#FreeCortázar, queremos las obras de Cortázar en dominio público

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Bernardo Gutiérrez

Hace exactamente dos años arranqué con un proyecto de literatura experimental, abierta y colectiva. El proyecto se tituló Este libro se autodestruirá. En este post explicaba el plan: escribir un relato en un PAD público, un documento digital abierto a todo el que quisiera participar. En la época, los PADS públicos de la plataforma Titanpad.com morían un año después de ser creados. Este libro se autodesturirá sería pues una metáfora de la creación efímera. También cuestiona algunos de los mitos de la creación literaria (el escritor individual inspirado por las musas, la página en blanco como muro…). Y era , sobre todo, un puñetazo táctico contta la rígida gestión de derechos que el copyright impone a las obras hasta muchos años después de la muerte de los autores.

Un año después de comenzar del nacimiento de Este libro se auto destruirá retomé el proyecto, justamente el día de la muerte anunciada del PAD. Aquel río donde estuve (estruvimos) creando una trama coral e imprevisible podría desaparecer para siempre. Confieso que nunca dominé la trama. Perder el control era de hecho parte del plan. Me dejé llevar por ella. Tendí trampas para que también fuese un poco mía. Corté, remezclé, escribí mucho, poseído por la urgencia de la autodestrucción que acechaba a la vuelta de la esquina. Un año después de recomenzar la escritura expliqué en el post Copia o muerte que la única manera de salvar el proyecto ‘Este libro se auto destruirá’ era copiándolo. Copiarlo a cualquier soporte, formato o link. Alguien consiguió copiar todo el contenido del PAD inicial a un nuevo PAD titulado FreeCortázar. Prueba conseguida: la copia salva. Bendito copypaste.

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En Este libro se autodestruriá alguien viaja a París sesentero a mostrarle Internet a Cortazar, única persona capaz de salvar este planeta distópico del siglo XXI. ¿Qué habría hecho en la era de Internet el visionario de los links que transformó Rayuela en un libro sin principio ni fin, sin dentro ni fuera? Como mínimo, salvaría el mundo. En la trama  de Este libro se autodestruirá una serie de personajes se enredan en pergaminos, planes contra las multinacionales y filtraciones de Wikileaks. Julian Assange también aparece en las líneas del libro que sobrevivió a su própria destrucción. En el texto, yo fui escribiendo paisajes: lo que ocurría mientras escribía, en mi día a día en el laboratorio rural NUVEM, en la sierra de Rio de Janeiro.

Y dos años después, con el mundo patas arriba, volví NUVEM, a una casa rural, cerca de Maromba, a hacer una última “residencia creativa” para intentar avanzar hacia algún lugar que todavía desconozco. La trama llegó a un punto claro: uno de los usuarios más activos durante el proceso sugirió remezclar un libro raro de Cortázar, del año 1974: Fantomas contra los vampiros multinacionales. Su protagonista era un héroe enmascarado. Luchaba, como los desdibujados personajes de Este libro se auto destruirá, contra un planeta injusto. Y aquí estamos de nuevo, frente al espejo del PAD, reflejándonos en un agujero negro del copyright, en un exuberante sótano de la creación colectiva, al margen de celulosas y agentes literarios (traficantes de derechos).

Mientras remezclaremos el librito de Cortázar – sin pedir permiso a nadie, sólo faltaba – ponemos en marcha una petición en la plataforma Oiga.me. Se titula #FreeCortázar, queremos las obras de Cortázar en dominio público. Todo el mundo que la firme provocará que le llegue un mail a Carina Pons, responsable de la agencia Carmen Ballcells de gestionar los derechos de autor en España, un país distópico en derechos de autor. La culpa no es de Carina. Pero lo ha tocado el marrón. En Argentina, país natal del Cortázar, las obras pasarán a dominio público en 2054. En España, en 2064. La campaña tiene un objetivo simbólico (cuestionar por qué las obras de cualquier genio universal continúan tantos años con copyright) y un objetivo más concreto y asequible: la liberación de los derechos de Fantomas vampiros multinacionales.

Aquí un pedazo de la petición en Oiga.me que será enviado por mail a la agencia Carmen Ballcells de Barcelona, que explica por qué Fantomas es nuestro mejor aliado en este viaje:

“Siendo Cortázar un autor extremadamente innovador, habiendo usado el pastiche o collage en El libro de Manuel, la aplicación rígida del copyright a la obra del escritor es una contradicción.

El sueño de muchos sería la inmediata liberación de los derechos de las obras de Julio Cortázar. Dada su dificultad, solicitamos la liberación del libro Fantomas contra los vampiros multinacionales (1974). Cortázar aprovechó un personaje ya existente en Francia desde 1911 (villano) que resurgió como héroe justiciero en cómics mexicanos en los años 60. Privatizar imaginarios populares es un robo. Cortázar, que reinventó a Fantomas como un héroe contra las multinacionales y las élites, estaría de acuerdo con la liberación de los derechos. Mientras remezclamos colectivamente Fantomas contra los vampiros de las multinacionales en este PAD llamado FreeCortázar solicitamos la liberación de los derechos de autor del libro. La liberación sería el éxito de Fantomas con el que Cortázar siempre soñó. Esperamos que sea el primer paso de la total liberación de los derechos de Julio Cortázar. La humanidad se lo merece”.

Y aquí-allí estamos, en la creación transpíxel de Este Libro se auto destruirá que ya es casi eterno. Escribiremos (bienvenidas todas) en este link: titanpad.com/freecortazar. A partir de la línea 700 aproximadamente comienza  el remix.

Dialogaremos en el hashtag #FreeCortázar en Twitter, Facebook o Instagram.

Divulgaremos la petición de Oiga.me para liberar los derechos de Cortázar. Aquí en este link.

Diviértanse. Cortázar estaría de nuestro lado, disfrutando con cada nuevo vínculo, asomado a cada frase creada por la multitud. Mi conexión a Internet aquí en NUVEM es intermitente. Hasta el domingo tal vez esté por momentos off line, cocinando palabras, para luego colarlas en el relato-remix colectivo.

