Guerrilla de la comunicación

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Buda = Anonymous. Duchamp trolea a Leonardo da Vinci. La Biblia es la añeja inspiración cortapega de William Borroughs y su técnica del cut cut. Las acciones del 15M beben de fuentes tan policéntricas como el situacionismo, los Yippies, la antiglobalización o el activismo de Argentina tras la crisis del 2011. ¿Afirmaciones  temerarias? ¿Verborrea inconexa? Quien desconfíe de este principio de post, no tiene más que darse un paseo por la presentación Guerrilla de la comunicación que preparé para el taller que realicé hace unos días en la Campus Party de Quito.

¿Por qué escogí este eje para un taller en un evento tecnológico? Principalmente porque considero que quien más está innovando en el mundo de la comunicación es el mal denominado “activismo” (que para mí es siempre algo más). Desde el estallido de la Primavera Árabe, las revueltas en red han llegado de la mano de un huracán innovador en las herramientas, tácticas y/o estrategias de comunicación. Comunicación que en la mayoría de los casos es comunicación-acción y que no suele limitarse a lo digital. Impregna con frecuencia los territorios, esa realidad híbrida de redes-calles.

Sin embargo, esta innovación bebe de fuentes remotas. Especial importancia tuvo el legado del ARTvisismo de la década de los noventa y de la denominada antiglobalización, que arrancó a finales de dicha década, recopilado en el libro Insurgências poéticas (portugués), de André Mesquita. En la primera parte del taller hice un repaso histórico a la creación colectiva (libros sagrados), a identidades colectivas importantes (Buda, Poor Konrad, Nedd Ludd…), a movimientos artísticos o sociales influyentes (dadaismo, situacinismo, yippies, zapatistas…), a colectivos relevantes en la historia de la guerrilla de la comunicación  (Wu Ming, Guerrilla Girls, enMedio…)…

En la segunda parte, aprovecho algunos de los ejemplos prácticos del ya clásico libro Manual de la Guerrilla de la comunicación (Virus Editorial) y completo con casos más recientes. También embadurno todo con algunas ideas de personas que me parecen claves en el asunto, de Roland Barthes a Umberto Eco, de Saul Alinsky al SubComandante Marcos. ¿Cuál es la fórmula ideal para una acción de Guerrilla de la Comunicación? Confieso que no tengo la fórmula perfecta. Nadie la tiene. Nada mejor que continuar experimentando de forma colectiva.

#SmartCitizensCC: Inteligencia colectiva en entornos rurales

Este texto se publicó previamente en Paisaje Transversal. 
El pasado 13 de septiembre realizamosel primer encuentro digital del proceso #SmartcitizensCC en el marco del sexto encuentro de la red Arquitecturas Colectivas en Galicia (#AACC_Galiza). En esta conexión internacional participaron gente desde diversos puntos del planeta para hablar sobre prácticas colaborativas e innovación social en el mundo rural. El debate se focalizó en analizar y aprender de experiencias que estén sucediendo en otros tableros de juego que no respondan al apelativo de «ciudad».
Durante el mismo se hizo una
conexión en directo con #AACC_Galiza en Valadares, donde
intervinieron los colectivos asistentes al encuentro, que tuvieron la
posibilidad de interactuar con experiencias al otro lado del océano,
tales como el colectivo
Sursiendo (México), Alfonso Pérez
Urzábal (Francia), Bernardo Gutiérrez (Brasil), Carolina Espinoza
(España) y Paisaje Transversal. Podéis  leer la relatoría completa y el Storify del encuentro y ver el vídeo íntegro del
hangout a continuación
.

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El activismo transmedia que golpeó a #Madrid2020

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¿Puede la ciudadanía influir en la decisión del Comité Olímpico Internacional a la hora de apostar por una ciudad olímpica? Directamente no. El COI es tan poco participativo como la mayoría de democracias representativas o los gobiernos que proponen una ciudad como candidata. Pero de forma indirecta, la ciudadanía tiene cada vez más voz. La respuesta a la hipótesis-titular en la que insinúo que el activismo contra la candidatura de Madrid puede haber sido importante hay que buscarla en la letra pequeña. Las deficiencias de la candidatura y de su ecosistema político, el delicado clima económico de España, han sido evidentes motivos del fracaso. Sin embargo, la letra pequeña y los ángulos no iluminados por la prensa nos presentan una concatenación de campañas activistas, analógicas y digitales, contra la candidatura de #Madrid2020. Ni Estambul ni Tokyo han contado con campañas activistas fuertes contra sus candidatura. Más bien todo lo contrario. Madrid sí ha tenido.

