Rua de Janeiro: la cara rebelde de la ciudad olímpica

Ciudadanos de espaldas a los concejales de Río de Janeiro gritando “No me representan” (22/08/13). Vídeo completo de Leonardo Nabuco.

Subtítulo: Escraches, manifestaciones, ocupaciones de plenos, asambleas, acampadas en frente a la casa de gobernantes. Y una creciente represión policial. Río de Janeiro, la ciudad maravillosa, se transforma en el epicentro de las imprevisibles protestas que siguen agitando Brasil. Y se ha transformado en la metáfora perfecta de las ciudades rebeldes que preconiza David Harvey. 

“Hace unos meses, juntar a más de cincuenta personas por una causa política era algo imposible en Río de Janeiro”. La frase del fotógrafo y activista Pedro Víctor Brandão, en el actual contexto social de Río de Janeiro,  suena a ciencia ficción.  Antes de junio, el grito “Rio é Rua” (Río es calle) iba asociado a actividades lúdicas,  a playa abarrotada. Dos meses y medio después del coral #VemPraRua, Rio de Janeiro es Rua de Janeiro. Y rua significa política, manifestación, asambleas, escraches, acampadas, intervenciones artísticas, tensión policial. El grito “Não vai ter Copa” (no va a haber mundial de fútbol) todavía resuena en las intensas manifestaciones de la ciudad maravillosa.

Las protestas de junio han trastocado profundamente el código político social de Río de Janeiro. Una de las ciudades menos politizadas de Brasil vive en vilo, agitada  por 5 o 6 manifestaciones diarias.  Y algunas fronteras, muros y consensos van derrumbándose bajo las peticiones plurales de una multitud sorprendente, imprevisible y poco organizada. Los habitantes de la favela Rocinha bajan al millonario barrio de Leblon con un grito contra el “genocidio negro”. Los habitantes de la Zona Sul – históricamente de clase media – dialogan horizontalmente en la Asamblea Popular Zona Sul 3.  Los taxistas bocinan en solidaridad cuando se encuentran con cualquier pequeña manifestación. Los habitantes del conjunto de favelas Complexo do Alemão han creado el movimiento Ocupa Alemão. Los ciudadanos colocan hojas y denuncias en las ventanas de los autobuses, incentivados por el movimiento Ocupa ônibus (ocupa autobús). Y miles de adolescentes enmascarados están resignificando los históricos grupos Black Bloc anticapitalistas. ¿Qué está pasando en Río de Janeiro? A continuación seis estampas cariocas registradas entre los días 15 y 29 de agosto en Río de Janeiro.

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Tumba simbólica en frente de la casa de Sérgio Cabral, Gobernador de Río de Janeiro. Foto: Bernardo Gutiérrez

La tumba del Gobernador. 16.00 horas, martes 27 de agosto,  esquina de la calle Aristides Espínola con la Avenida Delfim Moreira., en el selecto barrio de Leblon. Un frío helado golpea las tiendas de campaña de #OcupaCabral del “movimiento de jóvenes políticos supra-partidistas” que hace casi cuarenta días acampan en frente de la casa de Sergio Cabral, Gobernador del Estado de Río de Janeiro. A un lado, la playa. Al otro, un edificio blindado de policía. En medio, un centenar de personas con pancartas y tiendas de campaña. Los vecinos de Santa Teresa se han acercado con su causa: el retorno del tranvía al barrio, tras dos años de abandono. “Los políticos quieren instalar un tranvía para turistas, caro. El consorcio es corrupto”, asegura la activista Débora Lerrer. Un taxista pasa bocinando. Muestra un cartelito: #ForaCabral. Fuera Cabral. Abajo el Gobernador. El conservador Sergio Cabral, del Partido do Movimento Democrático Brasileiro (PMDB), aliado histórico de Lula y el Partido de los Trabajadores (PT), se ha convertido en el epicentro de la lucha en Río de Janeiro. En el #ForaCabral cabe todo. El grito contra la especulación inmobiliaria. Contra la carestía de la vida. Contra la violencia policial. Contra los desaparecidos (15 personas desaparecen al día en Río). Un cartel – “¿dónde está Amarildo?” – recuerda la desaparición del obrero Amarildo Dias de Souza desde el día 14 de julio.

Rafael – un joven enmascarado – asegura que seguirán acampados hasta que el “Gobernador dimita”.  La policía se pone tensa. Empujones. Jóvenes armados de móviles les apuntan. Luces, cámaras, ¡streaming! En el suelo, un cartel empapado en solidaridad con la lucha contra el Gobernador en São Paulo (Geraldo Alckmin). Otro consenso roto: los antagonismos regionales. Ya ha habido manifestaciones en São Paulo contra el gobernador de Río. Y viceversa. #OcupaCabral es un símbolo del movimiento nacional. De la resistencia. Del nuevo empoderamiento en red. En #ocupacabral han ardido espantapájaros con el nombre de Sergio Cabral. Y es la casa / espacio de todos. El juez João Batista Damasceno, amenazado de muerte, realizó en #OcupaCabral una clase pública sobre Derechos de los Manifestantes y Límites de la Acción policial con streaming a todo gas. Y la presión va haciendo efecto. Sérgio Cabral, que se vio forzado a afirmar públicamente que “no es un dictador”, ya tiene otro apartamento en la ciudad. Pero hasta su casa de París, donde se escapa con frecuencia, ha sido objetivo de escraches. Resultado: Cabral ya estudia cuando dejar el Gobierno.