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Copia o muerte

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Este libro se autodestruirá. De aquí a unas horas. Tal vez en unos minutos. Si la política de la plataforma TitanPad , el documento en el que inicié hace casi un año el proyecto, es cierta, Este libro se auto destruirá  desaparecerá. La creación colectiva, tejida en red desde muchos puntos del planeta, se irá para siempre. ¿El proyecto, que comencé en lab rural Nuvem, en la sierra de Río de Janeiro no habrá servido para nada? ¿Cómo evolucionó la trama del relato cocinado de forma coral que nació como broma, provocación o experimento copyleft? ¿Qué ha pasado durante el año de vida de este documento abierto que cualquier persona puede modificar?

Confieso que casi nada. Tras mi semana de reclusión, edité algunas partes. Añadí algunas otras. Alguien borró todo el contenido del documento.Tuve que recurrir a la artimaña del time slider – parte superior derecha – para recuperarlo. Después, el vértigo de 2013 secuestró mi tiempo-reservado-para-la ficción. Como si la realidad, con Turquía y Brasil tirándonos de la oreja del conformismo,  fuese una novela coral, una ficción de tono tan ciberpunk y apocalíptico como la trama de Este libro se autodestruirá. Y aquí estamos, asomados al precipicio del fin, de la página/bit cerrada, con recelo de ese vacío-que-tal-vez-nos-consuma. Sería una pena: nos quedamos a las puertas de la remezcla colectiva del relato Fantomas contra los vampiros de las multinacionales, de Julio Cortázar que alguien sugirió en Facebook mientras escribíamos.

Sería una pena que todo acabase ahora. Soñaba con remezclar colectivamente a Fantomas, adaptarlo a la era Anonymous. Y de pasó tocar un poco las narices a quien tenga los derechos de autor de Julio Cortázar, ese monstruo universal que todavía está en manos de una agencia literaria (#TiemblaCarmenBalcells). La remezcla / campaña #FreeCortázar  que presionase a los secuestradores de la obra de Julio Cortázar sería un sueño para él, para el inventor del vínculo, de la novela requebrajada por un tiempo circular.

Pero tenemos un plan. ¿quién dijo que los libros mueren? ¿quién insinuó que la trama apenas existe dentro del formato? ¿quién piensa que apenas hay literatura dentro de la celulosa o de las pantallas?  Tenemos un plan, decía. Y ya no nos hará falta memorizar la trama coral ni las subtramas de la vida como en Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. La copia nos salvará. Copia o muerte. Copia el contenido de Este libro se autodestruirá o moriremos. Corta y pega. Róbanos. (RE) crea la trama. Mútala. Córtale el verbo. Afina las tildes. Simple: corta y pega el contenido de este documento en cualquier otro. Mejor si es un pad compartido, online, abierto. Comunícalo como quieras. Sugiero un hashtag en twitter: #LibroSuicida.

La copia nos salvará. Nos permitirá continuar la trama. Podremos seguir jugando, remezclando, abrazándonos en ese juego infinito de la creación colectiva donde la supervivencia del rito, del intercambio, sustituye a la meta final, a la cultura, a cualquier objeto. Nuestro objetivo es preservar las historias, el juego infinito, el eco de nuestra conversación. #FreeCortázar, una remezcla colectiva y transgresora, nos espera más allá del click que salvará al libro suicida de nuestra trama.

La ciudad es una selva

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Este texto es una remezcla de Esbozo del manifiesto del arte de propaganda (Fortunato Depero, 1929), Las ciudades invisibles (Italo Calvino, 1972 ), Bienvenidos a la ciudad más libre del mundo (Gianfranco Sanguinetti, 1977), Para una guerrilla semiológica (Umberto Eco, 1987), Los invisibles (Nani Balestrini, 1987), Esta revolución no tiene rostro (Wu Ming, 2002), Multitud (Toni Negri – Michael Hardt, 2004), Generación Post-Alfa (Franco Berardi BIFO, 2007). No se han usado palabras no contenidos en dichas publicaciones. Se han ensamblado frases completas. Esta remezcla italiana es un homenaje a las luchas de dicho país en el contexto de la acción-proceso #19O #sollevaziones de 2013.

La ciudad es una selva. Los guerrilleros urbanos conocen su territorio de manera capilar, y eso les permite reunirse y atacar en cualquier momento y luego dispersarse en sus escondrijos. Velocidad, practicidad, electricidad. Desobediencia y resistencia, sabotaje y deserción, contrapoder y procesos constituyentes. Aquí nos hayamos frente a una especie de abismo. Contra el guetto, contra el clero, contra los machos, contra la escuela, contra el aburrimiento.

Aquí nos hayamos frente a un espacio estratégico desconocido, ¿qué puede llegar a ser la multitud? Un ruido que viene de todas partes. Un gran dragón multicolor tatuado. La prosa carnavalesca es la que rechaza el monólogo y la pretensión de una verdad acabada. La verdad no nos salvará. Lo carnavalesco, el diálogo y la narración pueden adoptar la forma de la multitud.

La ciudad es una selva. Con el paso del tiempo, las palabras fueron sustituyendo a los objetos y los gestos. Por eso hay que seguir narrando, montando las historias como si se tratase de espacios públicos para habitar, transformar y recorrer y no sólo para visitar y admirar. El enfrentamiento se produce entre narraciones abiertas y narraciones cerradas. Historias que muestran el funcionamiento de la máquina mitológica e historias que lo esconden. Narradores que se dirigen a otros potenciales narradores y vendedores de historias que buscan sólo compradores. La batalla por la supervivencia no se gana en el lugar de donde parte la información si no de donde llega.

Saber lo que no hay que hacer, es actualmente tan importante como saber lo que hay que hacer. En una época en que las ideas se vuelven peligrosas no se trata de predicar otra idea de riqueza, sino de crear un movimiento de ricos, es decir, de personas libres que no posean nada, que tengan necesidades de poquísimos y de disfrutar del proprio tiempo como propiedad inalienable. Un movimiento del ocio y del sabotaje, un movimiento de la substracción y de la lentitud, multiplicado por la infinita velocidad de la red.