En primer lugar, el blog No queremos Madrid 2020 dio voz a un malestar ciudadano que no quería saber nada de gastos en una candidatura mientras los recortes se hacen más profundos. Se divulgaron informaciones, relatos, cifras, encuentras. Pero también se hicieron remezclas visuales potentes, carne de meme, como la “mano olímpica”  en la cara de Alberto Ruiz Gallardón, que defendió la anterior candidatura de Madrid. Aunque sin lugar a dudas, el antilogo COBRI2020 se lleva la palma de la campaña contra #Madrid2020.  COBRI es una mezcla de COBI (mascota de Barcelona 92) y el imaginario del sobre corrupto que persigue al Partido Popular (PP) desde el caso Bárcenas.  Su cuenta de Twitter (@Cobri2020) ha sido un auténtico dolor de cabeza para la candidatura oficial.  Y Cobri ha sido Trending Topic en Twitter en diferentes ocasiones.

Stéphane Gruesso, cineasta y activista vinculado al ecosistema 15M, realizó una genial entrevista a Cobri. Una respuesta joyita: “He venido para quedarme, hay muchos chanchullos que señalar: hay más chanchullos que chorizos. #CobriSeQueda.”

La popularidad de su logo macarra fue creciendo. Y Cobri ha pasó a ser un habitual de las más diferentes manifestaciones.

En el salto al territorio se esconden otras claves del golpe a #Madrid2020. La sinergia redes / calles, una de las marcas más visibles del 15M, fue especialmente importante para viralizar las Olimpiadas de la Corrupción que se celebraron en la mismísima puerta del Ayuntamiento de Madrid, en la campaña #TapaMadrid2020 que incitaba el hackeo físico del logo oficial o la acción del activista que estuvo subido 17 horas a una farola de la Puerta del Sol. Las otras olimpiadas de Periodismo Humano hacen un buen repaso de diferentes momentos del activismo transmedia que fue visibilizando internacionalmente el rechazo ciudadano a la candidatura madrileña. Por si fuera poco, la campaña No queremos los JJOO de 2020 en Madrid de Oiga.me envió más de 20.000 mails al mismísimo COI.  Mientras la cuenta oficial hacía el ridículo en su versión en inglés, las redes ocupan hashtags y cocinaban TT en Twitter. Y seguro que me dejo en el tintero pixel unas cuentas acciones.

¿Cómo influyó al movilización orgánica de la ciudadanía en redes y calles contra la candidatura de Madrid? Dudo que haya sido una causa directa. Tampoco creo que haya una linealidad en la explicación del fracaso de Madrid. Pero sin duda que ha sido un factor importante a la hora de visibilizar el malestar ciudadano y de hacerle llegar el recado a los jurados del COI.  Sin duda, que la situación se merece un estudio más profundo y elaboración de grafos. Larga vida a #COBRI2020.

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Rua de Janeiro: la cara rebelde de la ciudad olímpica

Ciudadanos de espaldas a los concejales de Río de Janeiro gritando “No me representan” (22/08/13). Vídeo completo de Leonardo Nabuco.

Subtítulo: Escraches, manifestaciones, ocupaciones de plenos, asambleas, acampadas en frente a la casa de gobernantes. Y una creciente represión policial. Río de Janeiro, la ciudad maravillosa, se transforma en el epicentro de las imprevisibles protestas que siguen agitando Brasil. Y se ha transformado en la metáfora perfecta de las ciudades rebeldes que preconiza David Harvey. 

“Hace unos meses, juntar a más de cincuenta personas por una causa política era algo imposible en Río de Janeiro”. La frase del fotógrafo y activista Pedro Víctor Brandão, en el actual contexto social de Río de Janeiro,  suena a ciencia ficción.  Antes de junio, el grito “Rio é Rua” (Río es calle) iba asociado a actividades lúdicas,  a playa abarrotada. Dos meses y medio después del coral #VemPraRua, Rio de Janeiro es Rua de Janeiro. Y rua significa política, manifestación, asambleas, escraches, acampadas, intervenciones artísticas, tensión policial. El grito “Não vai ter Copa” (no va a haber mundial de fútbol) todavía resuena en las intensas manifestaciones de la ciudad maravillosa.

Las protestas de junio han trastocado profundamente el código político social de Río de Janeiro. Una de las ciudades menos politizadas de Brasil vive en vilo, agitada  por 5 o 6 manifestaciones diarias.  Y algunas fronteras, muros y consensos van derrumbándose bajo las peticiones plurales de una multitud sorprendente, imprevisible y poco organizada. Los habitantes de la favela Rocinha bajan al millonario barrio de Leblon con un grito contra el “genocidio negro”. Los habitantes de la Zona Sul – históricamente de clase media – dialogan horizontalmente en la Asamblea Popular Zona Sul 3.  Los taxistas bocinan en solidaridad cuando se encuentran con cualquier pequeña manifestación. Los habitantes del conjunto de favelas Complexo do Alemão han creado el movimiento Ocupa Alemão. Los ciudadanos colocan hojas y denuncias en las ventanas de los autobuses, incentivados por el movimiento Ocupa ônibus (ocupa autobús). Y miles de adolescentes enmascarados están resignificando los históricos grupos Black Bloc anticapitalistas. ¿Qué está pasando en Río de Janeiro? A continuación seis estampas cariocas registradas entre los días 15 y 29 de agosto en Río de Janeiro.