Una tumba simbólica, a unos veinte metros de la acampada de #ocupacabral, sirve de metáfora. Una frase: “Aquí yace el Gobierno de Sérgio Cabral”. Una foto: el Gobernador con bigotillo a lo Hitler. Y una gallina (de plástico) muerta, todo un guiño de ritual afro.

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Eduardo Paes (alcalde de Río de Janeiro) y Sérgio Cabral (Gobernador), amenazando al Cristo Redentor. 

“Yo resiste, tú resistes, nosotros resistimos, ellos desisten”. Nunca las paredes de Río de Janeiro habían hablado tanto. Nunca habían sido tan políticas. Rio solía identificarse con las icónicas rimas del Profeta Gentileza que todavía impregnan la zona portuaria (“Gentileza genera gentileza”). Desde el Junio brasileño, las paredes gritan. Una creciente pixação (un graffiti básico con una frase) y carteles varipintos se rebelan con irreverencia: #ForaCabral, #VemPraRua, Cadê Amarildo? o Haz la revolución pero  busca la información.  Não vai ter Copa (no va a haber Mundial de Fútbol) es uno de los más repetidos.  Pero nadie como el  Coletivo Projectação para captar el espíritu de las revueltas.  Su lema: “Luz en movimiento para transformar el caos.  Su arma: un proyector. Y frases contundentes que ocupan, invaden, corroen todas las superficies. Están en todas partes. En cada manifestación. Proyectan de forma infatigable: “Globo Sonega” (Globo no paga impuestos) en la sede de la Rede Globo, “Rio de Janeiro is on sale” en el Museu de Arte de Rio mientras los políticos lo visitan o “Transporte público no puede generar lucro” sobre los autobuses urbanos. Proyectan, luego existen. Dan voz al subsconciente colectivo.  Y crean, a diario, el imaginario de la ciudad insurrecta, con frases como: “Yo resisto, tú resistes, nosotros resistimos, ellos desisten”.

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Miembros del colectivo Baratox, desinfectando el pleno municipal. Foto: Mídia Ninja

Control de plagas políticas. 09.30 horas. 22 de julio.  Un grito inunda la Câmara Municipal (pleno municipal) de Río de Janeiro: “No, no, no me representan”. Regresa reforzado por el eco y una indignación colectiva. Un centenar de ciudadanos entona una frase que circula por el mundo desde el 15M español en mayo del 2011. La escena es especialmente simbólica: la multitud grita “no me representan” de espaldas a los políticos que se disponen a inaugurar la sesión de la polémica “CPI dos ônibus” (la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) de los autobuses).  La CPI, que pretende apurar la corrupción en las concesiones públicas, a empresa de transporte privadas nació torcida: cuatro de los cinco miembros son de la base aliada del alcalde Eduardo Paes.  Los gritos arrecian. Cánticos: “el pueblo unido, jamás será vencido”.  Jóvenes haciendo streaming. Y alguien lanza un zapato al pleno. Una docena de personas lucen las camisetas amarillas del colectivo Baratox, “control de plagas políticas”. Lanzan al aire billetes de la República de los Niños de Brasil. Imitan los billetes de real y contienen un aviso: sin valor. Además, algunas personas llevan máscaras de concejales como Chiquinho Brazão (presidente de la comisión).

Antes de entrar al pleno, el colectivo Baratox desinfectó simbólicamente el edificio.  Y bailaron teatralmente canciones como La cucaracha. Barata, que significa cucaracha en portugués, es el apellido de Jacob Barata, conocido como “el rey de los autobuses”. El colectivo Baratox nació/creció como continuación del escrache que tuvo lugar en el Copacaba Palace durante la boda de Beatriz, la nieta del rey de los autobuses. “Nuestra acción teatral hace que caiga la máscara de esta farsa de la CPI”, asegura Isabel (nombre ficticio), del colectivo Baratox. El ambiente se encrespa. Al otro lado del pleno, un grupo de defensores de Brazão, grita e intenta agredir a una persona. “Son milicianos (paramilitares), han cobrado 250 reales (80 euros) para aplaudir la CPI”, dice una de las personas del público. Cánticos: “son mi-liii-ciii-aaaa-nooosssss”. La CPI se suspende. El caos reina en la salida. Y , ya en la calle, los “supuestos” paramilitares agreden a los manifestantes.

Maria de Lourdes Silva, una mujer negra que está acampada en la puerta de la Câmara, asiste al espectáculo sin entender mucho. “Fui desalojada de mi casa. Por eso estoy aquí acampada”, matiza. Como ella, una buena parte del centenar de acampados, denuncia la especulación inmobiliaria y los desalojos. “El transporte también nos importa, claro”, dice María de Lourdes.  Algunos carteles de la acampada recuerdan la violencia (“cadê o Amarildo?”) o el odio a los medios (“La Rede GLobo apoyó la dictadura”). Mientras algunos miembros escenifican la desinfección de autobuses en la calle, una pancarta recoge el subsconsciente de la Ciudad Maravillosa, versión ciudad rebelde: “No va a haber Copa ni Olimpiada”.

Vídeo de un participante en la reunión del Movimiento Passe Livre en Río de Janeiro. 

