Un manifiesto posperiodístico

Para algunos, los periódicos de papel están marcados para morir. El estudio elaborado por Ross Dawson creó una línea del tiempo con la fecha exacta de fallecimiento de los diarios en cada país. En 2017 se extinguirá el último periódico en Estados Unidos. En 2031 no habrá diarios en Japón. En torno a 2040 no quedarán periódicos impresos en África. Para muchos, la comparación es inevitable: si desaparecen los periódicos muere el periodismo. Los agoreros aprovechan cada dato o informe para confirmar la crónica de una muerte anunciada. La prensa escrita es la industria que más decrece en Estados Unidos. Los medios se hunden en España: baja un 20% la facturación por publicidad. Sin papel no hay periodismo, piensan los que fabrican noticias como siempre lo hicieron.

Los augurios mortales contra los medios – o contra el periodismo-  vienen de lejos. El prestigioso pensador Jean Baudrillard, en su clásico Réquiem for the media, de 1972,  arremetía con el sistema de mass media unilateral y vertical. “Debemos entender la comunicación – escribía Baudrillard – como algo más que una simple transmisión-recepción del mensaje”. Informar no es comunicar. Pero la mayoría de los medios de comunicación continuaron en la senda de la transmisión-recepción del mensaje en la era de Internet. El medio es el mensaje, como diría Marshall McLuhan. El papel / pantalla es todo. Substituye al mensaje.

En 2005, Bruce Sterling, uno de los escritor más influyentes del cyberpunk, observando la inercia del viejo régimen informativo escribió el Dead Media Manifiesto (manifiesto de los medios muertos), “una guía para los paleontólogos de los medios”. Bruce (@bruces en Twitter) vislumbró entonces el suicidio de los medios: “Necesitamos un libro sobre los fallos de los medios, el colapso de los medios, un libro que detalle los horribles errores que debemos conocer para no repetirlos”. Su manifiesto, en esencia, no era tan diferente al réquiem mediático de Baudrillard: “El verdadero medio es una transmisión inmediata, dada y recibida, hablada y respondida, móvil en el mismo espacio y tiempo, recíproca y antagonista”.

Confieso que este post no existiría sin el texto Por un manifiesto posfotográfico de Joan Fontcuberta, en el que el artista catalán desguaza los cimientos de la vieja fotografía con fascinante naturalidad. Fontcuberta imagina cómo opera la “radical creación posfotográfica” en un mundo en el que “el artista se confunde con el curador, con el coleccionista, el docente, el historiador del arte, el teórico”. Ya no se trata de producir obras, afirma, “sino de prescribir sentidos”. Prevalece la circulación y gestión de la imagen, apunta, “sobre el contenido de la imagen”. Tras varias relecturas del texto de Fontcuberta, tras más de quince años de profesión, cambié la palabra “periodista” en mi perfil en Twitter por “posperiodista”. Y eso que tengo muy claro que el periodismo no va a morir. Nos encontramos ante una mutación semántica. La definición clásica de periodismo ya no sirve. Tal vez sobreviva, enriquecida, en una nueva definición de “posperiodismo”. Un redefinición que describe otra realidad, otra práctica, otros hábitos. ¿Y cómo opera la radical creación del posperiodismo? Intentaré imaginar una especie de hardware posperiodístico en un decálogo abierto, remezclable y claramente mejorable colectivamente. Los siguientes puntos ya están colgados en un wikidocumento en PiratePad. Cualquiera puede rescribir este manifiesto posperiodístico.

1) La información pasa a ser un proceso compartido. Los productores de información incluyen a los lectores en la elaboración del contenido. Compartir en blogs, plataformas de vídeo o sites los detalles de cómo se ha elaborado un trabajo informativo es tan importante como el resultado final. El contenido llegará a ser un making of en tiempo real.

