jugadores y dirección.