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Tumba simbólica en frente de la casa de Sérgio Cabral, Gobernador de Río de Janeiro. Foto: Bernardo Gutiérrez

La tumba del Gobernador. 16.00 horas, martes 27 de agosto,  esquina de la calle Aristides Espínola con la Avenida Delfim Moreira., en el selecto barrio de Leblon. Un frío helado golpea las tiendas de campaña de #OcupaCabral del “movimiento de jóvenes políticos supra-partidistas” que hace casi cuarenta días acampan en frente de la casa de Sergio Cabral, Gobernador del Estado de Río de Janeiro. A un lado, la playa. Al otro, un edificio blindado de policía. En medio, un centenar de personas con pancartas y tiendas de campaña. Los vecinos de Santa Teresa se han acercado con su causa: el retorno del tranvía al barrio, tras dos años de abandono. “Los políticos quieren instalar un tranvía para turistas, caro. El consorcio es corrupto”, asegura la activista Débora Lerrer. Un taxista pasa bocinando. Muestra un cartelito: #ForaCabral. Fuera Cabral. Abajo el Gobernador. El conservador Sergio Cabral, del Partido do Movimento Democrático Brasileiro (PMDB), aliado histórico de Lula y el Partido de los Trabajadores (PT), se ha convertido en el epicentro de la lucha en Río de Janeiro. En el #ForaCabral cabe todo. El grito contra la especulación inmobiliaria. Contra la carestía de la vida. Contra la violencia policial. Contra los desaparecidos (15 personas desaparecen al día en Río). Un cartel – “¿dónde está Amarildo?” – recuerda la desaparición del obrero Amarildo Dias de Souza desde el día 14 de julio.

Rafael – un joven enmascarado – asegura que seguirán acampados hasta que el “Gobernador dimita”.  La policía se pone tensa. Empujones. Jóvenes armados de móviles les apuntan. Luces, cámaras, ¡streaming! En el suelo, un cartel empapado en solidaridad con la lucha contra el Gobernador en São Paulo (Geraldo Alckmin). Otro consenso roto: los antagonismos regionales. Ya ha habido manifestaciones en São Paulo contra el gobernador de Río. Y viceversa. #OcupaCabral es un símbolo del movimiento nacional. De la resistencia. Del nuevo empoderamiento en red. En #ocupacabral han ardido espantapájaros con el nombre de Sergio Cabral. Y es la casa / espacio de todos. El juez João Batista Damasceno, amenazado de muerte, realizó en #OcupaCabral una clase pública sobre Derechos de los Manifestantes y Límites de la Acción policial con streaming a todo gas. Y la presión va haciendo efecto. Sérgio Cabral, que se vio forzado a afirmar públicamente que “no es un dictador”, ya tiene otro apartamento en la ciudad. Pero hasta su casa de París, donde se escapa con frecuencia, ha sido objetivo de escraches. Resultado: Cabral ya estudia cuando dejar el Gobierno.

Una tumba simbólica, a unos veinte metros de la acampada de #ocupacabral, sirve de metáfora. Una frase: “Aquí yace el Gobierno de Sérgio Cabral”. Una foto: el Gobernador con bigotillo a lo Hitler. Y una gallina (de plástico) muerta, todo un guiño de ritual afro.

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Eduardo Paes (alcalde de Río de Janeiro) y Sérgio Cabral (Gobernador), amenazando al Cristo Redentor. 

“Yo resiste, tú resistes, nosotros resistimos, ellos desisten”. Nunca las paredes de Río de Janeiro habían hablado tanto. Nunca habían sido tan políticas. Rio solía identificarse con las icónicas rimas del Profeta Gentileza que todavía impregnan la zona portuaria (“Gentileza genera gentileza”). Desde el Junio brasileño, las paredes gritan. Una creciente pixação (un graffiti básico con una frase) y carteles varipintos se rebelan con irreverencia: #ForaCabral, #VemPraRua, Cadê Amarildo? o Haz la revolución pero  busca la información.  Não vai ter Copa (no va a haber Mundial de Fútbol) es uno de los más repetidos.  Pero nadie como el  Coletivo Projectação para captar el espíritu de las revueltas.  Su lema: “Luz en movimiento para transformar el caos.  Su arma: un proyector. Y frases contundentes que ocupan, invaden, corroen todas las superficies. Están en todas partes. En cada manifestación. Proyectan de forma infatigable: “Globo Sonega” (Globo no paga impuestos) en la sede de la Rede Globo, “Rio de Janeiro is on sale” en el Museu de Arte de Rio mientras los políticos lo visitan o “Transporte público no puede generar lucro” sobre los autobuses urbanos. Proyectan, luego existen. Dan voz al subsconciente colectivo.  Y crean, a diario, el imaginario de la ciudad insurrecta, con frases como: “Yo resisto, tú resistes, nosotros resistimos, ellos desisten”.

