#SmartCitizensCC dialoga con Ciudades Emocionales

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// Ciudades Emocionales y #SmartcitizensCC se unen conectarán cuatro ciudades (: Sao Paulo, Recife, Barcelona y Madrid) con un hangout y un conjunto de actividades. 

// Las dos iniciativas se conectarán este miércoles 27 a las 17.00 (hora española) a través de un hang out donde participarán iniciativas de Sao Paulo, Recife, Barcelona y Madrid. En Madrid, se seguirá el encuentro desde el Campo de la Cebada. En São Paulo, en el SESC Bom Retiro.

La proceso SmartcitizensCC y la iniciativa Ciudades Emocionales se unen para realizar en conjunto actividades y entornos de diálogo para el intercambio de métodos, procesos y contenidos que mueven y transformen la vida en las ciudades.

Para reforzar esta colaboración, este miércoles 27 a las 17 horas ( hora española) se unirán los proyectos #SmartcitizensCC y #CiudadesEmocionales en El campo de Cebada a través de una conexión en directo vía hangout entre Madrid – Barcelona – São Paulo – Recife. En el hangout participarán los colectivos Ônibus Hacker (São Paulo), laboratorio sobre “cuatro ruedas” formado por hackers con el objetivo de ocupar las ciudades brasileñas con acciones políticas; BaixoCentro, movimiento de ocupación civil, que quiere romper, cortar y correr por las calles; el colectivo Arrua, (São Paulo). Desde Recife, también nos acompañarán el colectivo Direitos Urbanos. En España, acompañarán desde el espacio autogestionado El Campo de la Cebada, Paisaje Transversal, el Colectivo C4C y Trànsit Projectes.

Ciudades Emocionales es una linkpedia de ideas, imaginarios, anécdotas, lugares y soluciones urbanas compartidas por personas de todo el mundo. Un archivo en constante cambio que se vale del gran flujo de producto culturales (vídeos, fotografías, textos, enlaces) para ordenar y construir discursos y reflexiones sobre hacer ciudad y ciudadanía a partir de la emociones que nuestros espacios urbanos provocan en nosotros.

#SmartcitizensCC es un proyecto que nació como exposición interactiva que profundiza en el concepto de smart cities situando el foco sobre la ciudadanía, cuyo propósito es reivindicar que no hay ciudades inteligentes sin ciudadanos inteligentes. Esta muestra ha sido desarrollada por la plataforma Paisaje Transversal en colaboración con el Centro Nacional de Tecnologías para la Accesibilidad y recoge en total 53 proyectos que visibilizan cómo la ciudadanía hace un uso inteligente de la ciudad desde cuatro perspectivas diferentes: el ciudadano como sensor, como decisor, como informador y como emprendedor.

El proceso #SmarcitizesCC se expande con la incorporación de Futura Media, la realización de hangouts glocales y la gestión colectiva de perfiles sociales. El proceso aspira a construir plataformas comunes, compartir protocolos e incidir en procesos de innovación ciudadana.

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Innovación ciudadana para reinventar la política

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¿Es lo mismo innovación social que innovación ciudadana? ¿Sería la inteligencia ciudadana la versión más práctica de la denominada inteligencia colectiva? ¿Cómo incentivar procesos abiertos de participación ciudadana? Para resolver estas preguntas y profundizar en la participación ciudadana, el Proyecto Ciudadanía 2.0 de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) ha puesto en marcha un proceso denominado Innovación Ciudadana, que pretende impulsar la participación de ciudadanos en iniciativas innovadoras en política. El proyecto, pensado para incentivar diálogo entre redes, empresas, ciudadanos y Gobiernos, pretende renovar y ampliar incluso la definición de política.

Tengo el honor de participar en el proyecto / proceso, como fundador de la red Futura Media,  en un equipo de trabajo multidisciplinar, transversal e internacional. La primera cita tiene lugar esta semana, miércoles día 11 de septiembre, en la ciudad brasileña de São Paulo. El primer acometido es redactar una carta de propuestas para fomentar la innovación ciudadana en los países de la región iberoamericana que será entregada a las Jefas y Jefes de Estado en la próxima Cumbre Iberoamericana a celebrarse el 16 de octubre en Panamá. El objetivo es ambicioso: crear una agenda común, participativa y transversal para los próximos cinco años.

El equipo de Innovación ciudadana ha puesto en marcha el proceso con un documento online colaborativo, en el que los participantes y cualquier ciudadano responde a diferentes preguntas. De momento, se han formulado seis preguntas. A continuación, publico las respuestas que he colocado a título personal en dicho documento. Respuestas en beta, en construcción, imperfectas, que pretenden incentivar un poco más el diálogo sobre el proceso de innovación ciudadana.  Vale la pena leer las respuestas de los participantes y de algunos ciudadanos a las diferentes preguntas.

Pregunta 1 // ¿Qué acciones se pueden impulsar para identificar, poner en valor e intercambiar experiencias de proyectos que la ciudadanía ya está haciendo desde una perspectiva bottom-up?

El papel del Estado, en la era red, está en plena mutación. El Estado y las instituciones ya no deberían apostar por políticas paternalistas, top down y de código cerrado (sin posibilidad de cambio a lo largo del proceso). Las instituciones públicas deberían intentar ser plataformas, cajas de herramientas, espacios de diálogo abiertos. La dificultad reside en que, efectivamente, la innovación ciudadana puede ocurrir en otras plataformas, lugares y procesos ajenos a las instituciones. Los espacios de diálogo y construcción política del Estado y de la mayoría de las instituciones ya no son los únicos en los que existe interacción / innovación ciudadana. La política, los actos de ciudadanía, ocurren en nuevos espacios más dinámicos, flexibles, rotativos. Ocurren lejos de parlamentos estáticos e instituciones lineales con un “dentro” y un “afuera”. El concepto “extitución” que define una institución líquida, sin dentro ni afuera, más proceso abierto que política estática, es una bella provocación.