El funk del “passe livre”. Un autobús urbano circula por el barrio de Tijuca. Destino: la reunión abierta del Movimiento Passe Livre que encendió las revueltas de Brasil en la La Universidad Estadual de Río de Janeiro (UERJ). El cobrador entra en una conversación poco probable hace unos meses. Critica el tráfico urbano. Y al alcalde.  Y al Gobernador. “La situación en el transporte público es desastrosa hasta para nosotros, nuestros salarios bajos”, afirma. Confiesa que tiene Facebook y Twitter: “No he ido a mucha manifestación, tengo niños, pero apoyo en las redes sociales”. Pablo de Soto, un arquitecto y activista español que hace su doctorado en Río de Janeiro, le explica cómo se fraguó la resistencia común en la plaza Taksin de Estambul. “En las calles de Río se escuchó el grito “Brasil va a ser otra Turquía. Hay que hacer lo mismo aquí”, dice Pablo. El cobrador sonríe.

La sala de la UERJ habilitada para el encuentro del Movimiento Passe Livre (MPL) está abarrotada. La Universidad en Brasil, en palabras  del reconocido ciberinvestigador Fabio Malini, “está acogiendo muchas asambleas porque es un espacio de libertad donde la Policía Militar no puede interferir como hace en las plazas”. La presentación comienza. Por la pantalla desfilan revueltas históricas alrededor del transporte: Revolta do Vintém (Río de Janeiro, 1879), Revolta das Barcas (Niterói, 1959), Revolta do Buzú (Salvador de Bahía, 2003), Planka (Escandinavia, 2011)… Por las mesas circula un panfleto con el título Por uma vida sem catracas (por una vida sin torniquetes), uno de los grandes imaginarios de las revueltas, intensamente remezclado. #MídiaSemCatracas, #EdudaçãoSemCatracas. En el debate posterior, mucha gente ni siquiera dice su nombre. Simplemente hablan. “Lo increíble ha sido el consenso de la espontaneidad de las protestas”, dice un joven con una camiseta de la Comuna de París. “Están criminalizando el movimiento para disiparlo”, matiza Marcelo, del Estado nordestino de Ceará. Una mujer del MPL responde a una pregunta de forma categórica: “El Passe Livre no tiene el monopolio de la lucha. No somos exclusivistas”. De repente, un joven se levanta y afirma que quiere cantar un funk carioca (estilo bastardo y políticamente incorrecto surgido en las favelas de Río). Y canta: “que se joda la Copa, la FIFA no va a mandar aquí, yo quiero pase libre, salud y educación…. (ver vídeo)”

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Aldeia Maracanã, en las proximidades del estadio Maracanã de Rio de Janeiro.

Maracanã, asamblea indígena. “Necesitamos ayuda económica, estamos solos, con demasiados gastos”. La asamblea del Largouna de  la docena de asambleas populares que tras las protestas se reúnen semanalmente en Río de Janeiro – recibe la visita de varios indígenas de la Aldeia Maracanã, la ocupación indígena instalada en el antiguo museo del indio, impidiendo que los Gobiernos de Río lo derrumben. La resistencia de varios miembros de las etnias pataxós, tukanos, apurinãs e guajajaras se ha convertido en un icono desde las manifestaciones de junio. El intento de tumbar el antiguo museo del indio para facilitar la salida del estadio de fútbol Maracanã es otro de los motivos de indignación de los cariocas. La Aldeia Maracanã también celebra asambleas horizontales. Y su lucha por el bien común conecta directamente con el grito plural de las calles de Río. Y con la lucha colectiva del estadio Maracanã que el Gobierno de Río quiere privatizar. Y con las revueltas en red planetarias. El artículo Ni del Estado ni del mercado, el Maraca es nuestro, de Alexandre Mendes, imagina una gestión común del mítico estadio, relacionándolo con la gestión colectiva indígena y con guiños a la plaza Taksim de Estambul.

La Asamblea del Largo no dialogaba con la Aldeia Maracanã de forma oficial hasta hace unas semanas.  Jõao Neto, participante de la asamblea del Largo, comunicó en la sesión del 20 de agosto que había hecho el primer contacto. La presencia de los líderes indígenas en la presente asamblea (27) monopoliza las atenciones. “Podemos organizar una campaña de crowd funding en apoyo y ayudar en las redes”, asegura Manuela Allo, del Grupo de Comunicación. Las redes, de hecho, ya están pidiendo donaciones para la Aldeia Maracanã. Incluso Anonymous Rio – que  remezclaron en clave indígena su máscara – está apoyando la campaña.

La conversación fluye. Turnos de palabras, gestos pactados. Muy diferente a la reunión que en estos momentos se celebra dentro del Instituto de Filosofía y Ciencias Sociales (IFCS), a unos metros de la asamblea. “Usan mesas, jerarquías. Por eso salimos de la plenaria del IFCS, por su formato. Preferimos la plaza”, afirma Marina (nombre ficticio). El ambiente está enrarecido. Mucha gente está pendiente de la marcha hacia el Palacio de Guanabara (Gobierno). “Hay cargas policiales en Laranjeiras”, dice alguien. Varias personas ponen rumbo al palacio del Gobernador de Río, que está siendo rodeado por los manifestantes.

Violencia policial en el barrio de Lapa, durante la noche del 27 de julio. 

Black Blocs vs violencia. 27 de julio. Rua das Laranjeiras. 22.00 horas. Arden algunos contenedores. Una multitud corre hacia el Largo do Machado. Algunas sucursales de banco tienen los escaparates rotos. La calle es un mar de bolsas de basura. Rua de Janeiro, versión apocalipsis. Alberto (nombre ficticio), un joven que filma las manifestaciones, relata cómo empezó todo. La Policía Militar (PM) detuvo a un manifestante en el Largo do Machado, antes de que la multitud emprendiese rumbo al Palacio Guanabara (Gobierno). Justo después, un policía usó gas lacrimógeno contra una persona. Y el Black Bloc entró en acción. La crónica de una batalla anunciada se leería en los medios en unas horas: confrontos entre los Blac Bloc contra la Tropa de Choque de la Policía Militar.