El coraje, la audacia y la rebeldía serán elementos esenciales de nuestra poesía. Nos confundimos, nos abrazamos. ¡Música maestro! ¡El trabajo es el sabotaje de la vida, saboteemos el trabajo! ¡Destrucción de la sociedad del espectáculo! Volver a la ofensiva significa: organizar la autodefensa de los territorios conquistados. El grado de autonomía real que sepamos alcanzar con relación a los cadáveres del pasado decidirá la suerte de nuestro movimiento. ¡Música maestro! Nosotros somos nuevos, pero somos los de siempre. Somos viejos para el futuro, ejercito de desobediencia cuyas historias son hachas, en marcha desde hace siglos sobre este planeta.

Volver a la ofensiva significa: generalizar y radicalizar la insubordinación contra toda jerarquía, ejercitar nuestra creatividad contra la sociedad del espectáculo, sabotear las máquinas y la mercancía, promover huelgas salvajes indefinidas. La cuestión no es táctica, sino estratégica. Hay que seguir narrando.

La ciudad es una selva. La ciudad es una telaraña de relaciones intrincadas que buscan una forma. En cada segundo, la ciudad infeliz contiene una ciudad feliz que ni si quiera sabe que existe.

Tenemos la mala suerte de vivir en un tiempo interesante.

Nunca nada será lo mismo

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Este texto es una remezcla de Utopías Piratas: Zona Autónoma Temporal  (Hakim Bey, 1985-1995-2003), Megalopolis: Contemporary Cultural Sensibilities (Celeste Olalquiaga, 1992), Inteligencia Colectiva (Pierre Levy, 1994), Change the world without taking power  (2012, John Holloway), el cartel realizado por la revista Adbusters que ilustra el texto, la letra de la canción colectiva Tencere Tava Havasi compuesta e Estambul tras #OccupyGezi y Chapuling in the streets: John Holloway greets Occupy Gezi Resistance with solidarity, (Social Network Unionism, 2013 ). Ver metodología al final del texto*.  

Como las fiestas, las revueltas no pueden ocurrir todos los días. Pero tales momentos de intensidad dan forma y sentido a la totalidad de una vida. El chamán retornará, pero las cosas han cambiado. Ciertos desplazamientos han tenido lugar. Una diferencia se ha instaurado. Nunca nada será lo mismo. Las navegaciones transversales, heterogéneas, de los nuevos nómadas exploran otro espacio. ¿Cómo hacer elevarse una sinfonía a partir del rumor de lo múltiple? ¿Cómo pasar – sin partitura previa – de un ruido de multitud a un coro? Si así les gusta, pueden llamarnos infantiles, pero este es nuestro punto de partida: nosotros gritamos.

¿Qué ha pasado con nuestra ciudad? Está llena de edificios-esteroides. No me veo cruzando este nuevo puente. Imposible fundar una ciudad, imposible de aquí en adelante establecerse, donde quiera que sea, sobre un secreto, un poder, un suelo. Los cuerpos se están volviendo ciudades; sus coordenadas temporales, coordenadas espaciales. Las historias han sido substituidas por los mapas. Y cada uno de nosotros es dueño de la mitad del mapa; como dos potentados del Renacimiento definimos una nueva cultura con nuestro anatema de cuerpos. Con nuestra emulsión de fluídos, las junturas imaginarias de nuestra Ciudad-Estado se desdibujan en nuestro sudor. Somos inmigrantes del subjetivismo. Somos nómadas de un espacio sin aristas.

En el principio, como dijimos, era el grito. Nuestro grito es una proyección-más-allá, la articulación de una otredad que puede llegar a ser. Es el grito de la esperanza. Ven lentamente, lentamente, el suelo está húmedo. Aquí podemos entrever una geografía completamente nueva, un tipo de mapa de peregrinación en el que los lugares sagrados son substituidos por Zonas Autonómamente Temporales (TAZ): una ciencia real de psicotopografía que puede ser llamada “geoautonomía” o “anarcomancia”. La Tierra muere, con los dioses, si los cantos no se retoman, si los grupos no vuelven a escuchar su eco sobre la piedra, si los viajes no se emprenden de nuevo, si las huellas son abandonadas. Ven lentamente, ven.

Y bruscamente, en el recodo de un pasillo subterráneo, surge la música del porvenir. La tierra como una canica bajo el ojo gigante de un satélite. La Zona Autónomamente Temporal (TAZ) como una forma de sublevación que no atenta directamente contra el Estado, como una operación guerrillera que libera un área de tierra, de tiempo, de imaginación. Y entonces se autodisuelve para reconstruirse en cualquier otro lugar o tiempo, antes de que el Estado pueda aplastarla. La TAZ es un campamento de guerrilleros ontológicos: atacan y escapan. Mantén en movimiento a toda la tribu, aunque sólo se trate de datos en la Web.  La circulación devora, recubre, obstruye, ahoga, ensordece la ciudad. Horada, despedaza, corta el campo. ¿Qué ha pasado con nuestra ciudad? ¿Qué hacer? Cambiar el mundo sin tomar el poder.

Ven lentamente, el suelo está húmedo. Ven desnudo como un signo. Todo el mundo está bailando en las calles. Bailando con rabia, bailando con alegría sobre las tumbas de nuestros señores. El baile nos da el lenguaje. Las imágenes que necesitamos para vernos a nosotros mismos. Somos todos turcos, todos griegos, todos chipriotas. Ven lentamente, baila. Allana moradas pero en vez de robar, deja objetos Poético-Terroristas. Secuestra a alguien y hazle feliz. Convéncele de ser el heredero de una inmensa, inútil y asombrosa fortuna. Digamos 5000 hectáreas de Antártida. O  un viejo elefante de circo. O  una colección de manuscritos alquímicos. Baila Estambul, baila Ankara, baila Izmir. El mundo baila contigo. El Cairo, Atenas, Madrid, Nueva York, Londres, Cochabamba. Bailes inverosímiles en cajeros automáticos nocturnos. Despliegues pirotécnicos ilegales.