No adelanta que un Estado o institución cree un conjunto de herramientas digitales, por ejemplo, si no existe una comunidad de práctica, un hábito democrático, accesibilidad y necesidad de las mismas. Por ello, las instituciones deberían tener menos prejuicios a la hora de incorporarse en procesos que excedan sus espacios físicos. Cuando existan comunidades de prácticas, herramientas u otras plataformas que estén ya al servicio del bien común, las instituciones deberían sumarse al proceso sin intentar liderar ni dirigir el mismo. Deberían empoderar a la ciudadanía con la creación de plataformas orientadas al bien común que sean realmente necesarias y pertinentes. Además, deberían incorporar a sus prácticas y/o apoyar, sin monopolizar, las plataformas, herramientas y procesos surgidos de la ciudadanía.

Pregunta 2 // ¿Qué acciones, canales y herramientas podrían desarrollar los gobiernos para fomentar la innovación ciudadana?

Las instituciones deben aproximarse poco a poco a dos imaginarios:

1) La democracia en tiempo real (temporalidad).
2) La democracia distribuida (espacialidad).

La llegada de la geolocalización, del WI-FI y de la conexión de aparatos móviles incluso al margen de Internet facilitan la participación ciudadana en cualquier proceso. Sin embargo, la democracia en red y la participación no deberían estar limitadas a ámbitos y herramientas digitales. El componente territorial es de vital importancia. Por ello, quizá la pregunta debería completarse: ¿Qué acciones, canales, herramientas y procesos podrían ser desarrollados para fomentar la innovación ciudadana?
En la era de los makers – usuarios de impresoras 3D que construyen de forma colectiva y abierta todo tipo de objetos y dispositivos – las instituciones no deberían ser los únicos actores encargados de “desarrollar” acciones, canales y herramientas. Habilitar espacios de encuentro para la ciudadanía o aportar tecnología y recursos para el bien común deberían ser ejes de acción. Facilitar la co-creación de plataformas y herramientas debería ser uno de los acometidos de las instituciones.

Por otro lado, no existirá la innovación ciudadana si el proceso no se comparte de alguna manera. El proceso WikiBrest (Francia), en el que la innovación social es híbrida (digital y analógico), es un buen ejemplo. La plataforma Incoma.org, que facilita el diálogo coral, es otra inspiración para la era de los procesos compartidos.

Pregunta 3 // ¿Cómo las empresas pueden implementar esquemas de responsabilidad social enfocada a la innovación ciudadana?

El concepto de responsabilidad social está totalmente desactualizado. Fue acuñado en el resurgimiento neoliberal de los años ochenta y noventa. La responsabilidad social se convirtió en un artilugio para perpetuar la explotación laboral, los abusos medioambientales y prácticas poco éticas de las multinacionales. Fue siempre una herramienta de maquillaje para legitimar marcas o limpiar imágenes. En la era red, en la que el mismísimo marketing está en plena decadencia / mutación, el mejor branding de una marca, su mejor imagen, debería ser la orientación de sus acciones al bien común. La responsabilidad social debería ser sustituida por la orientación de una empresa hacia la economía del bien común de la que habla Christian Felber. Una economía en la que el proceso de producción esté basado en la lógica del código abierto, en la participación, en el fomento de comunidades locales de makers que primen la producción local frente a la producción descentralizada y ecológicamente insostenible de la globalización. Los productos deberían ser procesos compartidos, basados en la transparencia y en el empoderamiento de los usuarios. Transformar las marcas en plataformas abiertas y redistribuir beneficios en prácticas comunitarias y colectivas orientadas al bien común es la mejor fábrica de innovación ciudadana.

Pregunta 4 // ¿De qué forma las instituciones pueden adaptarse al trabajo en red y a la utilización de tecnologías digitales por parte de la ciudadanía?

Tendría dos lados. Por un lado, las instituciones necesitan adaptarse a las tecnologías que facilitan la colaboración. Trabajar un algo tan simple como un google doc compartido (mejor aún si es tecnología libre y no propietaria) supone un cambio radical en el flujo de trabajo. El uso de tecnologías abiertas y de herramientas que incentivan el trabajo en red irá cambiando lentamente la actitud de las instituciones. El trabajo de red es más una actitud que una tecnología. En segundo lugar, la adaptación más compleja es aquella que requiere la incorporación al diálogo de la ciudadanía y la inteligencia colectiva. En este sentido, la mera suma de un conjunto de herramientas digitales nunca va a resolver el dilema de la participación ciudadana. Mucho menos, va a activar la innovación ciudadana. Como recoge el Manifiesto Crowd, “agregar y filtrar opiniones individuales es solo una forma primaria de crowdsourcing que permite atacar problemas simples”. El punto cinco de dicho manifiesto sería un buen punto de partida: “Los problemas complejos e indefinidos precisan comunidades de práctica en un entorno procomún para generar verdadera inteligencia colectiva”. Sin las comunidades de práctica orientadas al bien común no va a existir un diálogo instituciones-sociedad apropiado. Por eso, la presencia de gigantes de la tecnología con intereses propios puede llegar a ser un problema en la co-creación de procesos de trabajo de red.

Pregunta 5 // ¿Con qué herramientas, y bajo qué modos de organización los colectivos sociales actualmente pueden generar innovación ciudadana?

El hecho de utilizar una herramienta u otra no determina el buen funcionamiento de un sistema ni implica la creación de procesos abiertos. El uso que una comunidad de a determinada herramienta puede modificar incluso el funcionamiento de la misma. Twitter es la herramienta más utilizada en el activismo y no fue planeada para ello. El funcionamiento de un ecosistema social o ciudadano va a depender de los tipos de organización y/o procesos. No creo que exista un único modelo de organización para generar innovación ciudadana. Pueden existir incluso redes poco horizontales que faciliten o activen procesos de inteligencia colectiva. Sin embargo, sí que creo que cuanto más abierta se una organización, cuanto más conexión exista entre sus diferentes nodos y cuanta más autonomía tengan determinados nodos a la hora de tomar decisiones mejor será a la hora de provocar innovación ciudadana. En los últimos tiempos estamos viendo muchos casos de procesos bottom up (de abajo arriba) profundamente innovadores. El Campo de la Cebada en Madrid o el Istanbul Polis Hareketleri (Mapa de la Mobilidad de la Policía de Estanbul) son dos buenos ejemplos.
Como formato de organización a mí me gusta mucho el concepto de adhocracia. Su definición podría ser la siguiente: “Sistema no jerárquico, horizontal, participativo y flexible donde todos los miembros tienen capacidad de tomar decisiones que afecten al conjunto. Es una palabra híbrida entre ad-hoc (aquí y ahora) y el sufijo cracia (poder) y suele entenderse como algo antagónico a burocracia”. La innovación de los movimientos será siempre transversal, no lineal y difícil de ser categorizada. Los contextos culturales y diferentes entornos físicos tienen una gran influencia. La fórmula cerrada para la innovación ciudadana o para el buen funcionamiento de colectivos no existe.

