Reclamando el crédito como bien común

CcommnImagenes: Marina Gullón

Reclamando el crédito como bien común/Hacia una sociedad-mariposa

Thomas H Greco

Traducido por Stacco Troncoso, editado por DFC – Guerrilla Translation!

Artículo original

Traducción a español iberomericano

Hoy en día, las monedas locales y los sistemas de intercambio alternativos se han convertido en un tema familiar en los medios de comunicación, incluso en los periódicos con más difusión, como el Wall Street Journal, The Guardian, y Der Spiegel, o en canales de televisión locales y nacionales. Estas reseñas están principalmente enfocadas sobre los intentos de mantener estas monedas circulando de manera local, y que el dinero no sea “drenado” de la zona, dado que así refuerzan la vitalidad de las economías locales y mejoran las perspectivas de los negocios de la zona en su lucha por competir con las grandes multinacionales.

Todo esto se trata de un fenómeno positivo, pero que evade un análisis más profundo sobre los problemas que afectan a nuestras comunidades y a nuestro mundo en general. Pues los problemas a los que se enfrentan nuestras comunidades, y la civilización en general, tienen su origen en la mismísima naturaleza del dinero y los mecanismos según los cuales se crea y se distribuye mediante la intervención del cártel más poderoso que jamás ha existido. Los regímenes globales del dinero y la banca han sido diseñado para centralizar el poder y concentrar la riqueza en las manos de una élite gobernante; se trata de un proceso que viene de muy atrás en el tiempo y que se ha hecho cada vez más efectivo (en exclusivo beneficio de esa élite).

En todas las economías desarrolladas, las profesiones están muy especializadas. Apenas elaboramos o construimos nosotros mismos aquello que necesitamos. Esta situación provoca que el intercambio de bienes y servicios sea una necesidad de subsistencia. Pero el trueque primitivo es ineficaz y depende de una coincidencia entre carencias y necesidades – “yo tengo algo que quieres tú y tú tienes algo que yo quiero.” Si una de las dos partes no tiene lo que quiere la otra, no hay trueque posible. El dinero se inventó para facilitar intercambios más allá de la cercanía inherente de una comunidad local -donde priman las transacciones informales- y así el dinero facilita un modo de comercio que es ocasional y impersonal.

El dinero es, en primer lugar y ante todo, un medio de intercambio, una especie de substituto que permite que el vendedor suministre algo de valor para el comprador, a cambio de dinero, y después, usar el vendedor ese dinero recibido para obtener del mercado aquello que necesite para sí mismo, o para otros.

En la antigüedad, se usaron como moneda materiales útiles para la comunidad. Yo, por ejemplo, no tengo necesidad de poseer tabaco pero, al saber que hay muchos que lo desean, lo puedo aceptar como pago a cambio de mis manzanas. Lo mismo se puede decir del oro y la plata, que, en el transcurso del tiempo, se convirtieron en los materiales predilectos como medio de intercambio.

Pero el dinero ha evolucionado con el tiempo; el dinero ya no es “una cosa”. Es crédito dentro de un sistema de contabilidad que se manifiesta principalmente a través de “depósitos” en los bancos y, secundariamente y en pequeñas cantidades, en forma de papel moneda. Toda moneda nacional se apoya en el crédito colectivo de todos los que están obligados por la ley aceptarlo como tal.

En otras palabras, hemos tolerado la privatización del bien común del crédito, y de tal manera que sólo podemos acceder a éste cuando pedimos a un banco a que nos conceda un “préstamo”. Para poder crear dinero es requisito previo que alguien contraiga una deuda. Pero no se está prestando nada; la banca sencillamente crea el dinero basado en la promesa de que el “prestatario” va a devolverlo. Resumiéndolo a mi manera, hemos entregado nuestro crédito colectivo a la banca para, después, suplicarle que nos preste parte de vuelta–y les pagamos intereses por ese privilegio. El resultado es una escasez crónica de dinero dentro del sector productivo de la economía, aún cuando se otorga dinero a los gobiernos centrales para sostener un déficit público con el que financiar guerras, rescates bancarios, y todo tipo de derroches inútiles.