2) La definición de contenido evoluciona, crece, se amplia.Comentar una noticia, difundirla con un valor añadido (más contenido), remezclarla, es crear contenido. La adhesión (clickar en “Me gusta” en una red social) es otra nueva mutación del contenido. La edición pasa a considerarse una forma de autoría.

3) El posperiodista se confunde con el curator (comisario). Seleccionar el contenido relevante en la infoesfera de la sobreabundancia será una de sus principales tareas. Filtrar contenido será una de las labores del posperiodista.

4) Sobre el marco: tenemos que entender el posperiodismo como una estructura de código abierto en constante desarrollo. Nadie posee el periodismo. Cualquiera puede usarlo. Cualquiera puede mejorarlo. Cualquiera puede hackearlo.

5) La noticia – que no desaparecerá – deja de ser la unidad básica del posperiodismo. El flujo, un constante fluir de hechos, datos y declaraciones, pasa a ser la columna vertebral del posperiodismo. El fragmento pasa a ser la unidad mínima informativa. La información se convierte en un río compartido que incorpora fragmentos distribuidos elaborados por periodistas y lectores. El río convivirá con una estructura informativa descentralizada (archivo en beta) inspirada en la Wikipedia.  Algunos, camino insinuado por la P2P Foundation, preferirán añadir información al wikicuerpo de su marca que al río de flujos.

6) La información deja de ser un producto para ser una comunidad. En ocasiones, las comunidades girarán en torno al contenido generado por los posperiodistas. En otras, ellas mismas elaborarán su propio contenido. Los medios – con contenido propio o ajeno- pasan a ser una valiosa plataforma de interacciones.

7) La inmediatez pasa a ser considerada como un mero plug in o aplicación de algo mayor. Sin un sistema operativo, sin un gestor de contenidos, el plug in o aplicación informática es inservible. La inmediatez no es el epicentro del posperiodismo. La inteligencia colectiva de una ciudadanía armada de smart phones será el mejor aliado (y no enemigo) del posperiodismo para entender la inmediatez. Buena parte de las fuentes clásicas serán devoradas por esa inteligencia colectiva en tiempo real.

8) El posperiodismo prescribe sentidos a hechos ya conocidos. El lector descubrirá cada día menos noticias en las marcas informativas. Entenderá gracias a las marcas informativas, eso sí, los fragmentos ya conocidos. Por eso no basta con informar. No basta con comunicarse con los lectores. Explicar, analizar y contextualizar son características que se diluirán en todos los géneros narrativos.

9) Sobre la definición de relato: las historias se construyen con piezas de naturaleza diferente, con piezas superpuestas, con piezas moldeables. El relato adoptará nuevos e impredecibles formatos híbridos construidos con pedazos aparentemente inmezclables.

10) Sobre el eco del mensaje: prevalece la importancia de la circulación y de lo compartido. El mensaje será algo coral, distribuido, modificable, enriquecido y retroalimentado durante todo el ciclo de la comunicación. El eco – una nueva narración colectiva – se confundirá con el mensaje.

Mi web: bernardogutierrez.es Dirijo la consultora futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa

Anuncios

GarrafOn, inteligencia colectiva contra cubatas adulterados

 

Inteligencia colectiva contra los bares que adulteran bebidas destiladas. Tecnología compartida contra el impopular “garrafón”. Diego Lafuente acaba de lanzar GarrafON, una aplicación para teléfonos móviles que funcionan con sistema operativo Android. La aplicación permite que los usuarios compartan información, los bares más honestos (la ginebra es ginebra, el ron es ron) y denuncien los garrafOn places  más sonados.

¿Y cómo funciona? Un sistema de votación vinculado a la base de datos de Google Places, ofrece a los usuarios  información sobre qué bares sirven garrafón. Diego Lafuente  usó herramientas de código abierto, como un servidor basado en Linux (Debian) y  MOngoDB, y una base de datos NoSQL.