Pregunta 6 // ¿Cuáles serán los nuevos aportes de los medios digitales al ejercicio de la ciudadanía?

Creo que es necesario aclarar que el concepto de red no es sinónimo de medio digital ni de formato digital. La red existe en la naturaleza, en la química, en la física, en el mundo animal. Desde los medios se insiste en relacionar superficialmente red social con algunas herramientas y/o plataformas como Facebook o Twitter. Sin embargo, la red puede ser absolutamente analógica. La red está basada, entre otras cosas, en la información compartida de un conjunto de nodos. Nodos que pueden estar relacionados de muchas formas diferentes, a través de procesos y protocolos distintos. Tejer red siempre será más importante que fabricar medios o herramientas digitales.
Por eso es interesante rescatar la ya remota cita de Ted Nelson de los años sesenta, “nuestro cuerpo es el hardware, nuestro comportamiento es software”. Todo ello para decir que construir un conjunto de herramientas o medios digitales para la ciudadanía puede ser irrelevante si no se trabaja en los procesos y comportamientos, en el software. Cuanto más abierto y participativo sea el software que rija la relación entre las instituciones (plataformas) y nodos (ciudadanos) mejor será el uso de los medios digitales. De cualquier manera, la participación debe cocinarse en ambientes híbridos, donde lo analógico y lo digital convivan sin ser excluyentes.

Innovación y desorden

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‘Innovación y desorden’. Así he titulado el tópico que he abierto en la plataforma Scoop.it.  A partir de ahora enriqueceré Innovación y desorden con diferentes textos que cuestionen el paradigma vertical, especulativo y cerrado de la innovación. Añadiré textos que iluminen el lado positivo del caos, de la desorganización, de lo no lineal. En la era red, los sistemas complejos y los comportamientos emergentes que escapan de las lógicas lineales pasan a ser la tónica. La innovación disruptiva está dejando de ser minoritaria.

Sin embargo, la narrativa made in Silicon Valley de innovación como sinónimo de innovación y lo cerrado siguen predominando en el relato de los medios. Y el modelo de incubadoras de start ups se replica por el mundo con lógicas del pasado. Por eso, Innovación y desorden intentará ser una linterna que apuntará a lo lateral, a lo transversal, a lo tecnológicamente promiscuo, a lo innovadoramente criollo. Recopilaré textos que aporten contexto, profundidad, que incentiven la polinización cruzada, la serendipia, los encuentros fortuitos, la creación en red.

Reproduzco aquí el penúltimo párrafo del fabuloso paper Metabolismo, comunicación y evolución en redes bacterianas y tecnológicas, de Xabier Barandiaran y Lluis Guiu, un brillante  ensayo comparativo entre la colaboración de las bacterias y el software libre. El texto completo ya está incluído en Innovación y desorden.

“El modelo bazar del software libre es análogo al modelo evolutivo bacteriano por TGH. Se trata en definitiva de un modelo evolutivo o innovativo que permite aumentar la autonomía individual a través de la cooperación colectiva. Redes de intercambio de información tecnológica (saberes y técnicas, programas y procedimientos, genes y biotecnología) que aumentan la autonomía individual (human y bacteriana) de forma cooperativa. Para ello es necesario el código abierto y la creación de redes de transferencia de información. Pero la evolución bacteriana se caracteriza también por la producción y mantenimiento de recursos colectivos bioquímicos. Tampoco es ajena la comunidad del software libre a este fenómeno: servidores compartidos (sourceforge, savanah), proyectos de documentación libre, comunidades de intercambio y comentarios de noticias (como slashdot y sus homólogos en otros idiomas —entre ellos barrapunto, en castellano) o la internet misma (con todo el desarrollo abierto de protocolos y estándares) constituyen todo un entorno de recursos colectivos para el desarrollo del software libre y producidos con software libre; en un proceso de retroalimentación entre desarrollo y entorno (anillado a múltiples niveles)”.

 

Toquéame, la aplicación móvil activista contra Bankia

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#ToqueaBankia, la campaña activista que pretende bloquear todas las sucursales de Bankia físicamente, está a la vuelta de la esquina. Mañana por la mañana, los usuarios registrados en la plataforma #ToqueaBankia llenarán las sucursales de Bankia de toda España e intentarán bloquearlas de forma legal. Nada de violencia o de actos ilegales. El cansinismo – una palabra para definir acciones de guerrilla o de distracción – inundará las sucursales y pondrá el punto de salida de los actos / procesos / eventos de la conmemoración del 15M. Preguntas, performances, reclamaciones, acciones imaginativas. Todo vale siempre que sea legal. Para quien no quien no conozca bien la campaña: aquí una entrada de este mismo este blog.

Me llama la atención que siendo ToqueaBankia una gran campaña de innovación tecnológica y social, muchos medios la estén ignorando. La aplicación móvil Toquéame es un gran ejemplo de dicha innovación. “El kit de Toque a Bankia incorpora – asegura la nota de prensa – la primera herramienta para android de la historia (y la mejor de momento) para cansinear a la banca desde un terminal telefónico. Puede descargarse por el módico precio de 0 euros desde google play, cocretamente aquí“. Toquéame conecta al usuario con las sucursales de Bankia que quiera y facilita la llamada a las mismas. La APP, que bien podría haber creado un banco para facilitar la vida a sus usuarios, se usará para molestar de forma legal a la sucursal e impedir su funcionamiento. Su código fuente es libre y está a disposición en Github.

