(Re) habitando el vacío, enREDando el espacio

Una frase al aire: No necesitamos dinero, no necesitamos nuevos edificios. Sólo necesitamos espacios vacíos y tiempo para pensar, meditar y crear. Una etiqueta: #UnOccupyBiennale. Y una idea/plaza común sobre la que meditar: tenemos que rehabitar el vacío con procesos emergentes e interacciones humanas. Un paisaje para colocar de fondo: la 13ª Bienal de Arquitectura de Venecia, que lleva como lema Common ground (un suelo común) y busca una mutación colectiva de la arquitectura en medio de la crisis.

Un poquito de pólvora: existe una cantidad creciente de arquitectos que no quieren construir. Francesco Cingolani es uno de ellos. Confiesa en su blog Immaginoteca.com que ha reducido su horario de trabajo diario a tres horas, porque “quiere dedicar su tiempo a pensar el espacio en lugar de a diseñarlo”. En su inspiradora presentación Space Emergenc (e) (y) Francesco explica la importancia de “diseñar espacios en blanco, incompletos, libres, abiertos, para incentivar fenómenos emergentes”. Y hace un buen repaso a las prácticas de ciudad emergente & colaborativa que están dinamitando la misión clásica de la arquitectura.

En la presentación de Francesco, el posarquitecto del vacío, están muchos de los temores, miedos, anhelos o dudas de la actual edición de la Bienal de Venecia. Su director, David Chipperfield, asegura que Common Ground insinúa que la arquitectura necesita “centrarse en asuntos como la sociabilidad, la comunicación y los valores compartidos”. El edificio, la estructura, interesan menos que el espacio. Y mucho menos que los vínculos humanos y el nuevo sistema de espacios comunes conectados en red. ¿Cómo será el espacio del futuro?, se pregunta Francesco Cingolani en su presentación. Una serie de diapositivas mencionan algunas prácticas como la Acampada Sol del 15M español (premio europeo del Espacio Público), el proyecto de plaza colectiva Dream Hamar de Ecosistema Urbano, redes de diseño con forma de espacio de co-working como La Nave, un rascacielo ocupado por la tropa creativa Macao en Milán, vacíos urbanos autogobernados como El Campo de Cebada en Madrid, lugares de convivencia de viajeros y creativos (Ostebello, Milán) o una habitación a disposición de gente que quiera compartir ideas (Lagunas.in, Madrid). Y entre las diapositivas un #UnOccupyBiennale, como virus/verso suelto de la presentación. No necesitamos edificios: necesitamos tiempo para pensar y crear.

Espacios, no estructuras. Relaciones, no edificios. Reapropiaciones cognitivas de lugares, no planes urbanísticos. Procesos compartidos, no objetos espectáculo. Sentimientos comunitarios, tejidos en red alrededor del vacío. La arquitectura como contenedor de actividades participativas, auto generadas. Como sinónimo de relaciones y comunicación. Interacciones simples, imprevisibles, que confirman sistemas emergentes complejos. ¿Qué tal si conectamos las redes virtuales con un espacio físico, vacío y libre?, se pregunta Francesco Cingolani. ¿Por qué no enviamos a estudiantes de arquitectura en nuestro nombre a la Biennale para que intenten humanizar nuestras obras?, se preguntaron algunos reconocidos estudios españoles. Y allá están ellos, ocupando la Biennale, estudiantes como Eliott Trujillo, arquitectos del vacío, polinizadores de lo humano, incentivando relaciones e intercambios en los espacios compartidos. Mientras, el pabellón oficial de España – innovador, cool, elogiado – no acaba de empaparse del Espíritu Red que está reinventando el país alrededor del movimiento 15M (gran texto de Ethel Baraona).

Occidente tardó mucho en entender el vacío. Aristóteles lo negó. La ciencia premoderna acuñó su horror al vacío: horror vacui.  Y contaminó el arte, la pintura, la filosofía. Occidente se rindió a la materia. Y hasta importó de la India, gracias a los árabes, el número 0 (el vacío matemático). Albert Ribas, en Biografía del vacío, narra la atribulada vida occidental del vacío. Aunque Newton lo demostró, el horro vacui siguió vivo. Nada de blancos, de espacios libres. Centros, construcciones, periferias. Y mientras, Oriente, gracias al Tao te ching, atribuído a Lao Tse, convertía el vacío en su piedra angular: “Con arcilla se fabrican las vasijas; en ellas lo útil es la nada.  Se agujerean puertas y ventanas para hacer la casa, y la nada de ellas es lo más útil para ella.  Así, pues, en lo que tiene ser está el interés. Pero en el no ser está la utilidad”.