Pero el peor aspecto del sistema monetario es su requisito intrínseco de crecimiento continuo–lo que yo llamo el imperativo del crecimiento. Esto proviene del hecho de que el dinero se crea sobre una base de deuda sujeta a intereses, de tal manera que la cantidad a devolver se va incrementando con el paso del tiempo. Pero el interés compuesto es una función de crecimiento exponencial y eso significa que la deuda no crece de forma estable y regular, sino de forma cada vez más acelerada. El sistema monetario global precisa de la expansión continua de la deuda a fin de evitar un colapso financiero. Por eso los ciclos de burbujas y colapsos son cada vez más extremos, y la competencia entre prestatarios por un suministro insuficiente de dinero conlleva un incremento acelerado en la expoliación medioambiental y la degradación social.

El crédito “de origen Comunitario” ha sido el aspecto más ignorado de los aspectos del “Bien Común” pero es el más crucial, porque el crédito es el mismísimo cimiento y medio de subsistencia del dinero moderno, y el dinero es el medio esencial para el intercambio de bienes y servicios. Aquél que controla el dinero controla virtualmente todo aquello que existe en el mundo material. La privatización del bien común del crédito no sólo ha permitido que unos pocos hayan explotado al resto, también ha provocado una expansión económica mucho más allá de cualquier límite razonable, a la par que ha causado conflictos por el control de recursos en todo el planeta.

En el pasado, las estructuras del poder mundial estaban basadas en los “acuerdos” de defensa de los intereses comunes de las autoridades políticas y religiosas. Los reyes, emperadores y príncipes dependían de la jerarquía eclesiástica para legitimar su mandato. Siempre que el pueblo dependiera de la Iglesia, y sus sacerdotes, para su salvación y posterior admisión en el reino de los cielos, éste aceptaba dócilmente el estado de las cosas. Pero, según empezaron a cambiar las creencias, las autoridades eclesiásticas perdieron prácticamente toda su influencia. Hoy en día, la estructura de poder global está basada en los “acuerdos” de defensa de los intereses comunes entre autoridades políticas y financieras. Incluso en países nominalmente democráticos, son los banqueros y los financieros -y sus súbditos en los medios de comunicación, la educación, la medicina y otros campos- los que seleccionan a los líderes políticos y determinan el desarrollo de la política pública. Mientras el pueblo dependa del dinero que crea la banca para su “salvación” material y admisión al reino de “la buena vida”, este estado de las cosas continuará provocando que las masas –los avalistas de la deuda gubernamental– continuen hundiéndose cada vez más rápido en as arenas movedizas de la esclavitud por endeudamiento.

Ese interés que ha de pagarse para “ tomar prestado” nuestro propio crédito del banco no es el único elemento parasitario de este sistema. Otro es la inflación del suministro de dinero que acompaña el gasto de déficit público por parte del gobierno. Prácticamente todos los gobiernos nacionales gastan constantemente mucho más de lo que ingresan, extrayendo recursos reales de la economía a cambio del dinero “falso” que la banca crea para ellos bajo la tutela de la ley. Esta devaluación de la moneda inevitablemente conlleva a un aumento del precio de las necesidades básicas en el mercado. A este “drenaje” de recursos económicos le podemos añadir los salarios obscenos y las primas y “bonus” que estos privilegiados se otorgan a sí mismos por gestionar el sistema, además de los rescates financieros periódicos que obtienen de los gobiernos.

La situación, para cualquiera que se haya molestado en observarla de cerca, es muy clara: el sistema monetario y bancario, basado tal y como está en la usura y la centralización del poder y la riqueza, ha provocado una serie interminable de miserias e injusticias sobre la raza humana y toda la naturaleza del planeta Tierra. Es un sistema que no puede reformarse; sólo puede ser superado.