#ToqueaBankia inaugura un nuevo camino en el activismo: las acciones distribuidas. Crea una plataforma, una herramienta, ponla al servicio de la comunidad. Y la campaña caminará sola. Deja el mundo virtual. Salta al mundo físico. Las nuevas acciones en red, para dejar el a veces ineficiente y superficial clickactivismo, tienen que cocinarse en red y dar el salto al mundo físico. Nada mejor  para concluir esta entrada que un extracto de la nota de prensa de Toque a Bankia: “nos gusta crear bucles entre la red y la calle. Una realidad donde herramientas digitales libres permiten organizarse de forma descentralizada e interferir en esa realidad palpable, es decir, herramientas digitales en la red para cansinear en la calle”.

Hashtags de Twitter para seguir la acción: #ToqueABankia #EscueladeCansinismo

Serendipia, la innovación como sorpresa

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Imagen de la muestra Cybernetic serendipity – The computer and the arts (Londres 1968)

Hubo una época —no tan lejana— en la que la innovación dependía exclusivamente de departamentos de I+D (Investigación y Desarrollo). Las ideas se mantenían cerradas a cal y canto. Y apenas los gurús designados por la empresa tenían capacidad para ‘innovar’. Hubo una época —hace pocos años, apenas meses— en la que se diseñó para la innovación un recorrido fijo, rígido, inquebrantable. La innovación era un crucero cool, sí. Pero totalmente previsible. Un cóctel insulso y aburrido. Pero un día la fórmula I+D, gota a gota, empezó a deshacerse en mil pedazos.

Nadie sabe si la culpa fue de los muchachos de Google, que empezaron a jugar al futbolín en su horario de trabajo. O de los ciberpunks, que tenían nostalgia por cómo navegaban sin rumbo por la primera blogosfera, sin Facebook ni redes cerradas. O si los responsables fueron el caos coral de la Wikipedia, la inteligencia colectiva y el out sourcing que dejaba en manos de los clientes parte de la innovación de una marca. Tal vez, la conexión de todo con todo, Internet de las cosas y las redes sociales también pusieran su granito de arena píxel. Y el estallido de la crisis, claro, la ausencia de respuestas, el agotamiento de los planes de urbanismo… El mundo empezó a ser transversal, colateral, híbrido, imprevisible. Y una palabra comenzó a ser utilizada con especial incidencia en ámbitos muy diferentes: la serendipia.

La serendipia no aparece en el diccionario de la Real Academia Española. La serendipia, según la Wikipedia, “es un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta”. Serendipia, en sentido amplio, es “la casualidad, coincidencia o accidente”. No es el descubrimiento en sí. Es el proceso. O la facilidad para meterse en ellos. La historia está llena de descubrimientos e invenciones nacidas por serendipia. Las notas pósit, el LSD, la viagra o algunas de las ideas de Einstein son fruto de la serendipia.

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Sin embargo, solo ahora se está hablando con insistencia de serendipia. ¿Por qué? En realidad, ‘serendipity’ es un neologismo acuñado por Horace Walpole en 1754, a raíz de un cuento tradicional persa, Los tres príncipes de Serendip, en el que los protagonistas, unos príncipes de la isla de Serendip (la actual Ceilán), solucionaban problemas apoyados en el azar. Sin embargo, serendipity nunca fue un término muy usado hasta finales del siglo XX. Pero siempre estuvo ahí. La serendipia, por ejemplo, fue la piedra angular del movimiento situacionista de los años sesenta. La deriva, perderse en la ciudad, construir situaciones al margen de las rutinas. Todo en el situacionismo sabía/olía a serendipia. No es casualidad que en la era de internet, de las conexiones, la serendipia y el neosituacionismo estén llegando de la mano.

El urbanista estadounidense Mark Shepard, uno de los creadores de la aplicación móvil Serendipitor, es uno de los impulsores de este neosituacionismo móvil. La app no ayuda al usuario a encontrar una ruta o un producto para comprar. Incentiva la pérdida, la sorpresa. Nos traslada a la ciudad-novedad, a la urbe irrepetible, a una suma de detalles desconocidos. Serendipitor no es la única aplicación. La Dérive APP, por ejemplo, también incentiva la serendipia urbana.

El reciente Transcoding Situationism, Updating dérives around SI Manifesto, una remezcla colectiva del clásico Manifiesto Situacionista, realizada por Ethel Baraona y César Reyes de DPR-Barcelona, es un claro ejemplo del auge de la serendipia. El texto, que fue escrito en una residencia en el Think Space CFP, es un auténtico pelotazo de serendipia. Con pequeños textos de Marshall McLuhan, Julio Cortázar, Georges Perec o el Comité Invisible, este manifiesto ‘remix’ habla de improvisación colectiva, de colaboración, de relaciones personales.

“¿Qué es la situación? Es la realización de una ciudad mejor, construída por interacciones humanas y no por infraestructuras”. La ciudad como sorpresa. La ciudad como vínculos imprevistos. Un grito recorre el mundo, sí. Y se pega como insistente vaho a todos los espejos. No contrates a un guía profesional en Nepal: consigue uno aficionado que cree casualidades en Sherpandipity. Olvídate de los paseos turísticos prefabricados, confía en las rutas hackers de Login_Madrid para conocer la urbe sin un plan determinado. Pero la serendipia ha irrumpido en otro ámbito hasta ahora sagrado: la innovación empresarial. Mientras Silicon Valley sigue imponiendo sus agresivas condiciones a los emprendedores y apuesta por el clásico modelo de startups e incubadoras, otro modelo está naciendo. Y en este nuevo paradigma innovador la serendipia es el sistema nervioso. No es paisaje. Ni actitud. Impregna todo.

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Imagen de la muestra-taller ‘Serendipia, un laberinto abierto’ de Trànsit Projectes

El espacio de coworking Seats2Meet.com, que nació en la ciudad holandesa de Utrech, es uno de los responsables de este nuevo camino. En realidad, no es un espacio de coworking al uso. No cobra nada por el uso de sus instalaciones. Apenas incentiva la participación, el aprendizaje informal, la flexibilidad, los encuentros fortuitos. Y tienen un sistema —una plataforma web— para incentivar el intercambio de todo el capital social (las capacidades, el talento).

La única condición para frecuentarlo es compartir. Seats2Meet.com incentiva las conexiones, el sentimiento de pertenencia, la libertad. Y su rentabilidad llega por otros caminos: compartir procesos, ofrecer servicios. El investigador Sebastian Olma hace un buen análisis de este proceso de innovación asimétrica en su libro Serendipity Machine: “En el contexto de Seats2Meet.com, la serendipia significa una creciente posibilidad de encuentro que añadirá valor a la actividad emprendedora de una persona”. La innovación como serendipia. La innovación como sorpresa.