La lucha del grito es la lucha para liberar a la subjetividad de su cuerpo físico. Ya no se trata del tiempo de la historia, referido a la escritura, a la ciudad, sino de un espacio moviente, paradójico, que nos llega también del futuro. Tiempo errante, transversal, plural, indeterminado, como el que precede a todos los orígenes. Las memorias han sido intercambiadas por los escenarios. Los signos, a su vez, se hacen emigrantes: este humus no cesa de temblar, de quemar. Deslizamientos vertiginosos en religiones y lenguas, haciendo zapping entre las voces y los cantos. Bailes inverosímiles en cajeros automáticos.

El chamán retornará, pero las cosas han cambiado. No hay devenir. Ni revolución. Ni lucha. Ni sendero. Tú ya eres el monarca de tu propia piel; tu inviolable libertad sólo espera completarse en el amor de otros monarcas: una política del sueño, urgente como el azul del cielo. Separados de la tribu por una nostalgia feraz escarbamos túneles tras las palabras perdidas. Después, encontramos las bombas imaginarias. Nunca nada será lo mismo.

 

*No he utilizado ninguna palabra que no aparezca en los textos utilizados como código fuente para la remezcla  En general, he encajado frases enteras de los diferentes textos. He añadido alguna coma o punto. También he cambiado alguna “y” minúscula en “Y” mayúscula.  

Nosotras, la guerrilla F5

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Este texto es una remezcla de El manifiesto antropófago (Oswald de Andrade, 1928), Guerrilla (T.E Lawrence, 1929), Tratado de Nomadología (Gilles Deleuze-Félix Guattari, 1980), El manifiesto ciborg (Donna Haraway, 1985) y Junto a los ríos de  Babilonia (Wu Ming 4, 2004) * (Ver aclaración al final del texto). 

Los ejércitos son como plantas, inmóviles como un todo, enraizados, nutridos por largas ramas que llegan hasta la cabeza. Nosotras somos como un vapor llevado por el viento. Los afectos atraviesan nuestros cuerpos como flechas. Nuestros cuerpos son mapas de poder e identidad. Y los afectos son armas contra todos los importadores de consciencia enlatada.

El combate no es físico sino moral y, por lo tanto, las batallas son un error. Nosotras somos una influencia, algo invulnerable, intangible, sin frente ni retaguardia, que se mueve como el gas. Nunca supimos lo que era urbano, suburbano, fronterizo y continental. Por eso combatimos para convencer, no para vencer. Para la diversidad, no para la identidad. Para transformarnos antes que nada en el espacio renovado por el viento. El enemigo es tan sólo una contingencia de la lucha, no nuestro objetivo.

La victoria no consiste necesariamente en conquistar ese punto en el que el enemigo se siente inatacable, sino más bien en modificar el mapa entero para convertirlo en un punto de importancia secundaria. Desplazar la acción a otra parte y dejar al enemigo que defienda atrincherado un lugar que se ha vuelto inservible. El que defiende una plaza ya ha perdido. El máximo desorden es nuestro equilibrio. La movilidad cuenta más que la fuerza. La bestialidad ha alcanzado un nuevo rango en este ciclo de cambios de pareja.

Nuestra arma es justo como el viento: a la vez el aire que se respira y el gas venenoso que hacemos respirar al enemigo. Nuestra arma es la capacidad de transformar a cada individuo en un simpatizante y amigo. Porque nuestros reinos están vivos en la imaginación de cada una. Y el viento no se conserva, simplemente sigue soplando, erosionando y moviendo las formas sólidas al mismo tiempo que se desvía.

Somos quimeras, híbridas teorizadas y fabricadas de máquina y organismo. La máquina somos nosotras y nuestros procesos. Por eso nuestra estrategia es la construcción de nuevas pistas, nuevos mapas del espacio desierto que habitar. Donde el soldado regular ve sólo desierto, nosotras vemos una red articulada de pistas y líneas por las que desplazarnos: un espacio a poblar, que coincide con su mundo y al mismo tiempo lo supera.

*No he usado ninguna palabra que no aparezca en los textos anteriores. Me he limitado a remezclar, encajar y ajustar frases enteras. Apenas he añadido comas y puntos y el estilo mayúscula para la ‘y’ en el inicio de alguna frase. He adaptado las formas verbales a la primera persona del plural. Uso el género femenino, tal como lo hace el movimiento 15M.  F5 es la tecla que activa la actualización de la pantalla en muchos sistemas y programas informáticos. Nosotras, la guerrilla F5  – un palimsesto digital, un código fuente – puede ser reescrito, remezclado y despedazado por cualquiera. Cambiando la imagen que abre el texto, el significado será diferente. El resultado será imprevisible.

El ranking de libros más descargados del mes

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Ólvidate de las listas de libros más vendidos del mes. Aparca el concepto de best seller. Llega la era de ‘los libros más descargados del mes’. Y no, nada que ver con piratería. Traficantes de Sueños, la editorial-librería-distribuidora-cooperativa madrileña, acaba de lanzar su Ranking descargas libres del mes de abril. Traficantes de Sueños edita libros con licencias libres (Cretive Commons), por lo que “se permite su libre copia, distribución y comunicación sin ánimo de lucro de manera perfectamente legal”. Sin embargo, Traficantes de Sueños cuida con esmero las ediciones  en papel y los venden a precios de mercado. Además, tienen un dispositivo para canalizar donaciones voluntarias vía Pay Pal.

Traficantes lanza esta iniciativa para visibilizar que cultura libre – las licencias libres que permiten la circulación de la cultura- no es sinónimo ni gratuidad. Ni descarga de piratería. “Cultura libre no sinónimo de cultura gratis- afirman en su site -. Producir un libro conlleva costes de derechos de autor, traducción, edición, corrección, maquetación, diseño e impresión. En esta era digital, los proyectos de cultura libre estamos buscando nuevas fórmulas de financiación que permitan la sostenibilidad material sin bloquear la difusión de los contenidos”.

Desde Traficantes aseguran que pretenden denunciar “las cadenas de librerías, grandes superficies y las encuestas de Nielsen en los que una y otra vez se repiten los títulos y autores que en su gran mayoría en nada nos interesan”. Su ranking de libros más descargados del mes es el siquiente:

1º.  Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, de Silvia Federici. 912 descargas libres . Descarga aquí.