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Miembros del colectivo Baratox, desinfectando el pleno municipal. Foto: Mídia Ninja

Control de plagas políticas. 09.30 horas. 22 de julio.  Un grito inunda la Câmara Municipal (pleno municipal) de Río de Janeiro: “No, no, no me representan”. Regresa reforzado por el eco y una indignación colectiva. Un centenar de ciudadanos entona una frase que circula por el mundo desde el 15M español en mayo del 2011. La escena es especialmente simbólica: la multitud grita “no me representan” de espaldas a los políticos que se disponen a inaugurar la sesión de la polémica “CPI dos ônibus” (la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) de los autobuses).  La CPI, que pretende apurar la corrupción en las concesiones públicas, a empresa de transporte privadas nació torcida: cuatro de los cinco miembros son de la base aliada del alcalde Eduardo Paes.  Los gritos arrecian. Cánticos: “el pueblo unido, jamás será vencido”.  Jóvenes haciendo streaming. Y alguien lanza un zapato al pleno. Una docena de personas lucen las camisetas amarillas del colectivo Baratox, “control de plagas políticas”. Lanzan al aire billetes de la República de los Niños de Brasil. Imitan los billetes de real y contienen un aviso: sin valor. Además, algunas personas llevan máscaras de concejales como Chiquinho Brazão (presidente de la comisión).

Antes de entrar al pleno, el colectivo Baratox desinfectó simbólicamente el edificio.  Y bailaron teatralmente canciones como La cucaracha. Barata, que significa cucaracha en portugués, es el apellido de Jacob Barata, conocido como “el rey de los autobuses”. El colectivo Baratox nació/creció como continuación del escrache que tuvo lugar en el Copacaba Palace durante la boda de Beatriz, la nieta del rey de los autobuses. “Nuestra acción teatral hace que caiga la máscara de esta farsa de la CPI”, asegura Isabel (nombre ficticio), del colectivo Baratox. El ambiente se encrespa. Al otro lado del pleno, un grupo de defensores de Brazão, grita e intenta agredir a una persona. “Son milicianos (paramilitares), han cobrado 250 reales (80 euros) para aplaudir la CPI”, dice una de las personas del público. Cánticos: “son mi-liii-ciii-aaaa-nooosssss”. La CPI se suspende. El caos reina en la salida. Y , ya en la calle, los “supuestos” paramilitares agreden a los manifestantes.

Maria de Lourdes Silva, una mujer negra que está acampada en la puerta de la Câmara, asiste al espectáculo sin entender mucho. “Fui desalojada de mi casa. Por eso estoy aquí acampada”, matiza. Como ella, una buena parte del centenar de acampados, denuncia la especulación inmobiliaria y los desalojos. “El transporte también nos importa, claro”, dice María de Lourdes.  Algunos carteles de la acampada recuerdan la violencia (“cadê o Amarildo?”) o el odio a los medios (“La Rede GLobo apoyó la dictadura”). Mientras algunos miembros escenifican la desinfección de autobuses en la calle, una pancarta recoge el subsconsciente de la Ciudad Maravillosa, versión ciudad rebelde: “No va a haber Copa ni Olimpiada”.

Vídeo de un participante en la reunión del Movimiento Passe Livre en Río de Janeiro. 

El funk del “passe livre”. Un autobús urbano circula por el barrio de Tijuca. Destino: la reunión abierta del Movimiento Passe Livre que encendió las revueltas de Brasil en la La Universidad Estadual de Río de Janeiro (UERJ). El cobrador entra en una conversación poco probable hace unos meses. Critica el tráfico urbano. Y al alcalde.  Y al Gobernador. “La situación en el transporte público es desastrosa hasta para nosotros, nuestros salarios bajos”, afirma. Confiesa que tiene Facebook y Twitter: “No he ido a mucha manifestación, tengo niños, pero apoyo en las redes sociales”. Pablo de Soto, un arquitecto y activista español que hace su doctorado en Río de Janeiro, le explica cómo se fraguó la resistencia común en la plaza Taksin de Estambul. “En las calles de Río se escuchó el grito “Brasil va a ser otra Turquía. Hay que hacer lo mismo aquí”, dice Pablo. El cobrador sonríe.