La estrategia del poder en Brasil ha cambiado en el último mes: identificar al movimiento plural y cívico que todavía agita todo Brasil con los grupos Black Bloc. La ultra conservadora revista VEJA hizo una portada criminalizando “a la banda de las caras tapadas” e incluso vinculando Black Blocs  a “movimientos decadentes como el Movimiento de los Trabajadores Sem Terra (MST)”. El reportaje provocó que Emma, una black bloc de #ocupacabral confesase su pasado: “fui educada para ser una pija idiota, (…) salí de casa a los 16 años para vivir en una favela (…), paré de trabajar por desobediencia civil) (aquí una entrevista de vídeo). Sin embargo, los Gobiernos de izquierda de Brasil y el entorno del Partido de los Trabajadores (PT) también están identificando las manifestaciones con Black Bloc de la misma manera que intentaron asociar Anonymous con la derecha. Incluso la filósofa Marilena Chaui, un icono izquierdista, manifestó recientemente que los “Blac Bloc actúan por inspiración fascista”.

“Aquí los blac bloc son diferentes. Desde que aparecieran en Alemania o incluso en la batalla de Seattle, han pasado muchas cosas, entre ellas Anonymous”, afirma Bruno Cava, investigador de la Universidad Nómada. La máscara, afirma Bruno, también protege la seguridad personal, “algo importante en un país con tanta violencia policial”. Charlar en la calle con miembros de Blac Blocs de Rio de Janeiro cuestiona bastante la versiones criminalizadoras. Algunas frases sueltas: “somos autónomos, anticapitalistas, horizontales” (…), huimos del personalismo y de los lideratos personales (…), protegemos a los manifestantes de la violencia policial, (…) atacamos objetivos concretos como bancos, (…), denunciamos la violencia por la violencia”. El vídeo  grabado por un Black Bloc durante la noche del 27 de julio, que muestra como varios policías apalean a una joven en el barrio de Lapa, deja en el aire una frase: las fuerzas policiales suelen comenzar el enfrentamiento con los Blac Bloc (y no al contrario).

¿Qué pasará en los próximos años en Rua de Janeiro, la rebelde ciudad olímpica? El mismísimo COI tiene un informe que revela que la Olimpiadas en Río de Janeiro están en riesgo. De momento, el Gobierno de Río de Janeiro – como otros de Brasil – han prohibido el uso de cualquier tipo de máscaras o pasamontañas en las manifestaciones. La polémica está servida. Muchos perfiles de Facebook ya esconden su cara. Y hay incluso bailes de carnaval en el espacio público para protestar contra la medida.

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La privatización de los comunes que encendió la Primavera Turca

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Cartografía del proyecto ‘Mapping the Commons Istambul’, ideado por Hackitectura. 

Este artículo fue publicado originalmente en ElDiario.es. Este post incluye pequeñas correcciones del texto original y varios vídeos y fotografías que se quedaron fuera. 

“¡Taksim es nuestro, Estambul es nuestro!”. Los gritos no pertenecen a alguno de los jóvenes que ocuparon el Taksim Gezi Park de Estambul el pasado 28 de mayo. Tampoco es una consigna que esté circulando en Twitter en la ya global etiqueta #OccupyGezi. “Taksim es nuestro” lo pronuncia un ciudadano anónimo en el vídeo Taksim Square(Istambul Commons), durante una manifestación celebrada el otoño pasado. “Taksim es nuestro” – continúa la voz con el megáfono – “no importa la opinión política que tenga la gente”. El vídeo pertenece al proyecto Mapping the commons, ideado por el estudio sevillano Hacktitectura y desarrollado por el arquitecto Pablo de Soto en Atenas y Estambul. Y contextualiza a la perfección la vertiginosa insurrección que está viviendo Estambul y toda Turquía. El centro comercial planeado por el Gobierno de Recep Tayyip Erdoğan que encendió #OccupyGezi es apenas la punta de un iceberg mayor: un duro plan neoliberal para privatizar bienes comunes (aguas, bosques) y espacio público. ¿Hasta qué punto el ataque al procomún y concretamente la privatizacón de los comunes urbanos encendieron la primavera turca?

El proyecto Mapping the Commons – definido por sus propios autores como una performance que puede volverse reflexión, una obra de arte o una acción social – es un verdadero paseo por las raíces de #OccupyGezi. La cartografía, realizada en la plataforma Meipi, organiza el procomún de Estambul en cuatro categorías: Bienes naturales, Cultura, Espacio público y Digital. Los vídeos del proyecto resumen los ataques que el procomún sufre en la era Erdoğan. En Communication space se refleja, a través de las protestas de los estudiantes universitarios, el conflicto del conocimiento / comunicación libre y las libertades civiles. En Water as a commons, el asunto central es la privatización de la gestión del agua en la región. For-rest denuncia que el tercer puente sobre el estrecho del Bósforo que planea el Gobierno de Erdoğan supondría la desaparición del bosque de Belgrado, pulmón verde de la urbe. La represión en el espacio público de manifestaciones socio-culturales como bodas callejerar o el fin de la única plaza peatonal (Galata Square) de Estambul protagonizan los vídeos Cultural expressions in public space o Galata Tower Square.