¿Superar el actual sistema monetario?

Las buenas noticias son que no tenemos por qué ser las víctimas de un sistema que, sin lugar a dudas, nos está fallando. Tenemos en nuestras manos el poder de reclamar el Bien Común del crédito. Lo podemos hacer de manera pacífica y sin necesidad de atacar este régimen tan arraigado y poderoso. Tan sólo requiere que cada uno de nosotros tome el control de nuestro propio crédito y lo entregue a aquellos individuos y negocios merecedores del mismo, a la vez que lo mantenemos lejos de las manos de aquellos que no lo merecen; y que entreguemos nuestro talento, dedicación y energía a aquellas iniciativas que repercutan positivamente sobre la capacidad de adaptación de la comunidad, su sostenibilidad, su auto-suficiencia y, el bien común en general.

Todos hemos sido condicionados en la búsqueda del dinero como medio con el que mantener a nuestras familias y a nosotros mismos para suplir las necesidades materiales de la vida. Pero el dinero se ha convertido en un instrumento del poder, un ardid que permite a unos pocos controlar el desarrollo de los asuntos humanos. Mientras sigamos atrapados en esta persecución constante del dinero, todos seremos meras marionetas al servicio de esos titiriteros–esa pequeña élite que, concediéndoles la mejor de las intenciones, actúan desde una perspectiva miope del exclusivo interés propio, presos del error y la ignorancia.

Quizás vean la luz algún día, pero no nos podemos permitir el lujo de esperar. La respuesta está en aprender a compartir, a cooperar, y a organizar para crear lo que a mí me gusta describir como “la Sociedad Mariposa”. Las monedas y los sistemas de intercambio comunitarios suponen una caja de herramientas esencial a la hora de forjar comunidad–y auto-suficiencia, pero tienen que ser diseñados de tal forma que nos permitan ser menos dependientes del dinero “político” y de la banca. Un medio de intercambio privado debería crearse tomando como base el valor creado e intercambiado entre productores locales, especialmente cuando se trata de aquellos negocios pequeños y medianos que forman la base de cualquier economía. Esto supone que una moneda debe ser gastada al ponerse en circulación, que no vendida a cambio de más dinero. Podemos ser capaces de organizar estructuras nuevas para el dinero, la banca, y las finanzas, libre de intereses y descentralizadas. Estructuras que no estén controladas por la banca ni por los gobiernos centrales, sino por individuos y empresas que se asocian y organizan dentro de redes de comercio no monetizadas.

En resumen: cualquier grupo de personas puede organizarse para adjudicar un sistema de crédito colectivo entre sí mismos y libre de interés. Se trata de la mera extensión de una práctica habitual en muchos negocios: vender en base a una cuenta abierta– “Te mando el género ahora, y ya me pagarás más adelante”, sólo que no estaría organizada sobre una base bilateral, sino dentro de una comunidad de múltiples compradores y vendedores. Este sistema debería llevarse a cabo a una escala lo suficientemente grande e incluyendo una cantidad suficientemente amplia de bienes y servicios. Sistemas como éste pueden evitar las disfunciones inherentes en los sistemas monetarios y bancarios convencionales. Pueden abrir el camino a relaciones más armoniosas y mutuamente benéficas con las que propiciar la construcción de una verdadera democracia económica.

Compensación mutua de crédito – Comerciar sin dinero

Lo que estoy describiendo no es un sueño utópico sino una realidad demostrada y bien establecida. También conocido como “compensación mutua de crédito”, se trata de un proceso empleado por cientos de miles de negocios en todo el mundo, miembros de una multitud de sistemas de trueque comercial que proveen la contabilidad necesaria, junto a otros servicios, para el comercio sin dinero. En este proceso, las cosas que vendes te permiten pagar por las cosas que compras sin tener que utilizar el dinero como mecanismo de cambio. En vez de andar persiguiendo dólares, utilizas lo que tienes para pagar por lo que necesitas.

