Activarse o no, esa es la cuestión

Texto publicado por Ricardo Cana en su blog Calles Paralelas

Pad, hashtag, wiki, hack, P2P, trending topic, streaming… si a usted toda esta jerga no le suena a marciano, quizás es porque ya forma parte de uno los innumerables colectivos ciudadanos que tejen redes ciberactivistas para tratar de cambiar las cosas. Pero si su lucha se concentra íntegramente en las calles, no importa, sumergirse en este mundo tecnológico no es tan complejo como a priori aparenta su caprichosa neolengua. Tras estos nombres hay herramientas de fácil manejo que le permitirán autogestionar procesos, colaborar en red, tomar sus propios medios, incidir en el poder y retomar espacios públicos, que nunca nos dejaron de pertenecer.

Herramientas o ‘armas’ (en el buen sentido de la palabra) con las que ejercer una legítima desobediencia civil para pasar a la acción y transformar nuestras realidades. Esta sería la principal conclusión del taller de activismo SocialTIC que vivimos en el Medialab-Prado Madrid a mitad de mayo, en el que nos acercamos a luchas paralelas que utilizan las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para parar desde desahucios, hasta privatizaciones sanitarias; sensibilizar sobre las ‘verdades’ del exilio laboral, o denunciar especulaciones finacieras y esclavismo en pleno siglo XXI; o, en su cara más amable, tratar de reconstruir colaborativamente otro mundo posible.

Porque sus señorías ya no pueden ignorarnos tan fácilmente, como demostró la Plataforma de Afectados de la Hipoteca (PAH) en sus ya famosos escraches (más neolengua de la Argentina post Videla). Acciones con las cuales han logrado visibilizar las reclamaciones de personas afectadas por los desalojos frente a la criminalización del sistema. Porque para defender el derecho a la salud, no basta hoy en día con saber utilizar el bisturí, sino que hay que armarse de plataformas ciudadanas (de pacientes y no clientes) que mantengan en la cresta de la ola la Marea Blanca que contrarreste a quienes dicen que la Sanidad Pública está curando por encima de nuestras posibilidades. Porque no nos vamos, nos echan, y esta fuga de cerebros ahora la pueden contar sus propias víctimas gracias a mapas en masa como los de Juventud Sin Futuro . Y porque la lucha salta de las asambleas a las casas, de las redes a las calles, para continuar aprendiendo a compartir el código 15M que nos ayude a reclamar que nos devuelvan nuestros espacios, como demostrara Toma Tu Ágora en la celebración del segundo aniversario del movimiento.

Pero había vida, lucha, organización y esperanza mucho antes de mayo de 2011… e incluso de Internet. Hay quien habla de V de Vivienda, o quien señala al movimiento altermundialista (aún vivito y coleando), la okupación de centros sociales, o la solidaridad con países empobrecidos que despertó la Plataforma 0,7%. Sea como fuere, un tejido asociativo que se vio fortalecido con la actuación de algunas ONG(D), que también sembraron la semilla del cambio. Organizaciones que nos demuestran que sí se puede lograr un Tratado Internacional de Armas si hay trabajo común y la sociedad se lo exige a sus gobiernos. Similares mimbres que están permitiendo tejer una necesaria Tasa Robin Hood, ya aprobada por países como España, aunque el verdadero quid de la cuestión es que se destine lo recaudado a rescatar nuestros derechos (y no nuevamente a sus bancos). También campañas como Ropa Limpia hacen que nos rasguemos las vestiduras por un consumo consciente y responsable, para que nunca más tengamos que volver a ser cómplices de tragedias como las de Bangladesh. Pero asimismo para que el activismo no sea solo cosa de mayores, e implique participación para desterrar la homofobia desde la infancia, como tratan de lograr iniciativas tecnológicas como Cibercorresponsales.

El gran desafío ahora es que todo este conocimiento compartido forme parte de ese procomún glocal (sí, más términos de esa neolengua que marcan tendencia). En ese imaginario es donde ganan fuerza proyectos transmedia como la #GlobalP2P (Wikisprint), remezclas hackers de Latinoamérica y Europa para liberar el código universal del activismo.

Todo está en fase beta, en construcción permanente, en redes transfronterizas y distribuidas que tratan de unificar las luchas. Porque como demuestra ahora el pueblo turco, la chispa del cambio social recorre el mundo.