¿Hasta qué punto la privatización salvaje del procomún natural y urbano de Estambul ha encendido la revuelta de #OccupyGezi? El activista Pablo de Soto, en declaraciones a ElDiario.es, piensa que está intrínsecamente relacionado: “La tala de los árboles para construir un centro comercial para la élite y los turistas ha sido la mecha del incendio, el catalizador final de las protestas por justicia social y económica“. La arquitecta turca Pelin Tan, en su artículo A report from Gezi Park, refuerza la tesis: “Para el Gobierno turco, las nuevas políticas urbanas son la excusa para actos de segregación, para incentivar estilos de vida neoliberales, el progresivo endeudamiento de sus ciudadanos, explotación, racismo, corrupción y la instalación de un estado de excepción que viola los derechos humanos”. Por su parte, la prestigiosa plataforma Architizer también sitúa el urban commons como claro origen de la revuelta. Los recortes de derechos civiles son el arma-estrategia para viabilizar el plan.

#OccupyGezi es mucho más que un grito ecologista para salvar los árboles de Taksim. Pero no exclusivamente una revuelta antagonista contra la arrogancia macropolítica del Gobierno turco o el supuesto intento islamizante de Erdoğan del que habla la prensa Occidental.

Vídeo ‘Taksim Square (Commons Istambul)’, del proyecto Mapping the Commons.

En La Catedral y el Bazar, el hacker Eric S. Raymond contraponía dos modelos en la elaboración de software. La Catedral representa el modelo de desarrollo hermético y vertical del software propietario. El bazar, con su dinámica horizontal y “bulliciosa”, representaría a Linux y otros proyectos de software libre basados en el trabajo comunitario. Ningún lugar como Estambul, con su bullicioso Gran Bazar, encarna mejor la metáfora urbana de la tesis de Raymond. De un lado, la catedral de recetas top down y propietarias del Gobierno de Erdogan. Del otro, el gran bazar humano de Estambul, su espacio público, la tradición colectiva de las comunidades de la urbe. #OccupyGezi, su convivencia humana, resume el choque de trenes de la historia, de dos modelos incompatibles.

Uno de las organizadoras de la página de Facebook de Occupy Gezi, describe en una entrevista en el blog No Rhetorike la estrategia de la catedral neoliberal contra los manifestantes de Taksim: “En Turquía no tenemos una buena conexión 3G. Cuando se le da mucho uso se colapsa. Además, muchas personas han informado del uso de desinhibidores de señal por parte de la policía. Por eso, comenzamos a utilizar una conexión VPN (Virtual Private Network). Además, las tiendas, restaurantes, hoteles y los residentes de la zona han cedido Wi-Fi a los manifestantes, abriendo las contraseñas de sus redes”. El bazar colaborativo de Estambul, de momento, dribló a la apisonadora-catedral de Erdoğan.

¿Se puede hacer alguna comparación entre #OccupyGezzi y la acampada de la Puerta del Sol de Madrid del 15M o la de Occupy Wall Street en Zuccotti? Pelin Tan, en el ya citado texto, destaca que la “ocupación de Gezi es un símbolo de estar juntos en lo común (usa la casi intraducible palabra commoning), a pesar de nuestras diferencias”.  En #OccupyGezi se han implicado, continúa, “gente de diferentes clases, barrios y movimientos culturales antes que las organizaciones políticas y grupos de oposición”. Una auto organización transversal del bazar colaborativo que la violencia policial multiplicó hasta límites no esperados. De la plaza al mundo. De lo hiperlocal a la geopolítica.

Por su parte, el activista Örsan Senalp, habitual en las listas de correos de TakeTheSquare.net creadas en el inicio del 15M español, resalta a Eldiario.es la importancia de las redes en la incipiente Primavera Turca: “El pensamiento peer-to-peer (P2P) y del procomún nos da una alternativa clara al capitalismo. En estos momentos, en las redes sociales, las calles y las luchas de Estambul están convirtiéndose en un procomún con muchos vínculos internacionales”.

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(izquierda) Imagen del vídeo Taksin Square, de Mapping the Commons; (derecha) proyecto del mall en Taksim

De Taksim al mundo. De lo hiperlocal a lo global. De lo urbano a la geopolítica. En su aclamado libro Ciudades rebeldes, el sociólogo David Harvey afirma que la “revolución será urbana o no será”. Y adapta al siglo XXI “el derecho a la ciudad”, un viejo grito de los años sesenta, título de un mítico libro de Henry Lefebvre. El derecho a la ciudad sería un “espacio social con interacciones y prácticas donde la producción social tiene lugar”. La metrópolis modern, según Harvey, tiene un papel importante en el procomún. Curiosamente, los movimientos sociales de Estambul están remezclando el grito de Lefebvre-Harvey. En El movimiento Derecho a la Ciudad y el verano turco, la periodista independiente Jay Cassano hace un detallado repaso a los ataques neoliberales que Estambul está sufriendo en los últimos tiempos, al margen del proyecto de centro comercial para Gezi Taksim.

Jay cita en su artículo la conversión del histórico cine Emek en centro comercial. Menciona el tercer puente sobre el Bósforo. Y destaca el fuerte proceso de gentrificación que está sufriendo Estambul, especialmente en “los barrios históricos de Sulukule, Tarlabaşı, Tophane y Fener-Balat, donde viven los inmigrantes y la minoría kurda”. Precisamente, Mapping the commons le dedica un vídeo al distrito de Fenet-Balat-Ayvansaray, donde los vecinos resisten al plan urbanístico del Ayuntamiento desde la asociación Febayder.