La sala de la UERJ habilitada para el encuentro del Movimiento Passe Livre (MPL) está abarrotada. La Universidad en Brasil, en palabras  del reconocido ciberinvestigador Fabio Malini, “está acogiendo muchas asambleas porque es un espacio de libertad donde la Policía Militar no puede interferir como hace en las plazas”. La presentación comienza. Por la pantalla desfilan revueltas históricas alrededor del transporte: Revolta do Vintém (Río de Janeiro, 1879), Revolta das Barcas (Niterói, 1959), Revolta do Buzú (Salvador de Bahía, 2003), Planka (Escandinavia, 2011)… Por las mesas circula un panfleto con el título Por uma vida sem catracas (por una vida sin torniquetes), uno de los grandes imaginarios de las revueltas, intensamente remezclado. #MídiaSemCatracas, #EdudaçãoSemCatracas. En el debate posterior, mucha gente ni siquiera dice su nombre. Simplemente hablan. “Lo increíble ha sido el consenso de la espontaneidad de las protestas”, dice un joven con una camiseta de la Comuna de París. “Están criminalizando el movimiento para disiparlo”, matiza Marcelo, del Estado nordestino de Ceará. Una mujer del MPL responde a una pregunta de forma categórica: “El Passe Livre no tiene el monopolio de la lucha. No somos exclusivistas”. De repente, un joven se levanta y afirma que quiere cantar un funk carioca (estilo bastardo y políticamente incorrecto surgido en las favelas de Río). Y canta: “que se joda la Copa, la FIFA no va a mandar aquí, yo quiero pase libre, salud y educación…. (ver vídeo)”

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Aldeia Maracanã, en las proximidades del estadio Maracanã de Rio de Janeiro.

Maracanã, asamblea indígena. “Necesitamos ayuda económica, estamos solos, con demasiados gastos”. La asamblea del Largouna de  la docena de asambleas populares que tras las protestas se reúnen semanalmente en Río de Janeiro – recibe la visita de varios indígenas de la Aldeia Maracanã, la ocupación indígena instalada en el antiguo museo del indio, impidiendo que los Gobiernos de Río lo derrumben. La resistencia de varios miembros de las etnias pataxós, tukanos, apurinãs e guajajaras se ha convertido en un icono desde las manifestaciones de junio. El intento de tumbar el antiguo museo del indio para facilitar la salida del estadio de fútbol Maracanã es otro de los motivos de indignación de los cariocas. La Aldeia Maracanã también celebra asambleas horizontales. Y su lucha por el bien común conecta directamente con el grito plural de las calles de Río. Y con la lucha colectiva del estadio Maracanã que el Gobierno de Río quiere privatizar. Y con las revueltas en red planetarias. El artículo Ni del Estado ni del mercado, el Maraca es nuestro, de Alexandre Mendes, imagina una gestión común del mítico estadio, relacionándolo con la gestión colectiva indígena y con guiños a la plaza Taksim de Estambul.

La Asamblea del Largo no dialogaba con la Aldeia Maracanã de forma oficial hasta hace unas semanas.  Jõao Neto, participante de la asamblea del Largo, comunicó en la sesión del 20 de agosto que había hecho el primer contacto. La presencia de los líderes indígenas en la presente asamblea (27) monopoliza las atenciones. “Podemos organizar una campaña de crowd funding en apoyo y ayudar en las redes”, asegura Manuela Allo, del Grupo de Comunicación. Las redes, de hecho, ya están pidiendo donaciones para la Aldeia Maracanã. Incluso Anonymous Rio – que  remezclaron en clave indígena su máscara – está apoyando la campaña.

La conversación fluye. Turnos de palabras, gestos pactados. Muy diferente a la reunión que en estos momentos se celebra dentro del Instituto de Filosofía y Ciencias Sociales (IFCS), a unos metros de la asamblea. “Usan mesas, jerarquías. Por eso salimos de la plenaria del IFCS, por su formato. Preferimos la plaza”, afirma Marina (nombre ficticio). El ambiente está enrarecido. Mucha gente está pendiente de la marcha hacia el Palacio de Guanabara (Gobierno). “Hay cargas policiales en Laranjeiras”, dice alguien. Varias personas ponen rumbo al palacio del Gobernador de Río, que está siendo rodeado por los manifestantes.

Violencia policial en el barrio de Lapa, durante la noche del 27 de julio. 

Black Blocs vs violencia. 27 de julio. Rua das Laranjeiras. 22.00 horas. Arden algunos contenedores. Una multitud corre hacia el Largo do Machado. Algunas sucursales de banco tienen los escaparates rotos. La calle es un mar de bolsas de basura. Rua de Janeiro, versión apocalipsis. Alberto (nombre ficticio), un joven que filma las manifestaciones, relata cómo empezó todo. La Policía Militar (PM) detuvo a un manifestante en el Largo do Machado, antes de que la multitud emprendiese rumbo al Palacio Guanabara (Gobierno). Justo después, un policía usó gas lacrimógeno contra una persona. Y el Black Bloc entró en acción. La crónica de una batalla anunciada se leería en los medios en unas horas: confrontos entre los Blac Bloc contra la Tropa de Choque de la Policía Militar.