Tal vez, uno de los textos que mejor resume esta nueva ansia de serendipia sea La promesa de la desorganización, del sociólogo Antonio Lafuente. “Para innovar hay que desorganizar, desburocratizar, descentralizar o desjerarquizar”, escribe. Al final del texto, el pensador lanza ideas, versos, dardos; globos coloridos, caóticos, imprevisibles, que se pierden en el horizonte, desgobernandos por la brisa de la serendipia: “Situemos el objeto equidistante respecto a las ignorancias de cada uno de los participantes. Creemos un objeto frontera. Cuidemos que nadie se sienta preferentemente ubicado para comprenderlo mejor. Experimentemos la fuerza que mana de esta inestabilidad. Fomentemos la discrepancia sin cuartel. Hagamos explícitas las divergencias conceptuales. Señalemos el flujo inopinado de prejuicios. Luchemos contra el consenso funcional. Confrontemos el sesgo hacia la normalidad (…) Hagamos filosofía de garaje, practiquemos la cultura hacker, despleguemos la imaginación crítica, valoremos el aura de lo colateral, apreciemos el colorido de lo criollo. Hagamos diseño negro como se hace novela negra, o humanidades ficción como haríamos ciencia ficción”.

Este texto apareció en el número de abril de la revista Yorokobu

MediaLab Prado, diez años de innovación

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Imagen: una modificación de la aparecida en Nómada Blog

Para algunos de los grandes gurús de la innovación la palabra del momento es lab. Laboratorio, tal vez, no sea la traducción más apropiada. La definición de la Real Academia de la Lengua de “laboratorio”, de hecho, es insuficiente: “Lugar dotado de los medios necesarios para realizar investigaciones, experimentos y trabajos de carácter científico o técnico”. El matiz habría que buscarlo en el nacimiento del Media Lab del Massachusetts Institute of Technology (MIT), en 1985: un espacio donde converge la tecnología, el arte multimedia y el diseño. Sin embargo, en los últimos años, el modelo MIT parece estancado y obsoleto. Y están surgiendo otros labs más innovadores y relevantes. Y aquí es donde el MediaLab Prado, que acaba de cumplir diez años e inaugura su nueva sede en la Serrería Belga de Madrid, se ha erigido como la gran referencia mundial de la era de los labs.

¿Qué es exactamente un lab? ¿Un laboratorio tecnológico? ¿Un espacio multidisciplinar abierto a la ciudadanía? Quizá no sea necesario acotar del todo la definición de lab. Tal vez baste con observar el paisaje global y fijarse en algunos detalles locales. Cualquier ciudad que quiera reinventarse y adaptarse a la era de las redes apuesta por un lab urbano como el Laboratorio del Procomún de Rosario, en Argentina. Los centros culturales están mutando hacia un paradigma más abierto más allá de los objetos artísticos, como el Ljudmila Media Lab (Liubliana, Eslovenia). Los espacios de arte digital, como el prestigioso Eyebeam de Nueva York, se reciclan apoyándose en lo colaborativo. En todos los casos anteriores el común denominador, la inspiración y el modelo es el MediaLab Prado del Ayuntamiento de Madrid. Y así ocurre con decenas de instituciones, labs, universidades y centros culturales de todo el mundo. Cualquier ciudad del mundo sueña con tener algo parecido al MediaLab Prado. ¿Pero por qué el ADN de este mediaLab se ha convertido en el objeto de deseo de sectores tan dispares como la innovación tecnológica, la cultura o la participación cívica?

 

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El secreto (a voces) del MediaLab Prado podría estar en una definición de José Luis de Vicente: “es una incubadora de comunidades”. De hecho, ambas palabras, “incubadora” y “comunidad” han estado en boga en los círculos del Silicon Valley y las agencias de community managers anglosajonas. Sin embargo, casi nunca han ido de la mano. Y es que la innovación en la Era Red camina, como recogen Juan Freire y Antoni Gutiérrez Rubí en el Manifiesto Crowd, hacia otras direcciones: “Los viveros de empresas (siglo XX) han muerto y han nacido los espacios de innovación colectiva (siglo XXI)”. La “incubadora” es insuficiente si no existe una “comunidad”. Y por eso un lab – su espacio físico y su capa digital – tienen que ser ante todo una plataforma abierta. Por eso el MediaLab Prado se ha convertido en un espacio de convivencia, innovación y co-creación colectiva tan importante.

El MediaLab Prado es una plataforma, física y digital. Es en espacio físico abierto a todo el mundo y una laboratorio de ideas conectadas en red. El MediaLab es un laboratorio interdisciplinar para crear e innovar. Y un detalle importantísimo: su fortaleza no reside apenas en la programación propia, cocinada por comisarios y especialistas. Su vigor también está en los grupos de trabajo, encuentros y proyectos cocinados de forma horizontal por las comunidades de ciudadanos que frecuentan la sede del MediaLab Prado o participan en él digitalmente. Cada viernes, por ejemplo, existe un open lab en el que cualquier persona puede colaborar y crear proyectos con cualquier persona. Y aquí está otro detalle crucial: el prototipado, término que viene de la cultura digital y de la programación informativa. La cultura del prototipado no genera productos definitivos y cerrados. Trabaja de forma transparente y colectiva en proyectos abiertos, mejorados en tiempo real por la inteligencia ciudadana. Además, el MediaLab Prado se ha convertido en un espacio catalizador donde se encuentran la cultura, la tecnología, las redes, la ciencia, la educación y la innovación.

Sin duda, las líneas de trabajo oficiales del MediaLab Prado son ejes reconocidos, necesarios y relevantes. Su Interactivos? (laboratorio sobre aplicaciones creativas y educativas de la tecnología), su Visualizar (visualizaciones de datos y ciudadanía) o su Laboratorio del Procomún (investigación transversal alrededor del commons) son clarísimas referencias internacionales. Sin embargo, no menos influyentes son los grupos de trabajo auto gestionados Funcionamientos: Diseños abiertos y remezcla social o Género y Tecnología, por citar algunos. El MediaLab Prado es más que un centro cultural, mucho más que un edificio lleno de obras de arte o infraestructuras tecnológicas. Es un conector, un hub, una plataforma que activa la inteligencia colectiva que está transformando la industria, la economía, la tecnología, la educación y el arte en todo el planeta.