A diferencia del trueque tradicional, que depende de la coincidencia de requisitos y necesidades entre dos comerciantes que poseen bienes que necesitan mutuamente, la compensación mutua de crédito ofrece un sistema de contabilidad para créditos de comercio, una especie de moneda interna que permite que los comerciantes vendan a ciertos miembros mientras que compran de otros. Se estima que hay más de 400,000 compañías en el mundo que intercambian más de 12.000 millones de dólares en bienes y servicios siguiendo estas directrices y sin utilizar ningún tipo de moneda nacional.

Quizás, el mejor ejemplo a largo plazo de un intercambio de compensación de crédito sea la Cooperativa-círculo económico WIR[1]. Creada como organización de auto-ayuda en Suiza y en medio de la Gran Depresión de 1929, WIR provee un medio para que sus asociados puedan seguir comprando y vendiendo entre ellos, independientemente de que haya una escasez de francos suizos en circulación. Durante los últimos tres cuartos de siglo a través de épocas buenas y malas, WIR (ahora conocida como el Banco WIR) ha continuado prosperando. Sus más de 60,000 miembros a lo largo de Suiza intercambian aproximadamente 2.000 millones de dólares en bienes y servicios todos los años, pagándose entre ellos no con dinero oficial suizo, sino con sus propias unidades de contabilidad, los créditos WIR.

El Crédito del Bien Común: una revolución pacífica para una sociedad más feliz.

Credit CommonsEl desafío para cualquiera de estas redes es, por supuesto, obtener suficiente escala para ser verdaderamente útiles. Cuanto más grande sea la red, más oportunidades se crearán para el intercambio sin dinero. Puede que, al iniciar esta andadura, se requiera cierto grado de ayuda para encontrar esas oportunidades, pero según se vayan conociendo los miembros entre sí, y sepan lo que puede ofrecer cada uno, los beneficios de la participación se harán cada vez más evidentes y atractivos. Al igual que Facebook, Twitter, MySpace y otras redes que son puramente sociales, las redes de comercio sin dinero eventualmente experimentarán un crecimiento exponencial que marcará un antes y un después revolucionario en el empoderamiento político y económico. Será una revolución discreta y pacífica y no provocada por protestas en las calles o peticiones dirigidas a políticos que sirven a sus “amos”, sino trabajando juntos para ostentar un poder que ya es nuestro–aplicar los recursos que tenemos para apoyar la productividad propia y otorgar crédito allá donde se necesite.

A través de la participación en una red de intercambio abierta, transparente y democrática, los miembros disfrutarán de beneficios como:

    • Una fuente de crédito fiable y amistosa, libre de intereses y controlada por la comunidad.
    • Menos necesidad de dólares, euros, libras, yenes o cualquier otro dinero “político” y escaso.
    • Incremento en ventas.
    • Una clientela leal.
    • Proveedores fiables.
    • Una comunidad más próspera y viva.

¿Qué se necesita para que las redes de compensación mutua de crédito se vuelvan virales y crezcan rápidamente, de la misma forma que lo han hecho las redes sociales? Esa es la pregunta clave, y la respuesta sigue siendo difícil. Mientras que el WIR ha sido un éxito incontestable, parece haberse visto intencionadamente limitado y destinado a no propagarse más allá de las fronteras suizas. Y, mientras que el fenómeno del trueque comercial ha sido y sigue siendo significativo, con un crecimiento constante durante los últimos 40 años, sigue teniendo una repercusión mínima al compararse con la totalidad de la actividad económica.

Bajo los sistemas con los que operan hoy en día, las redes de intercambio comercial se limitan a sí mismas y, típicamente, imponen una serie de obligaciones sobre sus miembros. Éstas incluyen cuotas de participación onerosas, membresía exclusiva, escala y rango limitado en cuanto a los bienes y servicios disponibles en cada intercambio, la utilización de software propietario y una estandarización insuficiente de operaciones que limita la habilidad de los miembros de un sistema de intercambio a la hora comerciar con los miembros de otros sistemas similares.