La estrategia del poder en Brasil ha cambiado en el último mes: identificar al movimiento plural y cívico que todavía agita todo Brasil con los grupos Black Bloc. La ultra conservadora revista VEJA hizo una portada criminalizando “a la banda de las caras tapadas” e incluso vinculando Black Blocs  a “movimientos decadentes como el Movimiento de los Trabajadores Sem Terra (MST)”. El reportaje provocó que Emma, una black bloc de #ocupacabral confesase su pasado: “fui educada para ser una pija idiota, (…) salí de casa a los 16 años para vivir en una favela (…), paré de trabajar por desobediencia civil) (aquí una entrevista de vídeo). Sin embargo, los Gobiernos de izquierda de Brasil y el entorno del Partido de los Trabajadores (PT) también están identificando las manifestaciones con Black Bloc de la misma manera que intentaron asociar Anonymous con la derecha. Incluso la filósofa Marilena Chaui, un icono izquierdista, manifestó recientemente que los “Blac Bloc actúan por inspiración fascista”.

“Aquí los blac bloc son diferentes. Desde que aparecieran en Alemania o incluso en la batalla de Seattle, han pasado muchas cosas, entre ellas Anonymous”, afirma Bruno Cava, investigador de la Universidad Nómada. La máscara, afirma Bruno, también protege la seguridad personal, “algo importante en un país con tanta violencia policial”. Charlar en la calle con miembros de Blac Blocs de Rio de Janeiro cuestiona bastante la versiones criminalizadoras. Algunas frases sueltas: “somos autónomos, anticapitalistas, horizontales” (…), huimos del personalismo y de los lideratos personales (…), protegemos a los manifestantes de la violencia policial, (…) atacamos objetivos concretos como bancos, (…), denunciamos la violencia por la violencia”. El vídeo  grabado por un Black Bloc durante la noche del 27 de julio, que muestra como varios policías apalean a una joven en el barrio de Lapa, deja en el aire una frase: las fuerzas policiales suelen comenzar el enfrentamiento con los Blac Bloc (y no al contrario).

¿Qué pasará en los próximos años en Rua de Janeiro, la rebelde ciudad olímpica? El mismísimo COI tiene un informe que revela que la Olimpiadas en Río de Janeiro están en riesgo. De momento, el Gobierno de Río de Janeiro – como otros de Brasil – han prohibido el uso de cualquier tipo de máscaras o pasamontañas en las manifestaciones. La polémica está servida. Muchos perfiles de Facebook ya esconden su cara. Y hay incluso bailes de carnaval en el espacio público para protestar contra la medida.

Innovación ciudadana para reinventar la política

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¿Es lo mismo innovación social que innovación ciudadana? ¿Sería la inteligencia ciudadana la versión más práctica de la denominada inteligencia colectiva? ¿Cómo incentivar procesos abiertos de participación ciudadana? Para resolver estas preguntas y profundizar en la participación ciudadana, el Proyecto Ciudadanía 2.0 de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) ha puesto en marcha un proceso denominado Innovación Ciudadana, que pretende impulsar la participación de ciudadanos en iniciativas innovadoras en política. El proyecto, pensado para incentivar diálogo entre redes, empresas, ciudadanos y Gobiernos, pretende renovar y ampliar incluso la definición de política.

Tengo el honor de participar en el proyecto / proceso, como fundador de la red Futura Media,  en un equipo de trabajo multidisciplinar, transversal e internacional. La primera cita tiene lugar esta semana, miércoles día 11 de septiembre, en la ciudad brasileña de São Paulo. El primer acometido es redactar una carta de propuestas para fomentar la innovación ciudadana en los países de la región iberoamericana que será entregada a las Jefas y Jefes de Estado en la próxima Cumbre Iberoamericana a celebrarse el 16 de octubre en Panamá. El objetivo es ambicioso: crear una agenda común, participativa y transversal para los próximos cinco años.

El equipo de Innovación ciudadana ha puesto en marcha el proceso con un documento online colaborativo, en el que los participantes y cualquier ciudadano responde a diferentes preguntas. De momento, se han formulado seis preguntas. A continuación, publico las respuestas que he colocado a título personal en dicho documento. Respuestas en beta, en construcción, imperfectas, que pretenden incentivar un poco más el diálogo sobre el proceso de innovación ciudadana.  Vale la pena leer las respuestas de los participantes y de algunos ciudadanos a las diferentes preguntas.