8650721371_42c27faed5Imagen: La serrería Belga. Licencia: Creative Commons Share Alike

¿Cuáles son los desafíos del MediaLab Prado en esta nueva época? Sin duda, muchos. Uno importante es canalizar la innovación empresarial y navegar en los nuevos paradigmas económicos. En un momento en el que el mismísimo The Economist le dedica una portada a la sharing economy (economía compartida), el MediaLab Prado está muy bien situado. Y puede convertirse, si sigue su ya reconocida senda, en un gran catalizador de la inteligencia ciudadana, las redes, la cultura abierta y la innovación que necesita Europa. De hecho, la conexión de personas en MediaLab Prado de estos años ha dado pie a proyectos y start ups ciudadanas como MLP, Play the Magic, Open Materials, Hackteria, Lummo, Muimota, Máster DIWO, Ultralab o Data Citizen Driven City, entre muchos otros. Algunos nuevos grupos de trabajo como el IoT Madrid (Internet de las Cosas) o proyectos en exhibición como Impresoras 3D: Makerbot y Reprap son toda una apuesta de futuro.

Sin embargo, en un momento en el que la mayoría de la población del planeta se concentra en ciudades, el gran desafío del MediaLab Prado es la innovación urbana. No es casualidad que algunos de los labs influyentes en el mundo estén apostando sus cartas a la innovación urbana, como  el CityLab de Cornellà en Barcelona o el BMW Guggenheimlab de Nueva York. Por eso, es vital que el MediaLab esté situado en el corazón histórico de Madrid. Su vocación urbana es patente en grupos de trabajo como Ciudad y procomún, la nueva estación de Ciencia Ciudadana o proyectos como Hacer barrio o Quality Eggs. 

La historia del barrio de las Letras donde se ubica el MediaLab Prado nos brinda otra clave interesante. Las instituciones científicas fueron las responsables del primer ensanche de Madrid y la expansión del barrio de las Letras. En el siglo XVIII, en apenas tres décadas la ciudad vio cómo se levantaban el Jardín Botánico, el Observatorio Astronómico, la Academia de Ciencias (hoy Museo del Prado), el Hospital General hoy Museo Reina Sofía) y el Gabinete de Máquinas (destruido, pero cerca del antiguo Museo del Ejército). El nuevo emplazamiento del MediaLab Prado, la Serreria belga, es otra metáfora: la era industrial que abandonó los entornos urbanos.

Por todo ello, convertir un espacio industrial abandonado en un lab de innovación ciudadana justo donde empezaron a dialogar las letras y las ciencias es una metáfora verdaderamente prometedora.

Del #Partidodelared al #PartidodelFuturo

Vídeo presentación del Partido de la Red

La democracia en red está en marcha. Las viejas instituciones se tambalean. La vieja política sigue ocupando hemiciclos políticos, pero cada día es más irrelevante. La sociedad en red es un hecho. Y antes o después, acabará transformando la política. Los partidos dejarán de ser la única forma de participar en la política. La sociedad en red en su conjunto será en sí misma una nueva plataforma política. Esta semana hemos visto dos movimientos interesantes que desde el formato partido aspiran a transformar la política: la presentación del Partido de la Red (Argentina) y el lanzamiento del programa del Partido X, Partido del Futuro (España).

Por un lado, el Partido X, tras las agudas críticas recibidas por el anonimato de sus miembros, preparó un vídeo con una veintena de caras de algunos de los participantes y colaboradores. Además, hicieron público su programa #DemocraciaYPunto, que ha sido cocinado de forma colaborativa entre miembros del partidos, expertos y ciudadanos entre los días 29 de enero y 18 de marzo de 2013. Concentra sus esfuerzos en cuatro puntos: transparencia en la gestión pública, wikigobierno y wikilegislaciones, derecho a voto real y permanente y refenréndum obligatorio y vinculante.“Anonimato y transparencia no están reñidos”, destacan en la introducción de su programa, “todo lo contrario”.

Por otro lado, el Partido de la Red de Argentina, que lleva unos meses cocinándose en red, también ha salido a la luz pública con varios vídeos de presentación. El Partido de la Red, aunque no esconde la cara de sus participantes, también ataca de lleno los lideratos personales. Esta frase resume bien su esencia: “La democracia que tenemos está estancada: es miope. Ordena mal las prioridades: su ancho de banda es limitado”.

A continuación reproduzco un estracto del Manifiesto de la Red elaborado colaborativamente por el Partido de la Red. Un manifiesto incompleto que cualquier puede editar en esta wiki y que ya se me antoja como un clásico de nuestra era. No he podido evitarlo: he remezclado el manifiesto y he añadido algunas frases del programa del Partido X, Partido del Futuro.

#DemocraciaEstancada

la #DemocraciaEstancada es herencia del siglo XIX: forjada en otras condiciones tecnológicas y sociales, no atiende a las nuevas demandas

la #DemocraciaEstancada es un supermercado de oferta acotada y mediocre, que fuerza a elegir y debatir personas en lugar de ideas

la #DemocraciaEstancada tiene una clase política acorde: su integridad es el marketing, su tragedia es la muerte de las ideas

#Red

la #Red se estructura de par a par: es una #Red humana sin centro, que comparte conocimientos, experiencias y aprendizajes

la #Red desafía la concentración de información, derriba barreras sociales, económicas, culturales, intelectuales y geográficas

la #Red facilita la interacción entre la inteligencia colectiva de la ciudadanía y el conocimiento competente de profesionales preparados

#Pares

los #Pares se conectan, están activos, aprenden, se transforman, se vinculan al entorno, dan y reciben en comunidad

los #Pares no se reconocen por su consumo. se encuentran para cooperar y no para competir

#DemocraciaEnRed

la #DemocraciaEnRed, como sistema, busca la distribución transparente de información, resalta la horizontalidad sobre la verticalidad.

en la #DemocraciaEnRed la decisión surge del diálogo entre mayorías y minorías, con reglas para el acuerdo y canales para el desacuerdo

#DemocraciaenRed es el resultado de una democracia que incluye la participación de la ciudadanía para elaborar y gestionar los asuntos comunes.