Un extracto del documental ‘Ekümopolis’

El colectivo Reclaim Istambul, inspirado en el colectivo británico Reclaim the streets que luchaba por el espacio público, hace una verdadera lista de los horrores urbanísticos planeados para Estambul: “Cientos de edificios enrejados, torres de oficinas, centros comerciales y proyectos multiusos creciendo como setas en toda la ciudad”.  Entre el rodillo de proyectos de corte neoliberal, destacan Via Port Venezia (“hemos rediseñado Venecia y la hemos traído a Estambul”) o Mall of Istambul (“disfruta de cerca uno de los mayores shoppings de Turquía”). En cierto sentido, #OccupyGezi nació como grito coral para evitar que la milenaria Estambul acabe convertida en Las Vegas o Dubai.

Reclaim Istambul es el responsable de uno de los documentales más polémicos de los últimos tiempos,  Ekümenópolis. Con un verdadero cocktail de imágenes, entrevistas, música, gráficos y animaciones, Ekümenópolis dibuja el salvaje ataque al procomún urbano y natural que sufre la ciudad. La contundencia de su sinopsis da una idea de la dureza de su contenido: “Hace unos años, Estambul tenía 3,5 millones de habitantes. Hoy somos 15 millones y en 15 años seremos 23. Se han sobrepasado los límites ecológicos. Se han sobrepasado los límites económicos. Se ha sobrepasado el límite de población. Se ha perdido la cohesión social. Aquí tienen una imagen del urbanismo neoliberal: Ekümenopolis”.

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Proyecto ‘Drone Shade’, desarrollado durante la Bienal del Diseño ‘Adhocracy’

“Es más que una revolución tecnológica: es una revolución cultural. Los rígidos modelos verticales para optimizar los sistemas de producción de masas del siglo pasado están siendo remplazados por flexibles redes peer-to-peer que nos llevan hacia una nueva estética de códigos”. La frase es del arquitecto Joseph Grima, director de la última edición de la Bienal de Diseño de Estambul, celebrada a finales de 2012. Adhocracy, el título de la Bienal, no fue casual. La adhocracia, otro término recientemente resucitado, es un nuevo modelo de organización flexible, intuitiva, transversal. La adhocracia es horizontal, rotativa. Por eso, Adhocracy fue mucho más que una exposición. Fue un laboratorio.

Una de sus comisarias, Ethel Baraona (Dpr-Barcelona), respondiendo a un cuestionario sobre #OccupyGezi, destaca el vínculo con el  procomún urbano de la Bienal: “Un alto porcentaje de los proyectos estaban relacionados con el activismo urbano, con la intención de llamar la atención del espacio público como espacio de intercambio de conocimientos y de acción”. La Bienal adhócrata esparció por Estambul el dinamismo de colectivos-proyectos como Crafting NeigborhoodsRecetas Urbanas, Open Structures, Maker Faire Africa, Arduino o Zuloark (representando al madrileño El Campo de Cebada).

Especialmente metafórico resultó el proyecto Drone Shade, de la artista James Bridle. Tras sembrar de sombras de ‘drones’ (aviones no tripulados) la franja de Gaza o Londres, James dibujó con líneas blancas en el corazón urbano de Estambul la supuesta sombra de los drones que Estados Unidos utiliza desde Turquía. El espacio público como tablero del mundo. Como metáfora geopolítica. La metralleta top down y neoliberal de Erdoğan, representada en una forma de contornos blancos. La alianza militar estadounidense-turca que persigue al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el norte de Turquía y el norte de Irán, como una verdad a ras-de-suelo. La ciudad como campo de batalla.

¿Es #OccupyGezi la primera revolución incendiada por el procomún urbano? Tal vez la primera, pero no la última. El modelo de la catedral neoliberal de Estambul se replica en todo el mundo. Los desalojos y la especulación en el Rio de Janeiro preolímpico son un ejemplo. El proyecto EuroVegas de Madrid, como destaca Pablo de Soto, “es un escándalo de privatización y excepción de la legalidad al nivel de la destrucción del parque Gezi en Taksim”. ¿Ha llegado ya la era de las Rebel Cities de David Harvey? ¿Veremos una secuencia de revoluciones urbanas en un planeta que esquilma sus comunes naturales a un ritmo asustador? Aunque no hay respuestas, sí existen intuiciones. El antropólogo y activista del 15M Adolfo Estalella, en su provocador texto El procomún no es un commmons, vaticina una fuerte politización de las urbes: “El procomún es la figura que permite politizar la ciudad. Si hace diez años la globalización era el objeto del activismo, ahora es la ciudad. Así que el procomún es para el activismo actual lo que la globalización era para este hace diez años”.

TENCERE TAVA HAVASI (Sound of Pots and Pans) / Kardeş Türküler.

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Participación del Campo de Cebada (Madrid) en la Bienal del Diseño ‘Adhocracy’

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Cartel del documental Ekumenópolis

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Imagen incluída en el documental Ekumenópolis

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‘Venezia Via Port’,  un proyecto de comunidad cerrada, mall comercial y oficinas.