2º. El kit de la lucha en Internet, de Margarita Padilla. 534 descargas libres. Descarga aquí. En este mismo blog, mi post Razones para leer El kit de la lucha en Internet.

3º. Postmetrópolis. Estudios críticos sobre las ciudades y las regiones, de Edward W. Soja . 365 descargas libres. Descarga aquí.

4º. El manifiesto de la Carta Magna. Comunes y libertades para el pueblo,  de Peter Linebaugh. 341 descargas libres.Descarga aquí.

5º. La nueva frontera urbana. Ciudad revanchista y gentrificación, de Neil Smith. Descarga aquí.

Iniciativas como este ranking y la existencia de proyectos como Traficantes de Sueños prueban que existen otros caminos al dictado por la industria cultura, el lobby del copyright y la vieja política que rinde pleitesía a Hollywood.

La piratería es buena para el cine

El mantra de este post es muy sencillo: La piratería es buena para el cine. Repitamos: la piratería es buena para el cine. Remezclemos, todos juntos: la piratería es buena para la música, para la literatura, para la cultura. Ahora una frase redonda con un link irrefutable (un estudio de la Comisión Europea): Los investigadores encontraron que la piratería en general no tiene un efecto negativo en las ventas de música, sino todo lo contrario. ¿A qué viene todo esto?

Esta entrada es una respuesta personal al texto La tragedia del cine, que el escritor Luis García Montero publicó recientemente en InfoLibre. El texto confunde la velocidad con el tocino, churras con merinas, para que me entiendan los menos jóvenes. Y se me antoja totalmente irresponsable, pues es difícil argumentar que un hombre de letras como Luis García Montero esté tan mal informado. Frases como “durante los últimos años el desarrollo de la piratería ha sido vertiginoso” podrían considerarse un desliz. La SGAE,  los ventri-locos del lobby y su coro mediático han estado identificando descargas con piratería durante la última década.

Pero otras frases del texto de Luis García Montero hacen saltar todas las alarmas de la cordura de la era red: “El desprecio a la cultura que encierra la piratería se traduce de forma inmediata en la pérdida de independencia de los creadores, que son obligados a someterse al mecenazgo de las grandes multinacionales y los ámbitos globales de control ideológico”. Luego se resienten porque las redes (o sea, las personas) y el público están cada día más distante de ese star system cultureta de España que se mira en el espejo deformante del No a la guerra del año 2003, cuando todavía eran relevantes.

 

 

Luis García Montero debería leer Software Libre para una sociedad libre, de Richard Stallman, piedra de toque de la denominada cultura libre. La licencia copyleft, que garantizaba inicialmente la copia, circulación y modificación del código informático, contagió rápidamente a la cultura. Y creo un nuevo paradigma de circulación, gestión y consumo (palabra que odio) cultural para la era red. Stallman ya dejaba clarísimo que asociar el “intercambio” al “asalto de un barco corsario” (piratería) es simplemente inaceptable. El otro gran objetivo de Richard Stallman era dejar claro que el ‘free’ del free software o free culture no es sinónimo de gratuidad, sino de libre. El libro Cultura Libre, de Lawrence Lessig, sería otra imprescindible lectura para Luis García Montero, el sector cultural y los amigos de InfoLibre que prometieron licencia Creative Commons y se agarran al copyright como a un clavo ardiendo.

Y por eso el mantra casposo del ‘todo gratis’, de la cultura libre como sinónimo de gratuidad y piratería es, además de una falta de respeto, una falacia gigantesca. El colectivo de escritores italianos Wu Ming publica hace exactamente una década libros con licencia copyleft. La copia está liberada. Pero los libros del colectivo, una máquina de best sellers, se venden en librerías. Curiosamente la circulación de copias digitales benefició (y mucho) a las ventas. El exitoso modelo económico de la libería-editorial cooperativa madrileña Traficantes de Sueños, que ofrece la copia libre de sus títulos desde el primer día pero sigue vendiendo libros en papel, demuestra que el discurso del ‘todo gratis’ es una construcción inexacta.  Lo mismo ocurre en el universo de la música. El citado estudio de Joint Research Centre de la Comisión Europea recoge que la mal llamada piratería (descargas, intercambio) beneficia a la venta de música. Además, la mayoría de los artistas viven de los conciertos y ya no más de vender plástico (CD). Y más preguntas para Luis García Montero y amigos: ¿Cómo podéis seguir hablando de descargas cuando la cultura está emigrando a la nube y el streaming se insinúa como nuevo formato, plataforma y modelo?

 

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Imagen del colectivo Wu Ming

Y eso es lo más triste: que mientras hasta el viejo periodismo habla del fin de la era de los objetos físicos (papel, Cds, Dvds…) algunos siguen empeñados a que todo siga funcionando como antes de la existencia de Internet. Mientras algunos investigan sobre libros en la nube (como Bookcamping.cc o 24Symbols) o en música en streaming (Spotify), la vieja guardia sigue entonando lo de piratería=descarga, sin haber entendido que los programas de intercambio de archivos P2P, como el histórico Napster, ni siquiera se basan en la descarga desde un site centralizado.

El caso del cine es diferente, lo reconozco. Existen muchos más factores. Incluso políticos. Tal vez Luis García Montero tenga razón al acusar al Gobierno de Mariano Rajoy de intentar ahogar al cine español. Pero creo que hay muchos más motivos. El cine de autor muere en España  por la existencia de monopolios en la distribución comercial, un chiringuito del mismo lobby del copyright que acuñó el término piratería. Muere sí, por una ridícula subida del IVA al 21%. Pero también porque precisamente el star system de cineastas y solemnes autores viven en una burbuja ajena a la realidad. Siguen pendientes de los premios, de las galas y de los viejos medios. Y no están narrando practicamente nada de la lucha social en red que nació al calor del 15M.

 

Vídeo del colectivo Iaioflautas invadiendo la Bolsa de Barcelona. 