Pero Einstein dinamitó la materia: despedazó un mundo mecanicista de objetos sólidos, causas, efectos e inercias. Descubrió que a nivel subatómico las partículas no son sólidas. Las partículas son inestables. Son vacío, casi-nada, movimiento. Meras probabilidades de ser. La materia está llena de vacío. Y  las partículas sólo toman un sentido gracias a los vínculos entre ellas. Sólo existen como sistema. En la era de la red, de la no-arquitectura, de las Revoluciones 2.0, la materia es lo de menos. El 15M, la spanishrevolution, explotó en una concatenación de plazas tomadas, de barrios conectados, de afectos en red. Y nos dimos cuenta que Occidente estaba vacío. Ya no importaba el edificio, la construcción centenaria, la infraestructura: sentimos que apenas nos sirven los vínculos creados, los lazos relacionales que configuran un nuevo espacio compartido, híbrido y glocalmente inspirador.

Space matters. El espacio importa, sí. Y el vacío, imaginado colaborativamente, es más que materia. No construyas websites: crea servicios digitales abiertos. No impongas contenidos (Enciclopedia Británica), crea espacios dignos de ser habitados (Wikipedia, Reddit, Askbot.com). No levantes universidades físicas, crea herramientas para que las comunidades virtuales transformen la urbe en la ciudad del aprendizaje. Entiende cada calle como una narración colectiva. Cada barrio como un proceso emergente. No compitas para ser la Bienal con más obras artísticas: deja un pabellón vacío (como ya hizo la Bienal de São Paulo). Desconfía de burocracias verticales: da poder a un équipo adhócrata, flexible, rotativo e interdicdiplinar (como hará la Istambul Design Biennial en octubre). No apuestes por un centro: que el Manifiesto Antropófago de Oswald de Andrade sea tu guía (“porque nunca supimos lo que era urbano, suburbano, transfronterizo y continental”).

Entierra el Estado Arquitectura, el Estado Monolítico, el Estado Estático, el Estado Nación. Conviértelo en un Estado Red, en una plataforma abierta, en un suelo común de interacciones, en un cerebro distribuido. Transfórmalo en un espacio en blanco movido por el sistema nervioso de las redes.

Mi web: bernardogutierrez.es Fundador de la red futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa

Fotografía de Francisco Cingolani tomada en “su pueblo”. Licencia Creative Commons. 

La arquitectura se sube al tren Creative Commons

¿Te imaginas que los arquitectos de la Roma clásica hubieran dejado los planos colgados en una red de redes para que cualquier persona del mundo los utilizara? ¿Que Gaudí hubiesen registrado los planos de La Pedrera sin copyright? ¿Cuántas ciudades habrían reciclado / remezclado el genio de los grandes arquitectos de la humanidad? En la era de la sociedad en red, la arquitectura abierta comienza a ser una realidad. La cultura de código abierto se abre paso en el hasta ahora vertical y elitista mundillo del ladrillo. Y cada vez son más los estudios que usan las licencias Creative Commons para sus obras.

El estadounidense Cameron Sinclair, creador  del proyecto Architecture for Humanity , es uno de los grandes visionarios de la arquitectura abierta. En una entrevista a la revista Wired, Cameron desmenuzada así su sueño:  “Nuestro sueño es desarrollar una base de datos de diseños, clasificada por ubicación, temas ambientales y arquitectos. Bromeando la he llamado la Open Source Architecture Network. Ya estamos trabajando con Creative Commons viendo el modo de hacer que los diseños estén disponibles gratuitamente alrededor del mundo”. Un estudio importante que ya está disponibilizando sus obras con licencia Creative Commons es el madrileño Ecosistema Urbano. Su Air Tree Commons para la Expo de Shangai de 2010, fue la primera obra cuyo proceso entero fue elaborado con licencia Creative Commons. El estudio holandés OBOM es otro de los abanderados en la arquitectura abierta.

Pero este feliz contubernio de licencias abiertas, transparencias de procesos y arquitectura no se limita a estudios cool. Lo más interesante es que existen iniciativas más horizontales y/o desentralizadas. El proyecto Wikihouse.cc tiene un objetivo mucho menos rimbombante pero infinitamente más útil: recopila proyectos de casas, planos, detalles técnicos, con licencias abiertas. Cualquier persona puede elegir su modelo y lanzarse a la autoconstrucción, con toda la garantía técnica. Para rizar el rizo de esta nueva e incipiente arquitectura abierta, nada mejor que concluir con el proyecto PFC de Montera 34, que recopila trabajos de fin de carrera. ¿Cuántas buenas ideas se quedan en un cajón desaprovechadas?  ¿Llegaremos algún día – se preguntan en el sitio de Montera 34-   a compartir los proyectos “en abierto”, permitiendo difusión, reutilización y remezcla con licencias abiertas? Si piensas que sí, paséate por la etiqueta de Twitter #pfccommons.