Prácticamente todos los sistemas de intercambio comercial son pequeños, locales, y operados con afán de lucro. La escala pequeña, el control local, y el modelo de empresa independiente son todos características deseables. Pero si hablamos de construir un nuevo sistema de intercambio se necesita algo más. Lo que el mundo necesita ahora mismo es un medio de pago controlado localmente pero con utilidad global. Esto supone otorgar a los miembros del intercambio comercial local la habilidad de comerciar con miembros de otros intercambios fácilmente, de manera barata y sin apenas asumir riesgos.A continuación propongo una serie de medidas necesarias para que el comercio sin dinero basado en la compensación mutua de crédito se vuelva viral:

    1. Los miembros han de poner a disposición de la red, no sólo las mercancías de menos demanda o los servicios de lujo, sino todo su catálogo de bienes y servicios y a sus precios habituales. Esto afianzará el valor de los créditos de comercio interno y les dará una utilidad verdaderamente práctica.
    2. Como cualquier “portador del bien común” los sistemas de intercambio deberían abrir sus puertas a cualquiera que desee participar en los mismos, sin trabas y sin un exceso de requisitos previos.
    3. Las líneas de crédito (es decir, el privilegio de tener un descubierto en la cuenta monetaria) han de definirse según la habilidad y la voluntad de cada miembro de actuar con reciprocidad, una reciprocidad cuantificada, por ejemplo, por su historial de ventas dentro de la red.
    4. Los sistemas de intercambio han de ser operados por y para los miembros y de manera transparente, abierta, y con capacidad de adaptación.
    5. Los miembros han de ejercer sus responsabilidades para proveer la supervisión adecuada de aquellos designados para gestionar las transacciones.
    6. Ha de haber una estandarización mínima en los intercambios comerciales para asegurar que los créditos internos mantengan un valor comparable.

Cuando los sistemas de intercambio hayan optimizado su diseño y operatividad, se convertirán en modelos a seguir para los siguientes sistemas. En ese momento experimentarán una fase de crecimiento rápido, llevándonos eventualmente hasta una red de comercio local similar a Internet que hará que el dinero se vuelva obsoleto y permitirá la emergencia de una sociedad más libre y armoniosa.

Referencias y recursos (en inglés)

Paginas web:

Videos:


[1] WIR, abreviación de “Wirtschaftsring-Genossenschaft”, también significa “Nosotros” en alemán.”

Mondragón, referencia mundial del #PosCapitalismo

SHIFT CHANGE – preview from Mark Dworkin on Vimeo.

En los últimos tiempos, la ciudad vasca de Arrasate/Mondragón está llamando mucho la atención del mundo. En medio de una crisis financiera casi crónica, el modelo empresarial de la Corporación Mondragón ilumina un camino radicalmente diferente. El ejemplo cooperativista de este grupo fundado en 1956 es uno de los protagonistas del documental Shift Change: Putting Democracy to Work. Este documental de Mark Dworking y Melissa Young, que consiguió financiación vía crowd funding en la plataforma Kick Starter, retrata, junto a otras cooperativas estadounidenses, el modelo de la Corporación Mondragón.

Por otro lado, la BBC británica realizó un reportaje recientemente en el que retrataba al grupo Mondragón, con sus más de 250 empresas cooperativas y sus más de 83.000 trabajadores, como un oasis en la España golpeada por la crisis. The Guardian también elaboró un reportaje, titulado Mondragón: el gigante cooperativo de España donde los tiempos son duros pero no se despide a nadie. The Guardian, eso sí, no solo elogia un modelo que ya es referencia mundial. También critica el hecho de que se haya trasladado parte de la producción a países más pobres. Los trabajadores del extranjero no son propietarios de la cooperativa. Y por eso, The Guardian lanza su crítica: “son también capitalistas con sangre fría,que viven del salario de otros”.