Pregunta 1 // ¿Qué acciones se pueden impulsar para identificar, poner en valor e intercambiar experiencias de proyectos que la ciudadanía ya está haciendo desde una perspectiva bottom-up?

El papel del Estado, en la era red, está en plena mutación. El Estado y las instituciones ya no deberían apostar por políticas paternalistas, top down y de código cerrado (sin posibilidad de cambio a lo largo del proceso). Las instituciones públicas deberían intentar ser plataformas, cajas de herramientas, espacios de diálogo abiertos. La dificultad reside en que, efectivamente, la innovación ciudadana puede ocurrir en otras plataformas, lugares y procesos ajenos a las instituciones. Los espacios de diálogo y construcción política del Estado y de la mayoría de las instituciones ya no son los únicos en los que existe interacción / innovación ciudadana. La política, los actos de ciudadanía, ocurren en nuevos espacios más dinámicos, flexibles, rotativos. Ocurren lejos de parlamentos estáticos e instituciones lineales con un “dentro” y un “afuera”. El concepto “extitución” que define una institución líquida, sin dentro ni afuera, más proceso abierto que política estática, es una bella provocación.

No adelanta que un Estado o institución cree un conjunto de herramientas digitales, por ejemplo, si no existe una comunidad de práctica, un hábito democrático, accesibilidad y necesidad de las mismas. Por ello, las instituciones deberían tener menos prejuicios a la hora de incorporarse en procesos que excedan sus espacios físicos. Cuando existan comunidades de prácticas, herramientas u otras plataformas que estén ya al servicio del bien común, las instituciones deberían sumarse al proceso sin intentar liderar ni dirigir el mismo. Deberían empoderar a la ciudadanía con la creación de plataformas orientadas al bien común que sean realmente necesarias y pertinentes. Además, deberían incorporar a sus prácticas y/o apoyar, sin monopolizar, las plataformas, herramientas y procesos surgidos de la ciudadanía.

Pregunta 2 // ¿Qué acciones, canales y herramientas podrían desarrollar los gobiernos para fomentar la innovación ciudadana?

Las instituciones deben aproximarse poco a poco a dos imaginarios:

1) La democracia en tiempo real (temporalidad).
2) La democracia distribuida (espacialidad).

La llegada de la geolocalización, del WI-FI y de la conexión de aparatos móviles incluso al margen de Internet facilitan la participación ciudadana en cualquier proceso. Sin embargo, la democracia en red y la participación no deberían estar limitadas a ámbitos y herramientas digitales. El componente territorial es de vital importancia. Por ello, quizá la pregunta debería completarse: ¿Qué acciones, canales, herramientas y procesos podrían ser desarrollados para fomentar la innovación ciudadana?
En la era de los makers – usuarios de impresoras 3D que construyen de forma colectiva y abierta todo tipo de objetos y dispositivos – las instituciones no deberían ser los únicos actores encargados de “desarrollar” acciones, canales y herramientas. Habilitar espacios de encuentro para la ciudadanía o aportar tecnología y recursos para el bien común deberían ser ejes de acción. Facilitar la co-creación de plataformas y herramientas debería ser uno de los acometidos de las instituciones.

Por otro lado, no existirá la innovación ciudadana si el proceso no se comparte de alguna manera. El proceso WikiBrest (Francia), en el que la innovación social es híbrida (digital y analógico), es un buen ejemplo. La plataforma Incoma.org, que facilita el diálogo coral, es otra inspiración para la era de los procesos compartidos.

Pregunta 3 // ¿Cómo las empresas pueden implementar esquemas de responsabilidad social enfocada a la innovación ciudadana?

El concepto de responsabilidad social está totalmente desactualizado. Fue acuñado en el resurgimiento neoliberal de los años ochenta y noventa. La responsabilidad social se convirtió en un artilugio para perpetuar la explotación laboral, los abusos medioambientales y prácticas poco éticas de las multinacionales. Fue siempre una herramienta de maquillaje para legitimar marcas o limpiar imágenes. En la era red, en la que el mismísimo marketing está en plena decadencia / mutación, el mejor branding de una marca, su mejor imagen, debería ser la orientación de sus acciones al bien común. La responsabilidad social debería ser sustituida por la orientación de una empresa hacia la economía del bien común de la que habla Christian Felber. Una economía en la que el proceso de producción esté basado en la lógica del código abierto, en la participación, en el fomento de comunidades locales de makers que primen la producción local frente a la producción descentralizada y ecológicamente insostenible de la globalización. Los productos deberían ser procesos compartidos, basados en la transparencia y en el empoderamiento de los usuarios. Transformar las marcas en plataformas abiertas y redistribuir beneficios en prácticas comunitarias y colectivas orientadas al bien común es la mejor fábrica de innovación ciudadana.