Proyecto Mall of Istambul

Mutaciones de la #GlobalRevolution

El pasado día 14 de mayo celebramos una sesión en la plataforma ThinkCommons.org titulada Mutaciones de la #GlobalRevolution, que inauguró el canal #GlobalP2P que coordinaré en dicha plataforma. Participaron personas de diferentes países, movimientos, sectores, ideologías. Físicamente, lo proyectamos en el MediaLab Prado de Madrid, para comenzar a enredar lo glocal (local+global) con el mundo físico, para potenciar los espacios híbridos. En el vídeo que abre esta entrada está el debate entero. El texto que reproduzco a continuación es el que preparamos para presentar la sesión. Espero que continúe en los comentarios. La pregunta, desde luego, da mucho de sí, ¿hacía dónde va la #GlobalRevolution que estalló con la Primavera Árabe en los inicios de 2011? ¿Qué ha significado para el mundo?

MUTACIONES DE LA #GLOBALREVOLUTION

De la plaza Tahrir de El Cairo al Zuccotti Park de Nueva York, de la puerta del Sol de Madrid al Zócalo de Ciudad de México. La denominada #GlobalRevolution, asociada a la ocupación de plazas, irrumpió en el planeta ante la sorpresa e incomprensión del viejo mundo. Sin embargo, su frescura y novedad iba mucho más allá de una ocupación urbana. Su nueva forma de auto organizarse en red sin jerarquías, la explosión de la inteligencia colectiva y la comunicación en tiempo real con plataformas y herramientas sociales marcaron un antes y un después.

Los viejos movimientos sociales y el Foro Social Mundial, envejecieron un siglo a los pocas semanas de la #GlobalRevolution. Los medios de comunicación de masas perdieron el control de la agenda informativa. La industria cultural se hizo casi irrelevante ante el aluvión creativo, la remezcla colectiva y las nuevas formas de crear en red. Y la democracia representativa se quedó rezagada ante una nueva forma de cocinar la política en red, de hacer política en nuevos espacios, de comunicar política con una transparencia en tiempo real. Sin embargo, mucha gente todavía no entiende el cambio de paradigma empujado por la #GlobalRevolution. E intenta explicar la misma con lógicas cuantitativas o estudiando sus escasos logros concretos. Muchos asocian a la #globalrevolution apenas a los movimientos o procesos más visibles, como la Primavera Árabe, el 15M- Indignados de España, Occupy Wall Street o #YoSoy132 en México.

Sin embargo, las denominadas redes globales están modificando profundamente cómo funciona la sociedad. Del urbanismo a la cultura, de la protesta a la política, de la comunicación a la enseñanza, de la innovación tecnológlobalrevolutiongica a la economía. La militancia, el antagonismo, las fronteras y la jerarquía del viejo mundo están en jaque. Y el trabajo en red, la colaboración, la identidad colectiva y el bien común comienza a contagiar todo. 

Mutaciones de la #GlobalRevolution será una sesión de ThinkCommons en la que se pretende visibilizar los nuevos rumbos del mundo en red y las mutaciones sociales de los últimos dos años. No será un ejercicio de nostalgia de las plazas tomadas del pasado, sino una conversación coral, con invitados de todo el mundo, para empaparse del cambio global.

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Imagen: la sesión, proyectada en el MediaLab Prado de Madrid, en tiempo real.

El Foro Social Mundial frente al espejo de las redes

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Imagen: Global Square

“¿Será la hora de que el Foro deje sitio para nuevos modos de organización global de la resistencia y transformación?”. Así acababa un reportaje mío titulado La hora de la verdad ante el mundo global, publicado a finales de enero de 2009, coincidiendo con la celebración del IX Foro Social Mundial en Belém (Brasil). La crisis global estaba comenzando. Y sin embargo, las respuestas y forma de acción de los movimientos sociales, parecía estancada. La única estrategia de legitimación pasaba por incorporar al star system de presidentes latinos de izquierda. La flexibilidad, frescura e innovación del Foro Social Mundial y del movimiento antiglobalización que unió por primera vez a los pueblos en la era de las redes, estaba marchita. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué el altermundismo parecía viejo?

Y de repente ocurrió algo que no entraba en ningún plan. Primero, el cosquilleo de los movimientos en red de Grecia. Luego, la Primavera Árabe. Y después el 15M español, Occupy Wall Street, #YoSoy132 en México… La global revolution estalló en red. Y el Foro, en unos meses, envejeció un siglo. Take the Square, con un perfil de Twitter, otro en Facebook y un site elaborado con wordpress, pasó a ser más influyente que el mismísimo Foro Social Mundial. ¿Qué había ocurrido? Lo curioso es que algunas propuestas históricas del Foro, como la eliminación de los paraísos fiscales, fueron un grito común de los movimientos en red. Otra petición del Foro, como al tasa Tobin a las transacciones financieras, acaba de aprobarse en Europa. Sin embargo, el formato de la mayoría de movimientos aglutinados en el Foro, se quedó de repente fuera de juego. ¿Por qué?

Mientras la global revolution, especialmente el 15M, Occupy y YoSoy132, se declaraban claramente apartidistas, el Foro insistía en la bendición de la izquierda clásica. Mientras el 15M reinventaba el antagonismo de la izquierda y la derecha con lógicas agregadoras, el Foro se aferraba al modelo de revolución cubana. Mientras en España nacían las Mareas, una mutación del sindicalismo sin banderas, el Foro seguía considerando a los sindicatos sus grandes aliados. Mientras los movimientos en red renegaban de los lideratos personales y creaban acciones con nuevas identidades colectivas y no jerárquicas, el Foro seguía entronando a su consejo internacional de gurús altermundista. Además, como afirma Esther Vivas en su texto Del Foro Social Mundial a las revueltas árabes,en los últimos años “el eje de la movilización no se encuentra ya en América Latina, donde, precisamente, nació el FSM, sino en el mundo árabe y en una vieja Europa tercermundizada”.