Mientras la España reivindicativa reinventa el activismo, los Iaioflautas (los abuelos del 15M) ocupan la Bolsa de Barcelona o los ARTivistas montan fiestas en bancos para lanzar campañas digitales, los cineastas narran una España paralela, pretérita o simplemente inexistente. Mientras el espacio público renace con asambleas políticas y/o culturales, Fernando Trueba factura El artista y la modelo, un insulso filme recreado en la Francia de 1943. Mientras las redes humanas del 15M protegen a los inmigrantes de las redadas policiales y la solidaridad interracial explota en España (único rincón de Europa donde eso ocurre), los Bardem participan en una patética Alacrán enamorado, un película donde un grupo neonazi español pega palizas a los inmigrantes en las calles. Si no tienen imaginación, que beban de la realidad.

Y más preguntitas. ¿Por qué los actores del No a la guerra y la mayoría de los artistas progres son casi invisibles en el nuevo mundo? ¿Por qué no participan aunque sea algo en una nueva forma de hacer las cosas (15M) que España ha exportado al resto del planeta? ¿Por qué no están narrando esta rebelde España en llamas? ¿Por qué estando España a la cabeza global de la innovación en redes, de las licencias libres y de la tecnología social (de WIFI cooperativo a trabajo colaborativo) los famosetes culturetas de la izquierda utilizan el discurso del fascismo cultural de Hollywood, de la derechona española y de la industria del pasado? ¿Por qué no han entendido nada?

 

Trailer El Cosmonauta (En todas tus pantallas el 18 de Mayo) from Riot Cinema on Vimeo.

Intuyo que el cambio tecnológico ha pillado fuera de juego a la vieja guardia cultural. Mucho me temo que desconocen la mayoría de casos de éxito reflejados en el The Power of Open, todos basados en procesos abiertos.  Me da a mí que Luis García Montero ni siquiera habrá oído hablar de El Cosmonauta, la película española que se está haciendo en red entre más de cinco mil personas, que ya ha recaudado más de 400.000 euros vía crowd funding y que está siendo elogiada por medios como Wired. La vieja élite del cine tampoco estará al tanto de los festivales de cine Creative Commons en los que Barcelona y Madrid son referencias mundiales. Y, por supuesto, ni pajotera idea de lo que es el festival ZEMOS98 de Sevilla, toda una referencia global en la remezcla y la autoría colectiva que renacen en la era de las redes. Ójala me equivoque… Pero si me equivoco, creo que será todavía más grave.

¿Tragedia del cine? ¿Tragedia de la cultura? Sí, de la vieja cultura. Sí, de su modelo de negocio y formatos. ¿Culpables? Muchos. El viejo modelo, el Estado y las instituciones, los propios creadores, los monopolios, la vieja política… Pero, por favor, dejen de hacerle un favor a Hoollywood y a la derecha industrio-cultural, intoxicando con el discurso de la “piratería”. Dejen que les expliquemos con calma y cariño el nuevo modelo en el que, por cierto, todavía no hay receta económica definitiva. Nada mejor para concluir este texto que una frase de Amador Fernández-Savater: “Hay una forma de hacer las cosas, lo que podemos llamar el modelo televisión, que está en crisis. Aquel era un modelo unidireccional de emisor-receptor que ha funcionado tanto en el periodismo como en la política o en el saber. Y surge otro que es un modelo más en red, donde hay más nodos, donde más gente puede hablar, donde las conexiones son más horizontales. Y en ese modelo la red no está dada, hay que hacerla para que esos enlaces se comuniquen y se entiendan unos con otros. Para que se cree un mundo“.

¿Cuándo y dónde hablamos, Luis García Montero?

(crítica) Ciberactivismo, las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas

“Lo viejo ha muerto del todo pero lo nuevo no acaba de nacer”. No es casualidad que esta cita del italiano Antonio Gramsci abra el teaser audiovisual del libro Ciberactivismo, las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas, de Mario Tascón y Yolanda Quintana. La frase planea por todo el libro. Florece en cada párrafo. Leyendo Ciberactivismo parece que lo viejo, los medios verticales, los gobiernos centralizados, la industria cultural, son algo de la prehistoria. Sin embargo, lo nuevo, las reglas y procesos que ordenarán-desordenarán el mundo, todavía no han llegado.

Un matiz y/o remezcla de Gramsci: lo nuevo sí ha nacido. Son semillas, embriones, rizomas imprevisibles. Lo más interesante: son semillas conectadas, gotas-que-crean-ríos. Lo nuevo es Napster o cualquier programa de intercambio de archivos de ordenador a ordenador. Lo nuevo es Wikileaks, un nuevo filtro que reorganiza-desorganizan la política, la economía, los medios. Lo nuevo es Anonymous, tiene máscara y crea una nueva identidad colectiva de pensamiento-acción. Lo nuevo son unas siglas agregadoras (15M) que despedazan para siempre los paradigmas antagónicos que dividieron el mundo entre izquierdas y derechas. Lo viejo ha muerto. “El conmigo o contra mí” forma parte de un pasado distópico. Y lo nuevo es una lógica de red donde compartir aumenta el capital social y valor de un contenido. Lo nuevo es un nuevo mantra, remezclable, en constante mutación. Comparto, luego existo. Comparto, luego me indigno. 

Por todo ello, que dos profesionales amateurs (que escriben con pasión, vaya) como Mario y Yolanda nos brinden esta bocanada de párrafos frescos, una información tan bien cuidada, entrelazada y contextualizada, es un auténtico regalo para las multitudes conectadas. Con un tono divulgativo pero lleno de rigor, Ciberactivismo aborda algunas cuestiones más cruciales de nuestra época. El libro arranca repasando la profecía de la muerte del autor de Roland Barthes. Deambula por la prehistoria del mundo hacker, saltando sin orden cronológico del Manual de desobediencia a la Ley Sinde del colectivo Hacktivistas al evento de Facebook que llenaría la egipcia plaza Tahir durante la Primavera Árabe, de las primeras netstrikes (protestas virtuales que saturan sitios de Internet) a las entonces mal entendidas premisas hacktivistas que llegaron con el Zapatismo, de la ácida campaña de culture jamming Barbie Liberation Front (de RTMark) a Goteo.org, plataforma de crowd funding de proyectos de código abierto.