La crítica del rotativo inglés, bastante injusta, por cierto, me ha hecho pensar sobre otras cosas. Soy un gran admirador del modelo de la Corporación Mondragón, pero no está mal abrir el debate. Por ejemplo, el durísimo copy right que rige el site de la Corporación Mondragón. ¿Tiene sentido que cooperativa gigantesca, regida por la propiedad colectiva y los procesos horizontales se apoye en el leonino copyright? En la era red, sería más acorde que usaran, por ejemplo, la Peer-to-peer licence, de la que ya he hablado en este blog, que permitiría a otras cooperativas o colectivos republicar su contenido. ¿Qué mejor publicidad que el boca a boca? La Corporación Mondragón, en un paulatino cambio de piel, podría empezar también a apoyar el hardware abierto. Podrían abrir el código de su tecnología y compartirla con el mundo en un proceso de red. Sería su mejor branding. Y para acabar de soñar la mutación P2P de Mondragón, por qué no pensar que un día abandonará su formato empresa o cooperativa para adoptar el de  una filé.

Una filé, según la Indianopedia del grupo cooperativo de Las Indias, es “una comunidad transnacional -o una red de comunidades transnacionales- que se dota de un tejido empresarial y comercial propio, basado en compañías comunitarias y ordenado bajo el principio de democracia económica, para asegurar su autonomía”. Con una red de filés asociadas no sería más necesario subcontratar mano de obra en el tercer mundo para ser competitivos.

¿Por qué no dedicar los 100.000 millones de euros para un #rescateciudadano?

Los Trendind Topics de Twitter en España, esos asuntos más mencionados, componen en estos momentos una tétrica e inquietante ecuación. Siete de los diez hashtags (#rescate #rajoycobarde #Deguindos #Eurogrupo #FROB #100.000 millones y #DeudadelEstado) están relacionados con el rescate de Europa a la banca española. Las combinaciones de etiquetas darían pie a títulos de thrillers, novelas de misterio o distopías ciberpunk.  ‘Los 100.000 millones de #RajoyCobarde’. ‘El Eurogrupo se forra a costa de la Deuda del Estado”.

Buceando un poco en estas etiquetas nos tropezamos con otras etiquetas. Y , más importante, con algunas de las cosas que el Gobierno del PP y #RajoyCobarde no cuentan. La transparencia, que es más una actitud que una ley, sigue siendo una palabra inexistente en la clase dirigente española. Apenas destaco tres asuntos diluidos en esta nube de hashtags:

1) The Guardian realiza un demoledor reportaje sobre la avaricia de la élite banquera de España, la corrupción generalizada de dichas instituciones y el derroche irracional de unos directivos inexpertos (muchos políticos) que gestionan bancos como si fueran bingos. ¿Cómo explicar a un inglés que los directivos de la Caja de Ahorros del Mediterráneo o de Bankia se enfundaron miles de millones en concepto de indemnizaciones, primas o gastos en medio de la crisis?

2) La letra pequeña del rescate del Eurogrupo, la que oculta un cada vez más irresponsable Gobierno español, da bastantes pistas de dónde saldrán los recortes exigidos al pueblo – que no al sistema bancario – español. “El Eurogrupo está convencido de que España va a hacer honor a sus compromisos sobre el excesivo déficit y con las reformas estructurales, con el fin de corregir los desequilibrios macroeconómicos en el marco del semestre europeo. El progreso en estas áreas será vigilado muy de cerca y regularmente revisado ​​en paralelo con la asistencia financiera”. Por si hay dudas: bajar pensiones, despedir a funcionarios, subir el IVA y recortar las prestaciones por desempleo.