#PartidodelaRed

el #PartidodelaRed propone el compromiso de #Pares en un modelo participativo ciudadano de consecuencias políticas efectivas

el #PartidodelaRed es literal: se organiza, trabaja y decide en #Red

el #PartidodelaRed se siente global: opera dentro de un marco geográfico, pero su espíritu refiere a todos los habitantes del mundo

el #PartidodeLaRed no es la solución: es un catalizador de las soluciones.

Música para camaleones remix: #InnovaciónCultural

La industria editorial sigue aferrada a la definición de “libro” de la Real Academia de la Lengua: “Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen”. Sin embargo, desde los márgenes del sector cultural empiezan a surgir proyectos que prefieren ignorar todas y cada una de las definiciones de libro de la RAE. Y menos mal. Este es el caso de Música para camaleones. El black album de la sostenibilidad cultural, un proyecto de Trànsit Projectes.

#MPC – etiqueta como se conoce en el proyecto en Twitter e internet – podría ser un libro. Hay una edición en papel a la venta, editada con cariño y buen gusto. Sin embargo, #MPC es mucho más. Para empezar, existe una descarga libre en formato digital. Y lo más interesante: #MPC es más que un formato y más que un contenido. Es un proceso. Es un laboratorio de voces. Es un nuevo imaginario. Es una plaza multimedia. Es un espejo fragmentado de la era red. Es una excusa colectiva para el debate y la co-creación. Es una secuencia de seminarios, encuentros, debates y talleres. #MPC, en palabras de sus propios autores, es “un conjunto de experiencias que se presentan como una manera de entender lo que se ha hecho y se está haciendo en España en cuanto a prácticas de gestión y producción cultural alternativas e innovadoras se refiere”.

Por las páginas físicas (átomos) o digitales (bits) de #MPC parecen deambular algunas preguntas que muchos prefieren evitar. ¿Cómo le ha afectado a la cultura la llegada de las redes? ¿Cuál es el modelo de negocio en esta nueva era? Y Trànsit Projectes, ante la inexistencia de respuestas definitivas, construye una plataforma compartida que nos devuelve una respuesta coral, diluida, transversal, en constante estado beta. Y nos propone un viaje dividido en cinco tracks: Redes Geniales;Periferias como centros;Colaborar-Cooperar-Coproducir; Ser Viajero, no viajante y Serendipia. En el prefacio, encontramos la justificación del título. El camaleón – su arte de adaptación, de camuflaje, de cambio, de fusión-  simboliza como nada al agente innovador de la cultura de nuestros tiempos. Mientras el mercado y la industria cultural apenas se reflejan en el espejo de las redes, el camaleón cultural se adapta, innova, dialoga con otros colores-realidades.

Pablo de Soto, de Hacktitectura, en una de las píldoras de Camaleones

Inmersos en los tracks de #MPC escuchamos todo aquello que la industria parece no querer oir. José Ramón Insa Alba (@culturpunk) nos susurra que las redes son espacios para “forjar sueños más allá de los discursos”. Susana Zaragoza (@susanajorgina) incita a la creación de “otros momentos sociales, abiertos, emancipadores, redes para la experimentación y la inteligencia colectiva”. Pedro Soler (@pedrosoler) grita sin miedo que “las instituciones culturales son la expresión de formas de pensamiento ancladas en prioridades distintas a la creatividad”. Ricardo Antón (@ricardo_AMASTÉ) afina bien la necesidad de “mejorar e innovar en los procesos colaborativos”. Juan Insúa (@CCCBlab) tararea que la cultura es “una mesa de trabajo y experimentación llena de provetas y frascos llenos de esencias”.

Textos-imaginarios, textos-teje-redes, textos-cascada que desmontan la visión monolítica de la cultura como producto o de la cultura como mercado. Palabras en red que llevan a la cultura hacia horizontes y paisajes desconocidos. #MPC, su heterogénea sinfonía de voces, nos convencen que la cultura en la era de las redes es el laboratorio donde se cruzan los nuevos prototipos de la economía, la política o la investigación. Por eso, #MPC estudia 29 casos concretos de cultura desarrollados en el Estado español. Y nada como un base rítmica de realidad para entender que algo muy profundo está sacudiendo la cultura.

Por un lado, las fronteras físicas dejan de ser un muro, como lo prueban proyectos como Inteligencias Colectivas (que desarrollan proyectos en nueve países de Europa y América Latina) o LabLatino (que trabaja en cinco países iberoamericanos). Por otro Bookcamping.cc (una biblioteca digital de libros libres) o Think Commons  (un espacio digital de debates audiovisuales) resaltan la mutación de los formatos físicos. También destaca en #MPC el auge del procomún cultural como un paradigma que sobrepasa la gestión pública o privada, con proyectos como La Tabacalera (centro social autogestionado) o Goteo (plataforma de financiación colectiva de proyectos de código abierto). Aunque si yo tuviera que destacar un aspecto de los proyectos retratados en #MPC no tendría muchas dudas: la transversalidad. La innovación cultural es lateral, híbrida, bastarda, oblicua. Todo por la Praxis (urbanismo en red), Zemos98 (cultura-remezcla) o Derivart (hacktivimo económico) nos muestran la espectacular redvolución transversal que está fraguándose en todos los rincones del Estado español. Definitivamente, la España expandida, glocal, innovadora y crisol de las culturas de todo el mundo tiene poco que ver con la marca España promovida desde el Gobierno.

Mientras los ministerios e instituciones culturales del pasado siguen obsesionados por la rentabilidad de los proyectos, la cultura se mueve. Y los camaleones caminan mutando, reflejados en el arco iris de su propio movimiento.

Consigue aquí tu ejemplar de Música para camaleones. El black álbum de la sostenibilidad cultural

 

 

Diez tuits sobre el Día Mundial de los Datos Abiertos

Datos abiertos como condición de la transparencia. Datos abiertos como garantía de acceso al conocimiento. Datos abiertos como una puerta abierta a la innovación. Datos abierto como un primer paso hacia el gobierno abierto. Datos abiertos como un activador de la inteligencia colectiva en entornos urbanos. Seis redondas, poética e inspiradores. Pero la realidad es algo más prosaica. Y que existan datos abiertos, especialmente en la política, no significa que vaya a existir una sociedad abierta. Mucho menos un Gobierno abierto, que implica co-creación de políticas, la colaboración y la participación. Vale la pena leer el texto La promesa del open data y la ambigüedad actual del concepto de Gobierno abierto, de Mauricio Delfin.