Código Abierto ha enviado un cuestionario a Diego Lafuente. Dado el interés y agudeza del entrevistado, lo reproduzco casi íntegro.

Código Abierto. ¿Como surgió la idea de CarrafON?

Diego Lafuente. Creo que todos hemos tenido la experiencia de ir a un bar, pedir una bebida de una marca que conocemos y que hemos bebido antes, y llevarnos la sorpresa de que nuestro paladar no la reconoce. De eso trata GarrafON. La idea en el fondo no es nueva, aunque el ámbito de aplicación sí que lo es. Ya existían herramientas para calificar la limpieza de un hotel o el sabor de una hamburguesa. Ahora también puedes opinar sobre las bebidas que te sirven. Y ayudar a otros con tu opinión. Creo que es importante que la aplicación sea móvil para que puedas votar en el momento que pides la copa. También puedes hacerlo con la resaca del día siguiente, pero hay que recordar que la causa de las resacas es el alcohol, no el alcohol adulterado (aunque éste último potencie el efecto). Prefiero que la gente vote cuando prueba la copa que al día siguiente. El voto es más fiable. Aunque los bares y las marcas niegan que adulteren o compren bebida adulterada, lo cierto es que muchas veces, la misma marca de bebida sabe distinto en distintos sitios. ¿Son las marcas? ¿es el distribuidor? ¿son los propios bares? ¿es el hielo industrial? Ni lo sabemos ni nos importa. Nos importa el consumidor, y queremos ayudarle a elegir basándonos en las opiniones de los demás.

 

Código Abierto. ¿Cuál es el objetivo final?

Diego Lafuente. El objetivo de GarrafON es ése: construir un mapa de esas diferencias de sabor de la misma marca de bebida en distintos sitios. Recogemos la opinión de la gente, y se la ofrecemos a otros usuarios por si les es de utilidad. Y cada uno lo usa (o no) libremente. SEsto ya se hace en muchos otros ámbitos (restaurantes, actividades turísticas, películas), y no se hacía en este sector en particular. Es utilizar la inteligencia colectiva para tener más criterio de elección. Algo nuevo en este sector, pero utilizado ya en muchos otros. Muy importante: nosotros distinguimos tipos de bebida y marcas, porque en algunos sitios el beffeater está bueno, y el Ballantines sabe a Cristasol. Además del mapa del garrafón, queremos construir también el mapa de los precios de las copas en España. Así el consumidor tendrá una evaluación de la calidad/precio de una bebida antes de entrar al bar. Podrá buscar de manera instantánea bares a su alrededor basándose en el precio, en la calidad de lo que él bebe (de nuevo la importancia de distinguir por tipo de bebida y marca), o en una combinación de ambos.

Código Abierto. ¿Es una iniciativa que pretende sacar rentabilidad o simplemente prestar un servicio público?

Diego Lafuente. Un servicio público. Y el primer beneficiado soy yo. Me gusta salir de copas y conocer sitios nuevos, y soy el primero en consultar GarrafON antes de entrar en un bar. La app la hemos hecho entre mi primo Juan Lafuente y yo. Ambos tenemos otro trabajo que nos ocupa la mayor parte del tiempo. Éste es nuestro “proyecto del 20%”, que hemos hecho por las noches y durante los fines de semana. La app es gratis y siempre lo será. La de iPhone, que saldrá en breve, también será gratis. Hemos utilizado SW libre para la parte servidor (Debian Linux y MongoDB), y el único gasto que tenemos (el tiempo que hemos echado en hacerla no es un gasto, es una inversión;-)) es el de alquiler del servidor, pero estamos felices de asumirlo. No nos importa invertir en que esto funcione. Quizá en un futuro pensaremos en la forma de cubrir los gastos de servidor con alguna fuente de ingresos. Por ahora estamos concentrados en mejorar la app.