Especialmente interesante y relevante es la conversación que Yolanda Quintana mantuvo con David Casacuberta (profesor de filosofía en la UAB, artivista y primer presidente de FrEE), Mercè Molist (periodista y autora del libro Hackstory) y Carlos Sánchez Almeida (abogado y activista), en el despacho de este último. Tan relevante que la autora decidió colgar la conversación entera en un documento abierto. Para concluir, para rematar esta recomendación de lectura de Ciberactivismo, nada mejor que una frase de David Casacuberta que redondea la poética de Gramsci: “el ciberactivismo empezó con el arte: la cultura como una forma de cambiar cosas”.

Nota para editores: Agradecemos que la editorial La Catarata  publique libros como ‘Ciberactivismo’. Sin embargo, publicar con ‘copyright’ un libro que habla precisamente de los nuevos paradigmas es, además de contradictorio, no haber acabado de entender la red. El teaser es curioso, pero un paso insuficiente para la era transmedia y multiplataforma. Los libros son, más que productos, procesos compartidos. Su proceso, incluso, podría haber comenzado en la fase de la escritura. Y podría – puede todavía – continuar en la remezcla. Aún así, felicidades. 

Este libro se autodestruirá

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Imagen perteneciente al libro ‘Argentina Copyleft. La crisis del modelo de derecho de autor y las prácticas para democratizar la cultura’. Licencia copyleft

Este libro se autodestruirá. Así se titula mi nuevo proyecto literario. Un libro – tal vez será otra cosa – que comienza en este mismo instante, cuando estoy recién llegado al lab rural Nuvem, en la sierra de Río de Janeiro, Brasil, en calidad de residente. Todavía no he escrito una línea. Y hay más: tal vez el inicio del proyecto corra a cargo de algún lector. La explicación es muy sencilla: voy a escribir en un documento abierto y online llamado PAD. Cualquier persona podrá ver en tiempo real qué estoy escribiendo. Cualquier persona podrá intervenir en la trama. Podrá co-escribir partes del texto. Cualquier persona que se entre en este link, la URL oficial de Este libro se autodestruirá, decidirá si quiere ser espectador o co-autor.

He escogido la plataforma TitanPad para dicho proyecto. Concretamente, he abierto un PAD público, por un motivo concreto. Si el documento no tiene un número de visitas mínimo, desaparecerá. El sistema lo auto destruirá. Si el libro no es social, compartido, morirá. Si el libro no se remezcla, no se reescribe, puede fallecer. Concretamente, según la política de TitanPad, el libro será borrado en dos semanas si no tiene veinte revisiones. Si no tiene cincuenta revisiones, será borrado dos meses después de la última. De cualquier forma, aunque sea un documento muy visitado, tiene fecha de fallecimiento: 12 meses después de ser creado. Este libro se auto destruirá. Un último detalle técnico. Un PAD, en muchos sentidos, es un agujero negro. Al estar en la nube, el proyecto no está adscrito a una jurisdicción nacional concreta. Tampoco está gobernado por el copyright. Ni por el copyleft. Ni por la licencia Dominio Público. He querido que así sea.

¿Por qué he comienzo este proyecto? Por muchos motivos. Uno importante: para seguir experimentando sobre los nuevos paradigmas creativos de la era red. Escribir una novela en tiempo real, visible, accesible por cualquier lector, me parece un reto. Aquel cuarto propio por el que luchaba Virginia Woolf en la era digital se transforma en el cuarto propio conectado del que habla Remedios Zafra, un cruce de privacidad y esfera pública, de individualismo y subjetividad colectiva. Escribir un texto del que no controlo totalmente la trama, algo que nace como un procomún colectivo que cualquiera puede modificar, es un misterio entusiasmante. ¿Existe la literatura colaborativa? ¿La literatura a cuatro, veinte o mil manos? ¿La creación entre un individuo (yo) y un colectivo que puede ser anónimo? Este libro se autodestruirá pretende investigar sobre estas cuestiones. Será un laboratorio compartido.

Pero el principal motivo para arrancar con este proyecto es otro: tocar las narices al sistema editorial y al copyright en concreto. Siendo más amable, podríamos decir que quiero incentivar el debate sobre la creación literaria, los derechos de autor y los nuevos formatos digitales. El Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO), por ejemplo, no reconocerá Este libro se auto destruirá como libro. Al publicar mi anterior obra, #24H, reparé conque CEDRO apenas considera el formato eBook. Por otro lado, la ambigüedad legal del PAD convierte el mecanismo copyright en algo inservible. Cada uno hará lo que quiera con el texto. Ni si quiera hace falta que ponga aquel aviso que lucía en la revista Internacional Situacionista, publicada entre 1950 y los años 70: “Todos los textos publicados pueden ser libremente reproducidos, traducidos y adaptados, incluso sin indicar su origen”.

¿Y la trama del libro? Quiero que tenga un formato parecido a una novela. Será meta literatura. Pura y dura: un tipo intenta escribir una novela en un PAD; arranca con el proyecto en un lab rural; el telón de fondo es un mundo confuso en descomposición, despedazado por la especulación financiera, la corrupción y el consumo desaforado; un planeta, eso sí, que está siendo reformulado por activistas, pensadores, hackers, desempleados y visionarios. Los nuevos paradigmas, la tecnología que conecta a personas, harán que todo se derrumbe. Sistemas políticos, modelos empresariales, industrias culturales. Mientras, el protagonista del libro intenta escribir la novela del siglo, sus lectores le retuercen las orejas o le animan en tiempo real, en un PAD que reverbera en la pantalla allá por donde pasa. Al final del todo no hay nada. El libro se autodestruye. La nieve cubre de nuevo los pasos. No quedan huellas. De nada.

Este libro se autodestruirá será una ficción. Ficción con licencia poética y libertad creativa absoluta. Escribiré por placer. Por necesidad. Y si alguna editorial me llama, pues tendremos que negociar dentro del agujero negro. En este nuevo proyecto intentaré combinar mis diferentes facetas. Remezclaré mi estilo periodístico histórico, el ritmo de cronista de mi primer libro Calle Amazonas o de mis textos de viajes, la cibersoltura del libro #24H, los dardos ácidos que te provocan las tablas de ser bloguero. Usaré pocos links.

 

Quien quiera participar, puede hacerlo aquí. Yo me voy a dormir. Tal vez cuando me disponga a escribir la primera línea, el libro ya disponga de un comienzo.

El paréntesis de Gutenberg

La piratería no va a acabar con la industria editorial. Una profecía apocalíptica: los teléfonos móviles, las redes sociales y los videojuegos sí pueden hacerlo. Devorarán, sin duda, la industria editorial que apenas apuesta por el formato papel. Ahora una confesión: estas líneas forman parte de una estrategia narrativa para que sigas leyendo una historia personal. Prometo no mentir, eso sí. Y un final especialmente incómodo para los traficantes de celulosa (ese lobby del papel) y los señores del copyright.

La historia personal es muy sencilla. Y es de interés común. Mi última creación de ficción, #24H, acaba de conseguir su registro en el ISBN (International Standard Book Number). Ya tiene un número, 978-84-616-0745-7. Hasta hace muy poco, #24H no era nada para las máximas autoridades del libro de España. No existía. Sin ISBN, además, no podía ser encontrado en librerías. Ni siquiera podía subirse a Google Books (ahora ya está).#24H no ha tenido ISBN hasta hace unas semanas no por falta de voluntad sino porque no ha sido fácil conseguirlo. Ha sido, básicamente, una odisea.

El formato de #24H, que usa licencia Creative Commons, es híbrido: papel en Lulu y Bubok, ePub para tablets, MOB para Kindle, pdf. Además, habilitamos una sala de remezclas para que cualquier lector pudiese modificar el contenido, remezclarlo, rescribirlo. Y aquí llega el primer gran problema. ¿#24H Es un libro? ¿Un eBook? ¿Un site? Ethel Baraona, editora de Dpr-Barcelona y de #24H, me lo explicaba de una forma sintética en un mail: “Algunos de los diversos formatos en los que está publicado, como la impresión por demanda o la sala de remezclas, no están contemplados en el formulario de solicitud del ISBN y por lo tanto, dificulta su tramitación”. O sea, #24H no era para el ISBN un libro de papel al uso. ¡Pero tampoco era un eBook! Otro pedacito del mail de Ethel: “Se piden datos, por ejemplo, del número de ejemplares, que al ser impresión por demanda es imposible conocer a priori . El “formato digital” solo contempla edición eBook para kindle o PDF, pero aún no incluye formatos interactivos y mucho menos un formato dinámico como la sala de remezcla”.

La tecnología abre una espectacular puerta para la literatura. Para su distribución. Para su difusión. Para una nueva interacción entre creador y público. Abre la puerta incluso a la literatura colectiva, a la escritura en red, a la identidad creativa colectiva, a la remezcla. No es obligatorio hacerlo entrar en este mundo. Pero es una nueva puerta. Está abierta. Yo he participado, por ejemplo, en el proyecto colectivo Asalto, de la Fundación Robo. Sin embargo, el mundo editorial, en general, sigue considerando Internet como un enemigo.  Un libro publicado en la plataforma Booki.cc no existe para CEDRO. La Ley de la Propiedad Intelectual es tan obsoleta que publicar un texto en un PAD abierto – documento que permite la escritura colectiva online – es igual a nada.  Y ese desfase entre tecnología, formatos y leyes asusta. Aunque creo que es una buena idea aprovechar ese agujero negro – publicar novelas en PADs. por ejemplo – para dejar en evidencia el absurdo del actual marco legal de propiedad intelectual. Lo peor de todo esto: tenemos que seguir aguantando a esa extirpe creadora alienada en un elitismo totalmente arrogante. Javier Marías, en su texto Tanto compartir, arremetió con virulencia contra el crowdfunding, contra lo compartido, contra las redes sociales. Y  peor que eso:  arremetió contra cualquier tipo de interacción.

Pues tienen que saber, sí, que esa “ridícula interacción” que le causa vómitos a Javier Marías es precisamente lo que va a derrumbar su mundo. El prestigioso científico brasileño Silvio Meira publicó un texto recientemente titulado El principal enemigo del libro… En él, Silvio defendía que los videojuegos, las redes sociales y la mobilidad son los principales enemigos del libro. Silvio, citando a Thomas Petit, la teoría del paréntesis de Gutenberg. Llevamos cinco siglos presos en el formato libro, en un sistema editorial de objetos físicos, en una red de saber encerrado en bibliotecas que nos apartó de la oralidad y la performance ancestral de la cultura. La imprenta de Gutenberg nos apartó de la oralidad. Ahora, entre átomos y bits, estamos en el punto de mutación. La cultura digital supone una vuelta a la oralidad, a la interacción, a lo colectivo. La era de Gutenberg, por mucho que le pese a algunos, ha sido apenas un paréntesis en la historia de la humanidad. Aquí un texto para excépticos.

¿Y qué viene después del paréntesis de Gutenberg, de la dictadura del copyright, del lobby de la celulosa? Aquí, un pedacito del texto de Silvio Meira que no tiene desperdicio: “Después del paréntesis de Gutenberg, los nuevos modos de tratar, recibir, percibir y promover la información desajusta el espacio canónigo de composición y nos lleva a procesos de copia+mezcla+pega (o rip+mix+burn) ofreciendo nuevas y gigantescas posibilidades y, al mesmo tiempo, poniendo en riesgo un modelo (cultural, de negocio y poder) otrora [o todavía] centrado en el autor y su obra”. En los últimos coletazos del paréntesis de Gutenberg, Javier Marías sigue en su torre de marfil (que se desmorona) y la viuda de Borges retira del mercado una versión-homenaje de El Hacedor escrita con pasión/admiración Agustín Fernández Mallo.

Mi historia personal tiene un final feliz. Mi libro (o lo que sea) #24H, que fue bastante comentado en redes y algunos medios, pasó desapercibido para muchos críticos literarios. Sin embargo, hubo un texto excelente que entendió todo, titulado #24H: Sinergias entre la novela contemporánea y las redes sociales. No apareció en un pomposo suplemento literario, no. Fue publicado en Playground, una publicación que suele hablar de música, vídeos, DJs, hasta de videojuegos. Bye bye, Gutenberg, como afirma el visionario Silvio Meira. Adiós, literatura-objeto.