Pregunta 4 // ¿De qué forma las instituciones pueden adaptarse al trabajo en red y a la utilización de tecnologías digitales por parte de la ciudadanía?

Tendría dos lados. Por un lado, las instituciones necesitan adaptarse a las tecnologías que facilitan la colaboración. Trabajar un algo tan simple como un google doc compartido (mejor aún si es tecnología libre y no propietaria) supone un cambio radical en el flujo de trabajo. El uso de tecnologías abiertas y de herramientas que incentivan el trabajo en red irá cambiando lentamente la actitud de las instituciones. El trabajo de red es más una actitud que una tecnología. En segundo lugar, la adaptación más compleja es aquella que requiere la incorporación al diálogo de la ciudadanía y la inteligencia colectiva. En este sentido, la mera suma de un conjunto de herramientas digitales nunca va a resolver el dilema de la participación ciudadana. Mucho menos, va a activar la innovación ciudadana. Como recoge el Manifiesto Crowd, “agregar y filtrar opiniones individuales es solo una forma primaria de crowdsourcing que permite atacar problemas simples”. El punto cinco de dicho manifiesto sería un buen punto de partida: “Los problemas complejos e indefinidos precisan comunidades de práctica en un entorno procomún para generar verdadera inteligencia colectiva”. Sin las comunidades de práctica orientadas al bien común no va a existir un diálogo instituciones-sociedad apropiado. Por eso, la presencia de gigantes de la tecnología con intereses propios puede llegar a ser un problema en la co-creación de procesos de trabajo de red.

Pregunta 5 // ¿Con qué herramientas, y bajo qué modos de organización los colectivos sociales actualmente pueden generar innovación ciudadana?

El hecho de utilizar una herramienta u otra no determina el buen funcionamiento de un sistema ni implica la creación de procesos abiertos. El uso que una comunidad de a determinada herramienta puede modificar incluso el funcionamiento de la misma. Twitter es la herramienta más utilizada en el activismo y no fue planeada para ello. El funcionamiento de un ecosistema social o ciudadano va a depender de los tipos de organización y/o procesos. No creo que exista un único modelo de organización para generar innovación ciudadana. Pueden existir incluso redes poco horizontales que faciliten o activen procesos de inteligencia colectiva. Sin embargo, sí que creo que cuanto más abierta se una organización, cuanto más conexión exista entre sus diferentes nodos y cuanta más autonomía tengan determinados nodos a la hora de tomar decisiones mejor será a la hora de provocar innovación ciudadana. En los últimos tiempos estamos viendo muchos casos de procesos bottom up (de abajo arriba) profundamente innovadores. El Campo de la Cebada en Madrid o el Istanbul Polis Hareketleri (Mapa de la Mobilidad de la Policía de Estanbul) son dos buenos ejemplos.
Como formato de organización a mí me gusta mucho el concepto de adhocracia. Su definición podría ser la siguiente: “Sistema no jerárquico, horizontal, participativo y flexible donde todos los miembros tienen capacidad de tomar decisiones que afecten al conjunto. Es una palabra híbrida entre ad-hoc (aquí y ahora) y el sufijo cracia (poder) y suele entenderse como algo antagónico a burocracia”. La innovación de los movimientos será siempre transversal, no lineal y difícil de ser categorizada. Los contextos culturales y diferentes entornos físicos tienen una gran influencia. La fórmula cerrada para la innovación ciudadana o para el buen funcionamiento de colectivos no existe.

Pregunta 6 // ¿Cuáles serán los nuevos aportes de los medios digitales al ejercicio de la ciudadanía?

Creo que es necesario aclarar que el concepto de red no es sinónimo de medio digital ni de formato digital. La red existe en la naturaleza, en la química, en la física, en el mundo animal. Desde los medios se insiste en relacionar superficialmente red social con algunas herramientas y/o plataformas como Facebook o Twitter. Sin embargo, la red puede ser absolutamente analógica. La red está basada, entre otras cosas, en la información compartida de un conjunto de nodos. Nodos que pueden estar relacionados de muchas formas diferentes, a través de procesos y protocolos distintos. Tejer red siempre será más importante que fabricar medios o herramientas digitales.
Por eso es interesante rescatar la ya remota cita de Ted Nelson de los años sesenta, “nuestro cuerpo es el hardware, nuestro comportamiento es software”. Todo ello para decir que construir un conjunto de herramientas o medios digitales para la ciudadanía puede ser irrelevante si no se trabaja en los procesos y comportamientos, en el software. Cuanto más abierto y participativo sea el software que rija la relación entre las instituciones (plataformas) y nodos (ciudadanos) mejor será el uso de los medios digitales. De cualquier manera, la participación debe cocinarse en ambientes híbridos, donde lo analógico y lo digital convivan sin ser excluyentes.