Código Abierto. En una era de personas interconectadas con smart phones. ¿Los ciudadanos se pueden convertir en las famosas multitudes inteligentes de Howard Rheingold, en un lobby de presión?

Diego Lafuente. Definitivamente. Y el mejor ejemplo de que esto es así son iniciativas como Actuable.es o Change.org que permite a cualquiera crear un lobby de presión para cambiar las cosas. O si no que se lo pregunten a Mubarak.

Código Abierto. ¿La horizontalidad acabará con, por ejemplo, los críticos de bares y restaurantes?

Diego Lafuente. Yo creo que no. La horizontalidad suma, no sustituye. Antiguamente la autoridad sobre un tema residía en las manos de unos pocos. Los críticos de cine tenían la autoridad en exclusiva para opinar sobre las películas, y el resto los leíamos y les hacíamos caso, o no. No es que el resto no pudiese opinar sobre cine, pero era muy difícil hacer llegar tu opinión a los demás. La horizontalidad introduce una nueva autoridad, que es la comunidad de usuarios, que compite con la autoridad antigua, pero no la sustiuye necesariamente. Otro ejemplo: Lonely Planet es una autoridad en el mundo de los viajes y mucha gente se fía a ciegas de lo que pone en sus guías. Esta reputación se la han ganado a base de hacer un excelente trabajo, claro está. TripAdvisor es el concepto contrario: la autoridad es el viajero, y construye sus guías a traves de las opiniones de la gente. A día de hoy, ambas iniciativas conviven, y a las dos les va muy bien. Hay otro ejemplo en el que la horizontalidad ha sido tan fuerte que ha sustituido a la autoridad tradicional. Es Wikipedia vs Espasa-Calpe. Sinceramente no sé cómo está el mercado de enciclopedias tradicionales ahora mismo, pero en casa de los amigos de nuestros padres siempre hay una y en las de nuestros amigos nunca.

Código Abierto. Creo que Pierre Levy, uno de los papás del concepto de inteligencia colectiva, estará feliz con GarrafON. ¿Dónde le invitarías a un cubata?

Diego Lafuente. En la terraza del Hotel ADA, al principio de la Gran Vía. Ponen muy buenos gintonics y tienen la mejor vista de Madrid.


Botón rojo para regalos inteligentes


Imagina que cada vez que sientes una necesidad absurda de comprar un pantalón o un nuevo coche tienes un mecanismo sencillo que elimina el deseo. Imagínate un botoncito rojo en el teléfono móvil que puedes apretar cuando el consumismo facilón se apodera de ti. Un botón que cada vez que lo aprietas te comunica que has ahorrado, digamos 5 euros. Tan sencillo y extravagante mecanismo ya existe. Se llama Impulse saver. Y arrasa en nuestras antípodas físico-metafóricas, Nueva Zelanda. Lo curioso es que fue un banco, el Westpac, quien encargó a la agencia Colenso BBdo este inventillo de No Consumo. La campaña tenía un eslogan claro: Nueva Zelanda tiene un problema. Gastamos demasiado. 16,1 millones de dólares en consumismo impulsivo al día. ¿Para qué comprar cosas que no necesitamos con dinero que no tenemos? Parece lógico, ¿no? ¿Un juego de palos de golf para papá? No, botón rojo. ¿Nos casamos con un bodorrio de 16.500 euros (la media por boda en España? No, botón rojo (y abrimos una empresa).

Código Abierto, para estas tan entrañables fiestas, recomienda la estrategia del botón rojo. Aunque también, para los que regalan por verdadero placer, tenemos un plan B: que envuelvan los regalos con Infinit Loop, un proyecto que busca financiación en Goteo a través de crowd funding que mezcla inclusión social, sostenibilidad y tecnología (geolocalización). Con lo que ahorremos apretando el botón rojo de Impulse Saver en estos consumo-días recaudaríamos fácilmente los 6.000 que le faltan a Infinit Loop. Botón rojo para regalos inteligentes.