Aunque el concepto de open data – datos abiertos en español – no garantiza ninguna de las realidades incluídas en las “seis frases redondas”, son un paso necesario e inevitable en la nueva sociedad red. Por eso todavía sigue siendo necesario el Día Mundial de los Datos Abiertos, celebrado cada 23 de febrero (hoy). La muerte del activista Aaron Swartz y el espontáneo movimiento #PDFTribute (que liberó publicaciones académicas de todo el mundo con formatos y licencias libres) mostró que los datos abiertos son más actitud que tecnología. Mientras el Gobierno del Partido Popular intenta aprobar una descafeinada ley de transparencia en España que deja al margen a la Monarquía y a los partidos políticos, entre otras cosas, el mundo se mueve. El futuro tendrá #DatosAbiertos o no será.

Recomiendo leer en Twitter lo que está pasando en las etiquetas #OpenDataDay, #DatosAbiertos y #OpenData. Para los que no tengan demasiado tiempo, no usen Twitter y/o confíen en este blog, he escogido este Diez tuits sobre  el Día Mundial de los Datos Abiertos (con algunos que he encontrado sin hashgtag o con fechas anteriores).

 

 

 

 

 

 

 

La era de la polinización cruzada

 

Cada pieza es una llave. Un cuerda que conecta. Una chispa que ilumina un rincón inesperado. Un pasadizo secreto al otro lado de la montaña mágica. Lo mejor de todo: cada pieza forma parte de un sistema mayor cuya única misión es posibilitar conexiones imposibles. El Free Universal Construction Kit, un sistema de ochenta piezas, tiene un objetivo aparentemente poco importante: que los niños conecten juguetes diferentes. Las ochenta piezas del kit permiten unir piezas de LegoDuploFischertechnik o Gears, entre otros. Los sistemas de juego patentados por marcas, de repente, están conectados. Pero todavía queda una vuelta de tuerca magistral: el colectivo F.A.T (con su picante receta de cultura pop, código abierto y activismo) y SyLab no venden las piezas. Las cuelgan en Internet en formato STL con licencia libre para que cualquier persona pueda construirlas con ayuda de una impresora 3D (ellos recomiendan Makerbot).

Pensemos en la esencia del Free Universal Construction Kit. Pensemos en grande: la conexión como eje de la estrategia, el vínculo como valor añadido, lo transversal como factor multiplicador. Cada pieza es la responsable de que un sistema entero sufra una mutación creativa. El sistema ha funcionado durante siglos con la inercia del divide y vencerás. Del patenta y te enriquecerás. Del inventa en solitario y triunfarás. Pero la sociedad en red, en la era de la inteligencia colectiva y del código abierto, está dinamitando los sistemas excluyentes y las habitaciones privadas. El departamento de I+D de especialistas que no dialogan ni con la sociedad ni con otros expertos de otras disciplinas está seriamente amenazado. La revista Wired, destacaba recientemente en un artículo de su edición británica titulado Cómo descubrir el futuro la figura de los cross-pollinators en la innovación, algo así como polinizadores cruzados.

La innovación en la era del crowd, según Wired, debería estar inspirada en la función de la abeja, vital en la tarea de la polinización cruzada de ciertas plantas. El cross-pollinator sería una pieza clave de esta convulsa nueva época, un catalizador, un co-inspirador interdisciplinar. De hecho, la historia ha estado llena de polinizaciones cruzadas basadas en la serendipia (descubrir algo mientras se busca otra cosa). Piérdete y descubrirás. Alexander Fleming inventó la penicilina por casualidad cuando investigaba el cultivo de bacterias. Las famosas notas pos-it nacieron por azar. El artículo de Wired brinda algunos buenos ejemplos: “Cuando el matemático John von Neumann cruzó física e ingeniería ayudó a la ciencia informática. Su contemporáneo Buckminster Full navegó con soltura entre la ingeniería, la economía y la biología para resolver problemas de tráfico, arquitectura y diseño urbano”. La economía conductual por ejemplo, surgió cuando Daniel Kahneman y Amos Tversky mezclaron psicología y economía.

 ¿Y qué innovación surgirá en esta nueva era de cross-pollinators? ¿Qué polinización generará la era de los equipos adhócratas que trabajan de forma rotativa, flexible e interdisciplinar? ¿Podríamos pensar que cada pieza del Free Universal Construction Kit es una metáfora de algo mayor? ¿Qué cada pieza podría ser una persona, una plataforma web o una puerta de un edificio que incentiva una conexión imposible? Los matices son muchos (y remezclables). Un biólogo como Juan Freire que investiga sobre arquitectura y organización de empresas es un polizinador cruzado, cierto. Pero una API abierta que permite, por ejemplo, cruzar Craiglist y Google Maps para crear Housingmaps, es un interfaz-polinizador cruzado. Y un hub físico como el MediaLab Prado donde trabajan personas multi disciplinarmente es un lugar-polinizador cruzado. Y MoveCommons, que pone en contacto a personas y colectivos con inquietudes similares, es una plataforma-polinizador cruzado. Y Kune, que facilita el trabajo digital colaborativo, es una herramienta-polinizador cruzado. Y Thingdiverse, un acervo virtual de diseños para objetos reales, es un almacén-polinizador cruzado.

Pensemos en grande. O mejor:  pensemos en pequeño. Ya sea una persona, una plataforma, una herramienta, un lugar, un ciberalmacén o un código abierto, nunca existirá la polinización cruzada sin una nueva actitud que guíe a una nueva sociedad. Reciclarse o morir. Pensar lateralmente o desaparecer. Conectar-colaborar o perder. Recuerda: tu inspiración es la abeja. Somos enjambre. ¿Qué está contenido en un humano, como escribía, Kevin Kelly en Out of control, que no emergerá hasta que estemos todos interconectados por alambres y política?

Este texto se ha publicado en Yorokobu.