Pero sería una injusticia desdechar toda la historia, conocimiento y redes tejidas por el Foro Social Mundial. Los movimientos de redes tienen mucho que aprender de los movimientos clásicos. Algunas de las organizaciones históricas fueron vitales en la expansión del 15M. Attack y Ecologistas en Acción, entre otras, fueron nodos importantes en la spanish revolution. Eso sí: tuvieron que aprender a comportarse de otra forma: lógicas de enjambre, horizontalidad, nada de lideratos personalistas… Curiosamente, desde finales de 2011 existe una lista de correos para unir el Foro Social Mundial y los nuevos movimientos de red. Originalmente llevaba el título de 15M-FSM. Ahora se llama 2011movements-fsm-wsf-discussion. Y ha dado su fruto: en la edición del Foro Social Mundial que arrancó ayer en Túnez, la global revolution tendrá más peso.

El ágora donde el Foro y los movimientos de redes de 2011 se encontrarán será Global Square, que es un proyecto en sí mismo anterior a esta edición del Foro. Global Square -que pretende construir una red social global libre – tiene una programación intensa: debates, asambleas, streamings, talleres… En estos momentos se celebra el debate que busca intersecciones entre grupos políticos, ONGs, sindicatos y las plazas ocupadas. ¿Y qué pueden aprender los movimientos clásicos con los nuevos? Muchísimo. En general, los clásicos no acaban de dominar la tecnología y ya no consiguen movilizar tan bien. Invierten demasiado dinero en encuentros presenciales. No utilizan Mumble (herramienta grupal de voz hecha con software libre) o The World Café (espacio de diálogo virtual), como lo hacen los nuevos movimientos. “He visto cómo de aisladas están estas ONGs, no tienen contactos, no saben cómo tejer redes en Internet”, me confiesa por mail Ternura Rojas, una activista de la global revolution. El Foro se juega mucho en esta edición. Y no es casualidad que tenga sede en Túnez, donde arrancó la oleada de revoluciones en red.

¿Cómo seguir lo que está ocurriendo en el Foro Mundial en Túnez? Para empezar, una presentación en Prezi (en francés). Twitter, sin duda, será la mejor herramienta para seguirlo. Recomiendo los hashtags #WSF2013, #FSM2013 y #GlobalSquare (especialmente éste)En RebelMouse (genial herramienta libre) se ha creado un canal especial con cobertura multimedia. Habrá streaming desde Global Revolution. Y aquí un PAD con todas las instrucciones para seguir lo que pase. A continuación, algunos tuits de cuentas que realizarán una buena cobertura del Foro Social Mundial y, especialmente, de Global Square. Seguiré actualizando hasta el final del Foro. ¡Buen provecho!

 

 

 

 

 

 

 

 

Tuits clave para entender el #25S

“Este paternalista y anticuado intento de modelar la opinión pública frente a la realidad parece indicar que, como muchos comentaristas locales han observado, la administración española está operando como si Internet no existiese”. Esta frase, incluida en un texto de The Guardian publicado ayer antes de que se rodease el congreso de España resume todo a la perfección. La ciudadanía consigue que #25S, #RodeaElCongreso y el nuevo proceso constituyente sean tendencia en todo el mundo y el Gobierno de Mariano Rajoy niega la realidad. Esta entrada podría ser infinita.Voy a destacar algunos tuits de la jornada para que queden en forma de memoria-flujo. El orden cronológico, como suele suceder en Twitter, no es estrictamente cronológico. Es muy posible que mañana actualice la entrada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La baraja de cartas del 99%

El 99% ya tiene su baraja de cartas. El movimiento Occupy Wall Street ya tiene un nuevo puñetazo visual. Una nueva narrativa cargada de imaginarios. Contra el 1%, ilustraciones inspiradores. El proyecto se llama 52 shades of greed (52 sombras de la avaricia). Y necesita nuestra ayuda: buscan financiación vía Rocket Hub, una plataforma de crowdfunding. La iniciativa partió del grupo de Banca Alternativa de Occupy Wall Street. Hicieron una llamada a ilustradores. Y rápidamente respondió Marc Scheff, que ahora comanda la dirección de arte de este proyecto al que se han sumado 28 artistas de todo el mundo.

Vale la pena observar las cartas una a una en su versión digital. Porque además del impacto visual, de la guerrilla lúdica, cada carta tiene valiosa información. Los ases están reservados a bancos, instituciones o fondos de inversión. Goldman Sachs es el As de Diamantes, por ejemplo. Hacia abajo, aparecen personas con nombres y apellidos. Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, es el Rey de Diamantes. Greg Lippman, del Deutch Bank, es el Jack de Diamantes. Y así, uno a uno, conoceremos a algunos de los grandes culpables de la crisis económica. En los comodines, nos topamos con una bella Carta Salvaje de Occupy Wall Street. El 1% tiene su baraja. Y está trucada. Siempre gana la banca (y Alemania). Pero proyectos como el 52 shades of greed aportan otro granito/pixel de arena en la batalla jiu jitsu del 99%.

Mi web: bernardogutierrez.es Fundador de la red futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa