Movimientos red, una nueva atmósfera social

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Artículo publicado inicialmente en la Transnational Institute de Amsterdam, en junio de 2014.

“Somos la red social”. El lema ocupaba un cartel de la manifestación de Río de Janeiro del 17 de junio de 2013 1. El cartel de aquel ya mítico #17J, el día en el que las protestas por la mejora del transporte público del Movimiento Passe Livre (MPL) se transformaron en unas revueltas corales, explica más sobre los nuevos paradigmas de movilización colectiva que muchas tesis doctorales.

De la veintena de personas que sujetaban la pancarta ninguna tenía banderas de partidos, sindicatos u organizaciones políticas. Unos días después de la manifestación de “Somos la red social”, algunos movimientos sociales y organizaciones de la izquierda clásica intentaron incorporarse a las denominadas jornadas de junio con su método habitual: identidades nítidas (colores simbólicos, banderas), unidad estructural (bloque), jerarquías (líderes, portavoces) y mensajes políticos identificables con las luchas históricas. Intentaban formar parte de una multitud desconcertante que estaba tomando las calles de las principales ciudades de Brasil. Reaccionaban también ante el avance de grupos conservadores que estaban intentando dirigir las protestas contra el Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff.

El choque de trenes de las organizaciones tradicionales con la multitud tuvo su momento álgido el día 21 de junio en la avenida Paulista, la vía más emblemática de São Paulo. La manifestación avanzaba hacia la parada de metro de Brigadeiro. En el lado izquierdo, manifestantes muy heterogéneos (skaters, colectivos LGBT, máscaras de Anonymous, familias de corte conservador) caminaban de forma dispersa, sin símbolos de partidos. Paradójicamente, en el lado derecho, las organizaciones y movimientos de izquierda ocupaban la calle en bloque, enarbolando banderas. Los manifestantes del lado derecho de la avenida se acercarían bastante a la definición de ‛movimiento social’ que planteó Lorenz von Stein en 1846: “Una aspiración de sectores sociales (clases) de lograr influencia sobre el Estado, debido a las desigualdades en la economía”.

¿Pero cómo se podría definir a las personas que ocupaban el lado izquierdo de la avenida de São Paulo o sujetaban la pancarta “Somos la red social” en Río? ¿Sería suficiente el concepto de ‘multitud’ usado por Antonio Negri y Michael Hardt? ¿Serviría la definición de enjambre de la biología, reciclada por Kevin Kelly para abordar el comportamiento colectivo en la era red? ¿Siguen siendo útiles el formato y métodos de los movimientos sociales? ¿O necesitamos nuevos paradigmas y/o términos?

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Grecia se vuelca en la auto gestión

Ante las políticas de austeridad, los mecanismos de auto gestión se multiplican en la sociedad griega. Incluso asuntos con histórica participación pública, como la salud o el agua, están siendo repensados desde la sociedad civil y la gestión comunitaria. 

La economía cooperativa, las redes de solidaridad y las prácticas alrededor de los bienes comunes viven un momento dorado en el país helénico.

Existen incluso fábricas ocupadas, como Vio.me (Salónica), en las que los propios trabajadores han asumido los medios de producción, impidiendo el cierre de las mismas.

Bernardo Gutiérrez / Atenas

Publicado originalmente en eldiario.es (25/12/2014)

13.00 horas, Egnatia, periferia de Salónica, la segunda ciudad más importante de Grecia. Dimitris Koymatsiouli es el único guardián de la fábrica Vio.me. Su camiseta contiene un lema inequívoco: “la lucha es lo que hace dar vueltas al engranaje”. Dimitris sabe que la auto gestión de esta fábrica de productos de limpieza es un mito de muchos movimientos y pensadores del mundo. Desde la sala de controles, llena de emoción cada frase: “Naomi Klein estuvo aquí. Estamos en una lucha global. Lo que hagamos aquí sirve de ejemplo al mundo”. Eleni Dimitriadou, la socióloga que se ofrece de traductora, hace una breve introducción a Vio.me: “Los dueños quisieron cerrar la fábrica en el año 2011. Tenían beneficios, pero querían aprovechar la crisis para deshacerse de los trabajadores sin pagar despidos”.

Los trabajadores decidieron, según explica Dimitris, “mantener la planta en funcionamiento y sobrevivir”. El proceso fue arduo. Trabas judiciales. Amenazas. “Nos les interesábamos. Entonces, el 98% de los 45 trabajadores votó a favor de continuar con la producción de forma auto gestionada”, afirma un entusiasta Dimitris. Vio.me funciona de forma horizontal. Realizan varias asambleas a la semana, algunas abiertas a movimientos sociales y ciudadanos. Mientras muestra las naves de la fábrica, Dimitris enumera otras actividades que realizan, como performances o cine. También cita a intelectuales internacionales que les apoyan, como David Harvey o John Holloway. Al final de la charla, aparece Syriza, “la política”. Pero a Dimitris no le interesa demasiado. Vio.me es su prototipo y utopia. “Somos uno, estamos juntos, es la base de todo”, asegura en la despedida.

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Guerrilla de la comunicación

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Buda = Anonymous. Duchamp trolea a Leonardo da Vinci. La Biblia es la añeja inspiración cortapega de William Borroughs y su técnica del cut cut. Las acciones del 15M beben de fuentes tan policéntricas como el situacionismo, los Yippies, la antiglobalización o el activismo de Argentina tras la crisis del 2011. ¿Afirmaciones  temerarias? ¿Verborrea inconexa? Quien desconfíe de este principio de post, no tiene más que darse un paseo por la presentación Guerrilla de la comunicación que preparé para el taller que realicé hace unos días en la Campus Party de Quito.

¿Por qué escogí este eje para un taller en un evento tecnológico? Principalmente porque considero que quien más está innovando en el mundo de la comunicación es el mal denominado “activismo” (que para mí es siempre algo más). Desde el estallido de la Primavera Árabe, las revueltas en red han llegado de la mano de un huracán innovador en las herramientas, tácticas y/o estrategias de comunicación. Comunicación que en la mayoría de los casos es comunicación-acción y que no suele limitarse a lo digital. Impregna con frecuencia los territorios, esa realidad híbrida de redes-calles.

Sin embargo, esta innovación bebe de fuentes remotas. Especial importancia tuvo el legado del ARTvisismo de la década de los noventa y de la denominada antiglobalización, que arrancó a finales de dicha década, recopilado en el libro Insurgências poéticas (portugués), de André Mesquita. En la primera parte del taller hice un repaso histórico a la creación colectiva (libros sagrados), a identidades colectivas importantes (Buda, Poor Konrad, Nedd Ludd…), a movimientos artísticos o sociales influyentes (dadaismo, situacinismo, yippies, zapatistas…), a colectivos relevantes en la historia de la guerrilla de la comunicación  (Wu Ming, Guerrilla Girls, enMedio…)…

En la segunda parte, aprovecho algunos de los ejemplos prácticos del ya clásico libro Manual de la Guerrilla de la comunicación (Virus Editorial) y completo con casos más recientes. También embadurno todo con algunas ideas de personas que me parecen claves en el asunto, de Roland Barthes a Umberto Eco, de Saul Alinsky al SubComandante Marcos. ¿Cuál es la fórmula ideal para una acción de Guerrilla de la Comunicación? Confieso que no tengo la fórmula perfecta. Nadie la tiene. Nada mejor que continuar experimentando de forma colectiva.