3) El Plan de Rescate Ciudadano, que fue puesto en marcha por el movimiento 15M en Barcelona, se coló ayer entre los Trending Topics. El #rescateciudadano llegó de la mano del grito #NoEsUnRescateEsUnSaqueo. Y coloca en el aire una pregunta inocente. ¿Por qué los 100.000 millones de euros de préstamo, que el Estado español va a tener que devolver con intereses, no se destinan a salvar a los ciudadanos? Los cinco puntos del Plan de Rescate Ciudadano van en esa dirección. Y tienen una lógica aplastante: Ni un euro más para rescatar bancos (por una banca ética y ciudadana), educación y sanidad públicas de calidad, no a la precariedad laboral (redistribución de la riqueza), vivienda digna garantizada y transparencia, democracia de red y libertades ciudadanas.

Y tú qúe opinas. ¿A quién hay que rescatar con 100.000 euros, a la banca o a los ciudadanos?

Mi web: bernardogutierrez.es Fundador de la red futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa

 

BitCoin, una moneda sin patria

Imagina que vives en la remota Villa Arriba. Necesitas una pieza de ordenador. Entras en el site de la empresa americana Cablesaurus. Compras sin utilizar euros ni dólares ni ninguna divisa de país. Y en pocos días, llega a tu casa. Además, la transacción se hace sin pagar impuestos ni tasas de bancos. No hace falta que despiertes de ningún sueño. Ni que recuerdes las tentativas fallidas de monedas virtuales – bit gold, RPOW, b-money- del movimiento ciberpunk. Tu compra-venta utópica se puede realizar con Bitcoins (BTCs), una moneda sin patria, de código abierto y descentralizada.

Bitcoin no está respaldada por ningún gobierno. Los bancos centrales la ignoran. La banca la mira con recelo. Pero cada vez son más las personas que la usan como medio de pago. Podríamos definir bitcoin como una ‘moneda’ virtual. O una divisa encriptada peer-to-peer (persona-a-persona) que no necesita de intermediarios para su regulación. Bitcoin también es el nombre software de código abierto que posibilita el uso de la moneda.

¿Y cómo funciona? Su emisión no depende de un organismo centralizado, sino del uso de ‘software’. El sistema fabrica dinero y lo distribuye entre los usuarios gracias a un desafío matemático. Quien lo resuelve, gana 50 BTC´s. El nacimiento de esta moneda under, macarra y sexy está envuelta en misterio. En 2009, un programador llamado Satoshi Nakamoto lanzó un manifiesto de una nueva moneda para conseguir un sistema sin gobiernos ni bancos. Nunca ha aparecido en público. Tras el pelotazo de popularidad inicial desapareció. Paró de responder mails. Bitcoin comenzó a ser na fiebre de ciber-alter-mundistas cuando la organización Wikileaks empezó a ser boicoteada por bancos, tarjetas y hasta PayPal. Wikileaks comenzó a recibir donaciones en Bitcoins. La mítica Electronic Frontier Foundation, también.

El lado oscuro lo cuenta al detalle la revista Wired en La subida y caída de Bitcoin. Su cotización arrancó a 0,30 dólares. En febrero de 2011,  Slashdot la mencionó por haber alcanzado la paridad con el dólar. En junio alcanzó un valor de 30. Pero tras un ataque-robo cibernético, en junio, se pegó un batacazo. Actualmente, su valor cotiza a diario en casas de cambio como la japonesa Mt.gox, que negocia el 80% de las transacciones de Bitcoins. 1 BTC =$5.37 dólares. 1 BTC=4.17 euros. En España, acaba de estrenarse esta casa de cambio. Y la lista de marcas mundiales que aceptan BitCoin crece día a día.

¿Será que Bitcoin es un onírico deseo ciberpunk? ¿Una rabieta infantiloide Capa Bancos? ¿Moneda Paja Mental? La verdad es que viendo la ruleta rusa de los bancos, el desplome de Lehman Brothers o las incertidumbres del euro, la filosofía Bitcoin tiene una lógica aplastante. ¿Dinero sin bancos? Un vinculo para incrédulos: la entrada  M-Pesa de Wikipedia, una moneda africana con más de 14 millones de usuarios. Apenas hace falta un teléfono móvil. Los billetes sobran (casi). El banco también. 