Mapa #GlobalP2P via @bernardosampa

Mapa #GlobalP2P via @bernardosampa

Anuncios

La España en red protege a sus inmigrantes

Población autóctona protegiendo a los inmigrantes frente a las redadas de la policía. Personas apoyando a inmigrantes frente a los desahucios, luchando contra los abusos de los bancos. Ciudadanos intentando que el Gobierno cierre los Centros de Internación de Inmigrantes (CIE). Médicos que se declaran objetores de conciencia y van a desobedecer la ley para, atendiendo a inmigrantes sin papeles. No son hipótesis. Está pasando. En la España de la crisis. Y casi nadie, ni medios locales ni internacional, lo está contando. Mientras en Grecia la crisis catapulta la ideología neonazi y la persecución irracional de inmigrantes, en España brota la solidaridad con el prójimo. La Europa del capital, la que blindó sus fronteras con el tratado de Schengen, intenta cerrarse todavía más. La España en red, sus ciudadanos, van en la dirección opuesta. El divorcio entre instituciones y sociedad sigue creciendo.

Mira con calma el vídeo que abre esta entrada. Ocurrió el día  5 de julio de 2011, en el madrileño de Lavapiés. Alguien denunció en Twitter una redada policial contra inmigrantes en el hashgtag #Stopredadas. Y una multitud acudió a proteger a los inmigrantes. Tras la presión, la policía tuvo que salir del barrio. No fue la única vez. De hecho, el hashtag de Twitter se popularizó. Es muy habitual para denunciar redadas policiales y proteger a los inmigrantes.

 

 

Por otro lado, en Madrid existen las Brigadas Vecinales de Observación de Derechos Humanos. Centrado en la lucha contra las ‘redadas racistas’, este colectivo actúa en toda la ciudad. Redactan informes, actúan sobre el terreno, denuncia hechos. Por si fuera poco, 148 organizaciones se han unido para forzar el cierre de los Centros de Internación de Extranjeros (CIE). Denuncian sus condiciones y sus presuntas violaciones de los derechos humanos. Han llegado a realizar manifestaciones simultáneas en varias ciudades de España. Por su parte, el movimiento 15M trata a los inmigrantes como uno más. Y cuando hay que protegerles contra un deshaucio, lo hacen. Una buena parte de los desahucios parados por el movimiento #StopDeshaucios benefician a familias inmigrantes. Especialmente emotivo fue el caso de los bangladesíes Shibu, Siza, Akter Hossain, Abdul Ali, que consiguieron un alquiler social gracias al apoyo popular. Los ‘indignados’ también pararon la deportación del argelino Sid Hamed Bouziane. La campaña Derecho a curar de apoyo a los inmigrantes ilegales, a la que se unieron miles de médicos, es otro bello caso de solidaridad. La República del 99% se muevo. Acoge a todos por igual.

¿Por qué los medios no publican casi nada en profundidad sobre esta realidad? ¿Por qué los corresponsales no reflejan estos hechos? ¿Dónde está The New York Times, que retrata las consecuencias de la crisis en España? ¿No es esta oleada de apoyo una de sus consecuencias? Bastaría conseguir algunos datos, encuestas, para darle cuerpo. Un estudio de la fundación Bertelsman de 2010 reveló que un 89% de los españoles “se muestra a favor de la inmigración”. Otro estudio de la Fundación Rey Balduino y el Migration Policy Group destacaba que los inmigrantes se sentían mejor acogidos que en ningún país de Europa (15 incluídos en el estudio). Seguro que hay otros estudios que sacan a relucir algún dato menos positivo. El nacimiento del partido Plataforma per Catalunya, claramente xenófobo, no es una buena noticia. Pero la simple comparación con Francia, para no ir muy lejos, donde la xenofobia es una moneda de cambio, revela lo especial de la situación en España

Sin embargo, el Gobierno español ha adoptado una política migratoria muy dura en los últimos años, aferrándose al Tratado de Schengen de Europa. Ha deportado o prohibido entrar en España a personas que tenían toda la documentación para hacerlo. Las escenas en el aeropuerto de Barajas dieron la vuelta al mundo. Acuñando una falsa imagen de la realidad, por cierto. Ahora que hemos visto que el Estado español maltrata, tortura y veja también a los ciudadanos españoles que protestan pacificamente en las calles, la conclusión está clara: el Gobierno de España no representa a sus ciudadanos. Apenas a las élites, al capital financiero. Y el divorcio crece. La República del 99% defiende a sus inmigrantes, los protege. Mientras, el Estado Nación anacrónico intenta cerrar más todavía la puerta.