 

¡Es la economía creativa, estúpido!


140 músicos de big bands lanzan un disco financiado integramente por el público. Una multinacional informática invierte en software libre construido colaborativamente. Una marca de coches deja a los usuarios diseñar un modelo. Unos ciudadanos desarrollan un red de acceso inalámbrico a internet wifi teleoperadoras. ¿Cómo se llama la película? Vayamos por partes. Primero, los actores. La peli big band se llama Movimento Elefantes (Brasil); el gigante informática, IBM; Fiat fue quien apostó por el co-coche Fiatmio; el wifi libre se llama Guifi.net, un proyecto nacido en Catalunya.  Y es que la mano invisible del mercado, tras el petardazo de la última crisis, podría llamarse sociedad en red. O inteligencia colectiva. O sociedad P2P (peer-to-peer). O crowd sourcing, ese término que acuñó Jeff Howe, ex editor de Wired: individuos cooperando entre sí. Co-creando. Co-trabajando. Sin intermediarios.

La crisis mola. Todo se desmorona. Todo se rehace. Mientras la economía mundial sigue en su ruleta-montaña rusa, el mundo encuentra soluciones al margen de gobiernos e inversores. Apenas un 2,3% de las start up (los famosos emprendedores) consiguen financiación. Sin embargo, el crowd funding – financiación colectiva – está empezando a funcionar. Kiva permite que cualquier persona financie proyectos a partir de 25 dólares. El site Kickstarter ha recaudado ya 100 millones de dólares de desconocidos para 13.000 proyectos. Lanzanos y Goteo Funding están despegando en España. Y hasta están naciendo sistemas de préstamos P2P – intercambio entre usuarios – sin bancos. ¿Prestar dinero a un desconocido? Podría ser una buena idea.

¿Y qué pintan Fiat o IBM en esta fiesta hippie-horizontal? El hit de Bill Clinton contra Papá George Bush, aquello de “es la economía, estúpido”, en este convulso siglo XXI sería algo así como: “Es la economía creativa, estúpido”. ¿Econoqué? En Estados Unidos, antes del boom de las redes sociales, ya se hablaba de open innovation (gracias a Henry Chesbrough). Algo tan sencillo como incentivar que las empresas cocinen ideas internas con externas. O sea, ejecutivos de IBM confiando en un puñado de hackers. Por otro lado, el mundo entero entró en la co-creación desde que Venkat Ramaswamy inventase el término. El cochecito que Fiat construyó con ayuda de sus usuarios, vaya.

¿Y a qué viene todo esta argumentación? Muy simple: en el Reino Unido la economía creativa representa el 7,8% del PIB. En Brasil, existe una Secretaría de la Economía Creativa. En España, la economía creativa está en auge. Pero no existe oficialmente para el gobierno central. Juan Pastor Bustamante, de la Escuela de Organización Industrial (EOI), la describía recientemente así: “industrias culturales y creativas, pero también ciudades creativas, ecosistemas creativos, clusters creativos, distritos creativos, clase creativa…“. Podemos redondear. Espacios de co-working (trabajo compartido). Ciudades participativas. El banco comunal BancomunEléctricas portuguesas co-creando. Millones de personas escribiendo en Wikipedia.  O la mismísima Philips pidiendo a sus usuarios que les redacten manuales de instrucciones. Sociedad en red, decíamos.

Rubén Martínez, que investiga sobre innovación en cultura y procomún en Yproductions, (gran presentación) lo tiene claro. El mundo está mutando. Estamos pasando de los emprendedores a la creatividad social. De los departamentos de I+D autistas al I+D de la sociedad. De la economía estúpida a la economía creativa, flexible y horizontal.